¿Entrenamiento para papá?

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Jeanne había estado los últimos cinco minutos con su teléfono celular pegado al oído, cuando volteó hacia Matt y a la pequeña Mía, su rostro lucía preocupado, mordía su labio inferior como si intentase contener el temblor de este. Su novio la vio asentir antes de que cortara la llamada y le diera la espalda.

—Mía pasará la noche aquí —dijo con la voz entrecortada.

Matt entendió que estaba llorando y se levantó del sillón para ir a abrazar por la espalda a su novia.

—¿Qué pasó? —preguntó aunque estaba seguro de saber lo que había pasado.

Jeanne se estremeció y tardó unos segundos en contestar, su rostro estaba inclinado para que él no la viera, limpió sus lágrimas y se giró hacia su novio para poder hundir su rostro en su pecho.

—La mamá de Mónica falleció —dijo en un hilo de voz y se dejó mimar por las caricias de consuelo que le ofrecía Matt. Si ella se sentía triste no podía imaginar cómo debía estar pasándola su amiga y se sentía aun más triste al pensar en que su sobrina no conocería a ninguno de sus abuelos por su parte materna.

Cuando se calmó un poco y limpió todas sus lágrimas se acercó al portabebés en donde descansaba Mía plácidamente y le acarició el pequeño rostro.

—Eres una hermosura —le susurró.

Matt la observó y se inclinó junto a ella para observar a la bebé.

—Necesito ir por leche a la casa de mi hermano —anunció Jeanne mientras se ponía la bufanda amarilla—. Mía debe tomar una leche especial que sólo venden en farmacias y a un alto precio —tomó a la pequeña en sus brazos y le depositó un tierno beso en su frente.

—Espera, espera —dijo el muchacho apartando su vista del televisor cuando vio que su novia dejaba a Mía en su regazo, inmediatamente la sostuvo con ambos brazos de una manera frágil, como si temiese que se fuese a romper—. ¿Estás diciendo que yo debo hacerme cargo de ella en lo que vuelves?

La castaña asintió.

—No. No. Te amo, pero no puedes dejarme con una niña... bebé —dijo horrorizado ante lo cual Jeanne rodó los ojos—. Ni siquiera sé cómo debo sostenerla sin lastimarla.

—Así como lo estás haciendo es perfecto —dijo la muchacha levantando el pulgar. Se colgó el bolso sobre un hombro y caminó hasta la puerta.

—¿En serio piensas dejármela? —preguntó el modelo.

—Tardaré como máximo una hora, amor. No creo que no puedas cuidarla. La llevaría conmigo pero está haciendo un terrible frío afuera y no estoy dispuesta a exponerla a semejante clima.

—Pero... per...

—Considéralo como un entrenamiento para cuando seas padre —le guiñó un ojo y desapareció por la puerta principal.

Matt se quedó con la boca abierta y la pequeña Mía en brazos.

Esperó pacientemente cada minuto durante de los pasados 7 minutos, estaba como una estatua no se había movido ni un centímetro desde que Jeanne se había marchado, la bebé ya se había quedado dormida de nuevo y temía despertarla y que llorara. Sin embargo quería ir al baño.

Después de debatirse un par de minutos, la recostó en el portabebés con la mayor delicadeza posible para evitar despertarla y caminó lentamente hacia atrás sin despegar la vista de la pequeña.

—No te despiertes —susurró y su ida al baño fue la más rápida que jamás había hecho.

Cuando regresó Mía aun seguía dormida y suspiró lleno de alivio, jamás en su vida había tenido que cuidar a un bebé, no había tenido nunca hermanos y sus tíos no dejaban que se acercara a sus primos cuando eran bebés. ¿Cómo Jeanne podía ser tan irresponsable dejándolo solo con una bebé?

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