Joseph Storni hojeó el currículum número quince de la mañana. Lo dejó sobre la mesa con un suspiro exasperado.
Todas las candidatas eran eficientes, sí. Pero todas venían... demasiado hechas.
Y él no quería algo hecho. Quería algo por hacer. Sin manías de oficina. Sin jefes anteriores a quienes imitar. Sin frases aprendidas.
Moldeable. Entrenable.
Como comentaban sus colegas entre copas de whisky: "Las sin experiencia se forman mejor. Y agradecen más."
No solía prestar atención a ese tipo de comentarios. Pero en ese momento, le hacían más sentido que nunca.
El pensamiento se esfumó cuando la puerta de su oficina se abrió de golpe.
Una chica cruzó el umbral. Pequeña, delgada, con una cartera negra, un portafolio y un vaso de café que apenas sostenía con firmeza. Su falda se pegaba a los muslos con la humedad del calor, y sus grandes ojos verdes se movieron como si todo le diera miedo.
—Señor Storni... soy Lexy Antonieta Bouvier. Vengo por la entrevista.
Su voz temblaba.
Joseph alzó la vista, sorprendido. Tardó un segundo en reaccionar. Al final, extendió la mano.
Lexy la aceptó con timidez. Sus dedos eran suaves. Frágiles. Casi ridículos en comparación con los suyos.
—Tome asiento —ordenó con su tono habitual, impasible.
La vio batallar con su falda mientras intentaba no tirar el café ni aplastar el portafolio. Lucía... colapsada.
Y curiosamente, fascinante.
—¿Está bien? —preguntó, sin saber muy bien por qué.
Lexy asintió con una mueca. El café estaba tan caliente que casi se le caía de las manos. Lo dejó sobre la mesa, soltó el bolso en el suelo y se alisó la falda con disimulo, como si tratara de esconder sus medias.
Joseph notó el detalle. Y también el rubor en sus mejillas.
Ella lo miró, tragando saliva.
—Bueno... —empezó—. Hace unos meses dejé la universidad y... creo que necesito avanzar.
Era una respuesta pobre, pero honesta.
Él esperó más. Nada. Solo ese vacío incómodo.
—¿En qué se graduó?
—No me gradué —admitió, forzando una sonrisa mientras buscaba en su bolso—. Estudié Relaciones Públicas. Dos años. Después Educación. Pero... tampoco era lo mío.
Le entregó la documentación.
—¿Pensó en otra carrera?
—Odontología. Y también quise ser visitadora médica... aunque no sé si era por vocación o por los uniformes.
Joseph arqueó una ceja, mirándola con desconcierto.
Lexy sonrió nerviosa.
—Pero por ahora, solo quiero trabajar.
Intentó gesticular para reforzar su entusiasmo, pero en el proceso, su brazo golpeó el vaso.
El café se volcó con un chorro humeante, directo a la mesa. Y parte de la alfombra.
—¡Ay, no! —gimió ella, poniéndose de pie.
Cayó de rodillas de inmediato, sacando servilletas del bolso como si apagara un incendio.
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Siempre mía
RomancePobre Joseph. Nadie le advirtió que contratar a Lexy como su nueva secretaria sería el peor, o el mejor error de su vida. La muchacha, inexperta, pero irresistiblemente caótica, no solo trastorna su oficina con cada torpe movimiento, sino que, sin...
