-Cirene, diecisiete-murmuré lo último, ser menor que ellos me molestaba por alguna razón.

Jungkook sonrió sorprendido cuando dije mi edad, ¿cuántos años pensaba que tendría? ¿Cuántos me sacaría? No parecía muy mayor, pero claramente se veía más desarrollado que San...sin duda estaba en sus veinte.

Asintieron, al parecer, satisfechos por las respuestas dadas. Mi mente se había quedado estancada en su nombre, era la primera vez que escuchaba "Jungkook" y no sabía si me agradaba o no, igualito que él. El ambiente cambió por completo cuando Jungkook quitó la sonrisa y miró hacia la ventana de mi izquierda.

-Os quedaréis aquí hasta que sepamos que hacer con la situación.

Debía ser una broma. Allí...en el castillo...con ellos...

-¿Qué?

¿Cómo que nos quedaríamos allí? ¿No es ilegal retenernos contra nuestra voluntad? Porque claramente no queríamos ir a la cárcel y mucho menos estar en esa sala.

-Lo que escuchaste, pelirroja.

Se alejó del sofá para pasearse de nuevo por la habitación. ¿Me acaba de tratar de forma informal? Y lo que más me había molestado, me llamó pelirroja en un tono bastante cuestionable. No fue un apodo sin más, notaba cierta intención que me incomodó.

—Jungkook, deberías explicarlo con detalle y delicadeza—sugirió San con el ceño fruncido, mejor dicho, parecía estar regañando al mayor—Deben comprenderlo.

Por lo que había visto, Jungkook era arrogante mientras que San era más humilde y cuidaba del menor, un diablillo. Eran contrarios, y con solo ver la mirada asesina del mayor supe que se llevaban peor de lo que esperaba.

-Métete tus comentarios por el culo, San-contestó tangente antes de situarse frente a la ventana mirando a través de ella.

Vale, eso no era muy refinado ni algo típico de un príncipe...¿O soy yo? Tenía unos cambios de personalidad bruscos, se parecía de cierta forma a mi hermano cuando le decías que estaba más guapo ese día; primero se alegra de ser guapo y luego se enfada porque no estaba guapo siempre

Jungkook se apoyó en la pared al lado de la ventana, la luz de fuera le iluminaba la mitad del rostro.

—Mi madre está convencida de que el verdadero Kerel es vuestro padre. No digo que no lo sea, todo a punta a que es verdad.

Si había sido tan fácil que aceptaran a mi padre, el rey no había ocultado muy bien aquel asunto.

—No podemos quitar a mi padre y poner al vuestro como Rey; los ciudadanos no lo entenderían, sería difícil de explicar y-

-Crearía desconfianza hacia la corona-terminé de decir.

Era razonable y sabía a la perfección que ese tema era delicado, por eso nos habíamos mantenido en las sombras. No terminaba de entender por qué se habían tomado tan a pecho la situación, quiero decir, lo dije para sembrar el caos; si hubiéramos reclamado algo tendría sentido, pero no fue el caso. Era sencillo vivir despreocupados en el bosque, mi padre creía que no había manera de reclamar nada...pero al parecer sí.

-Como sucesores del verdadero Rey deberías estar bajo protección y por ello estaréis aquí. Están considerando el meter a vuestro padre como consejero de palacio o algo semejante.—nos señaló a ambos— Sois de la realeza a partir de ahora.

En algún momento de aquella charla había decidido que era buen momento para asegurarme de que estaban todas mis flechas en el carcaj; no podía fiarme de nadie de allí. Los Jeon para mí eran unos farsantes, aunque los príncipes no parecían tener ni la menor idea de que su padre no era quién decía ser y eso me enervaba la piel. No solo había engañado al Reino sino que también a su familia; denigrante.

-¿Puedo preguntar por qué tenéis un arco con flechas?-preguntó San señalando los mencionados.

Me pareció una pregunta poco coherente.

-¿Cómo crees que se consigue la cena?-pregunté burlona.

A mí no me traían la cena en una bandeja llena de comida bien cortada y sin pellejo alguno. Me tocaba buscarla, y gracias a la madre naturaleza mi padre se encargaba de despellejar las cosas.

-¿Cazáis la comida?-preguntó desconcertado el príncipe mediano.

Asentí con obviedad, me parecía normal y natural cazar para comer. Aunque me saltaba las horas en las que mi padre limpiaba la comida, por lo que sólo me dedicaba a cazar...era desagradable para mi vista ver la piel ser separada de la carne.

-¿En qué época vivís?-preguntó Jungkook riendo.

No me pareció graciosa su pregunta y creo que se percató de ello. Qué se creía, ¿Que la carne de su plato apareció magicamente en su cocina? Alguien tuvo que cazarla, claramente no nosotros.

Se aclaró la garganta de nuevo y me señaló con su dedo índice, me señalé a mí con confusión aún con el ceño fruncido por su chiste anterior.

-Me encargaré de ti-dijo sonriente—Sin remodimientos, ¿Verdad?

Miré a mi hermano desubicada por la situación. En sí era un día complicado.

-¿Encargarte?-repetí tratando de que especificara más.

-Viviréis aquí, no tenéis ni la menor idea de como funciona palacio y os perderéis. Me encargaré de ti-dijo acercándose con las manos en la espalda.

Me estaba tratando informal y no sabía cómo responder ante ello.

-¿Mi hermano?

-Conmigo-dijo San en un tono de molestia.

Jungkook y San se miraron, una mirada asesina. Sentí la tensión de la habitación engullirme. De pronto, el ambiente cesó tras su: "sígueme". ¡No me estaba dando tiempo ni para procesarlo!

El Secreto mal Guardado De La Corona- JK  Tahanan ng mga kuwento. Tumuklas ngayon