Capítulo XVII

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-    Aquí es. - Abraham le abrió la puerta de la oficina. Bianca entró y observó con atención la decoración de esta. El espacio era realmente enorme, y al fondo se extendía un ventanal ancho que daba visión a los edificios de San Fernando.

-    No puedo creerlo, es enorme... - le dijo ella, entreabriendo los labios. Observó el techo a ambos lados. Abraham se apresuró a asegurar la puerta de la oficina. Suavemente enredó sus brazos en la cintura de Bianca.

-    ¿Genial, no? - le besó el cuello suavemente. Una leve oleada de lujuria se paseó por ambos. - trabajo aquí hasta que salga algo mejor.

-    ¿Algo mejor que esto? ¿bromeas? - Bianca se volteó para besarle los labios. La lengua de Abraham la sorprendió en medio de ese delicioso beso, para después apretarle más la cintura mientras la besaba desesperado. Solo ella podía conocer ese síntoma en él. - tu jefe tiene que estar loco...

Abraham se separó. La miró mal pero instintivamente cambió de faceta al ver su sonrisa.

-    Soy su ayudante, nena. - le acomodó el cabello hacia atrás, amaba respirar el olor de su piel. - me pagan bien por distribuir estos jodidos camiones a todo el mundo. - le besó la boca. - pero renunciaré.

-    ¿Por qué? - le preguntó ella.

-    Es una sorpresa. - se acercó para susurrarle al oído, ella soltó una risa pequeña. Y otra más y otra...y otra. Pero él no se detenía. Sus labios habían ido a parar, incontrolables, hasta el pecho de Bianca. Rozando con su tibia piel. Esas risas se habían convertido en gemidos de pronto.

-    Mmm... - murmuró ella, cerrando los ojos, hasta recuperar la cordura. - ¿Qué haces? No...

-    ¿Por qué?

-    Te despedirán... - lo miró a los ojos, encontrándose con ese Abraham salvaje que lo quería todo... absolutamente todo de ella.

-    La puerta está cerrada. - le afirmó él, mirándole los labios y concentrándose en ellos. Pero es que todo esto había sido culpa de ella, y solamente de ella. Solo a Bianca se le ocurría vestirse con esa pequeñísima y fantástica falda, una bonita blusa sin mangas y unas botas 'Ugg'. Pareciera que se vistiera para provocarlo. Y lo había hecho. Desde hace minutos que lo tenía empalmado. - me gusta esto... joder, estás preciosa.

Y esas palabras hicieron que ella también perdiera el control. Que las cosas se le fueran de las manos. Bajó sus manos hasta el miembro de Abraham. Duro y erecto. Se lo sobó por encima.

-    Vaya... - susurró, mirándolo y acariciándolo con sus finas manos. - ¿te he hecho esperar?

-    Mucho. - le respondió él. Cerró los ojos involuntariamente. Entonces sería él quien perdería los papeles justo ahora. Se moría por tumbarla y follarla por todo lo que hacía. Se lo merecía.
Bianca era pura tentación. - quiero esto. Bianca... quiero hacértelo aquí y dejarle un bonito recuerdo a quién me remplace... - le dijo. Sus manos abrazaron el culo de ella. - házmelo nena, recompénsame por esas noches que estuve sin ti...

Bianca lo tumbó sobre el escritorio. Abraham se sentó sobre la madera de este apoyando sus brazos a ambos lados. Subió la mirada y observó lo que Bianca empezaría a hacerle.

-    Entonces yo tendré el control ahora... - le susurró ella. Tenía la voz ronca y los ojos húmedos de lo mojada que estaba.

-    Mmm...eso me gusta... - le respondió él. - soy tuyo, nena. - y eso ella lo sabía perfectamente. Aquel hombre era suyo y de absolutamente nadie más. Solo ella podía hacerle el amor de esa forma o hacerlo gritar como casi... siempre. Solo ella, sus manos y lo demás. Desabrochó el pantalón de Abraham sin dificultades y se los bajó, quedándole a mitad del muslo. El bóxer de Abraham reventaría. Todo lo que había dentro de él saldría como una dulce fiera que lo deseaba todo. Sin esperar más también le bajó el bóxer hasta la misma medida de los pantalones. Tenía el pene erecto. Erecto y lista para ella y sus deseables apretones. Bianca se inclinó para besárselo suavemente. Él soltó un quejido. Los labios de Bianca eran fantásticos y mucho más en esa zona. Le dio otro beso que hizo que Abraham se revolviera por dentro.

-    Dime que es lo que quieres...

-    Follarte. - le dijo él. Había perdido la cordura y todo por obra de lo que Bianca causaba en él. - follarte ya mismo. - le volvió a decir, los ojos de Bianca miraron los suyos, perdiéndose... y cuando pudo darse cuenta él había empujado su rostro hasta el suyo para besarle la boca de nuevo. Un beso lleno de palabras. Sus lenguas chocaron. Mezclando sus alientos. - se lo mojada que estás, mi vida... lo puedo sentir...

-    Lo estoy. - le dijo ella. - pero quiero que sigas hablando, dime... dime lo que me harás... - le ordenó ella, sus manos apretaron el miembro de Abraham de una santísima vez, frotándolo de arriba para abajo. Él gimió con fuerza.

-    Haré que se corra hasta la última gota de ti, muñeca. -

Las manos de Bianca no dejaban de moverse. - te correrás tanto... sí, sí... - gimió. - será el mejor orgasmo de todos los tiempos.

Secuestrada. {HOT} (ADAPTADA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora