Destino || Terminada

By MsMistery19

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Ella es una arquitecta que tiene relaciones ocasionales. ¿Conseguirá el amor luego de toparse con una castaña... More

El comienzo
Golpe y dueña.
Pretendiente y bombón
Pasado
¿Acercamiento?
Nueva abogada
Discusión y beso
Intentarlo
Desayuno
Sorpresa
Plática y audio
¿Donde está?
Vine por ti
¿Puedo ser tú novia?
Sí, sí es contigo
Llamada
Limón
Inauguración y escritorio
¿Boda?
¡3 años!
La carta
No llegué
Enfrentar
Reencuentro
Baile
Reconciliación
Él fue
Reviviendo el pasado
Sin ti no puedo
Planes
Enfrentamientos
Todo mejoró
Despedida de soltera y boda
Final
Epílogo

¿Lo amas?

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By MsMistery19

Poché.

Tenía a Calle frente a mi de nuevo, la mañana siguiente que desperté tuve que salir de viaje, solucionando unas cuentas pendientes a lo que se alargó el trámite.

A lo que no pude ver a la castaña que come en silencio en este momento, pero sé que su mente no es así, desde que empezó la cena un silencio incómodo llegó a la mesa.

Dispuesta a acabar con ese silencio decido dejar mi plato y hablar.

— Estoy satisfecha. — comenté mientras llevo mis manos a mi costado.

— Yo igual. — respondió Calle.

El silencio llegó de nuevo, un suspiro pesado sale de mis labios, su voz hace que le ponga atención.

— Gracias por decirle a Alejo que me mostrará la cabaña, no he pasado tan aburrida gracias a eso. — mencionó jugando con sus manos.

Sabía que eso le ayudaría a pasar su tiempo aquí, por lo cuál le dije a Alejo que le diera compañía.

— Sabes que haría cualquier cosa por ti. —susurré relamiendo mis labios.

Ella elevó su vista por fin, vi sus ojos avellanas y por un momento recordé la mirada con la que me veía hace tres años.

— ¿Qué te pasó en las manos?— cuestionó viéndome los nudillos, ya sólo lo era la costra de la herida.

— Nada, algo sin importancia. — contesté con simpleza, ella asintió no muy convencida.

—¿Dónde estuviste este tiempo?— indagó.

— Estaba solucionando unos problemas. — respondí cortante.

No quería que supiera eso aún, ella solo asintió. Todo esto es tan frustrante, nunca pensé llegar a está situación con Calle.

— ¿Por qué lo hiciste?— preguntó en un murmullo.

No entendí de que podía estar hablando.

— ¿De qué hablas?

Ella elevó su vista otra vez para apartarla rápidamente.

— Me raptaste el día de mi boda de eso hablo. — mencionó viéndome con expresión neutra.

Una punzada llegó a mi pecho. ¿Era eso lo que estaba reprochandome.

— Ya te lo dije. — corté tajante.

Daniela asintió llegando el silencio de nuevo.

Sabía que era el momento de sacarme la duda que tenía en la cabeza hace mucho, pero tenía miedo de la respuesta, podía pasarme cualquier cosa, pero sí yo comprobaba que Calle amaba a Sebastián no sabía porque ella debía estar aquí.

No tenía sentido retenerla a mi lado.

—¿Lo amas?— solté sin anestesia, el miedo embargando mi ser.

Es increíble el cómo nos podemos aferrarnos a una simple respuesta, que en una simple palabra está todas nuestras esperanzas, el cambio a todo.

Solo esperaba un simple no y haría todo lo posible por recuperar a la mujer que amo.

Daniela elevó su vista para abrir y cerrar la boca, apretó los labios.

— Sí, lo amo.

Sentí un balde de agua fría caer sobre mí con un duro golpe de realidad, ella ya no me ama, ella no debía seguir a mi lado y esto me lo confirma.

¿De qué sirve que le expliqué todo?

Ya la perdí, sólo llegue a arruinar su futura felicidad que está al lado de su prometido y no del mío.

— Ya veo...— murmuré controlando mis impulsos. — Siento todo lo sucedido.

Había llegado tarde.

— Poché, yo... 

— Tú no debes decir nada. — la interrumpí con una sonrisa forzada. — La culpa es mía, arruine tú futuro y felicidad.

Calle me vio desconcertada.

— Lamento interrumpir tu vida, y-yo no debí.

Me puse de pie rápidamente, mi pecho ardiendo y un nudo insoportable en mi garganta.

— ¿Ya te vas?— la oí cuestionar a mis espaldas.

Lo mejor era alejarme de ella, no quería herirla con la verdad, ella no me amaba, ¿qué caso tenía contarle lo qué hice para estar a su lado? No aceptaría nada de mi porque no me quiere más en su vida.

Detuve mis pasos en el umbral de la puerta, giré sobre mis talones para verla.

— Le diré Alejo que te lleve mañana a casa y vuelvas a tú vida. — sonreí con tristeza viéndola. — Cómo dije, lo siento, no debí meterme dónde ya no me llaman.

Aparté la mirada tomando el pomo de la puerta, iba a salir pero su voz me detuvo.

— ¿Eso es todo lo qué dirás?— preguntó a mis espaldas, suspiré triste.

«Iba decirte que te amo y estuve en coma durante 2 años, por eso no volví a ti» lo pensé, pero no lo dije.

Tragué el nudo de mi garganta.

— Eso ya no importa. — dije con simpleza. — Adiós, Calle.

Salí de ahí con mi corazón destrozado, con toda esperanza muerta, una parte de mi quedo en esa habitación con el amor de mi vida.

Las lágrimas caían cómo cascadas de mis ojos, fui directo a mi habitación llegue y cerré azotando la puerta. Grite, lloré, golpeé, derrumbe todo a mi camino y aún así no sentía paz del dolor que sentía en el pecho.

Me senté en el suelo observando todas mis pertenencias en el suelo destruidas, mis lágrimas sin cesar un poco.

¿Por qué?

¿Por qué la vida es tan injusta conmigo?

Estaba destruida, no me sentía bien, perdí a la persona más importante para mi.

Alejo llego a mi habitación con una sonrisa, él tenía la esperanza de que está noche todo se solucionaría pero no fue así.

Al ver todo el desastre que hice su sonrisa se borró.

— ¿Pero qué-

— La perdí, Alejo. — interrumpí abrazándome a mi misma. — La perdí para siempre.

Alejo solo me estrechó contra su pecho, acariciando mi cabello dándome apoyó.

Él sabía todo lo que pasó y tuve que pasar para volver aquí, él me apoyo durante todo este tiempo, solo su cara vi durante toda mi agonía.

Alejo se separó de mi una vez mis sollozos pararon.

— ¿Estás bien, mi Pochas?— preguntó con cautela, negué. — ¿Qué pasó con Calle?

Me levanté del suelo sintiendo cómo mis ojos se cristalizaron de nuevo.

— Ella lo ama, eso pasó, Alejo. — contesté dolida.

— ¿Le dijiste la verdad? ¿Lo qué pasó?

— ¿Qué caso tiene?

— Claro que lo tiene, Poché. — reprochó. — La verdad de su prometido puede cambiar todo.

— ¿Y luego qué?— ataqué viéndolo. — ¿Arruinar su felicidad otra vez? Ella me dijo que lo ama.

— Debiste-

— No puedo hacerlo, su felicidad está a lado de ese tipo, y yo quiero que sea feliz.

— ¿Con mentiras de por medio?— reclamó apretando los labios.

— Ya ha vivido así estos años. — murmuré.

Veo cómo quiere protestar pero lo interrumpo alzando mi mano, ya sé lo que me dirá y no quiero oírlo.

— Alejo, basta. — pedí cansada. — No quiero hablar de ello.

Él me vio soltando un suspiro.

— ¿Me podrías dejar sola? Por favor. — pedí en un susurro.

Él sólo suspiro se levantó dirigiéndose a la puerta, lo detuve antes de que saliera.

— Alejo.

—¿Sí?

— Mañana Calle se va de aquí, así que te encargo que llegue con bien a su casa. — dije con seguridad.

La cara de disgusto de Alejo no pasó desapercibida, pero prefirió callar.

— Es todo, buenas noches. — culminé.

No me gusta tratarlo así, pero no quiero ánimos ya de nada sirven las explicaciones.

Decidida a despedirme de Daniela, voy al escritorio que tengo en mi habitación para unas hojas y una pluma, decidida a sacar todo lo que siento plasmé en letras lo que no puedo con palabras.

Dejar ir el amor de mi vida.   

Calle.

El ver cómo Poché salió del comedor sin siquiera verme a los ojos, se sintió cómo un puñal clavándose en mi pecho.

Dios, ¿por qué le dije qué amo a Sebastián cuando ni yo lo sé?

No sé si lo amo, no sé si es agradecimiento lo que me une a él, no sé si es amor, pero el recuerdo de María José me atormentaba, no sé si es porque me hace reír o está siempre para mi sin dejarme sola.

¿Eso era amor? ¿O miedo a la soledad?

No lo sé, estoy demasiado confundida.¿Por qué Poché no me explicó nada?

Y lo más importante... ¿Por qué dijo que nada importaba? Cuándo obviamente sí importa.

— Calle, vamos.

Mi acompañante estos días apareció, lo seguí hasta que Alejo me dejó en la habitación, iba a hablar pero él ni siquiera se atrevió a verme antes de cerrar la puerta.

En la soledad de la habitación las palabras de Poché retumban en mi cabeza. ¿Será verdad que me dejara libre?

Tomé algo cómodo para dormir, me meto a la cama para intentar dormir, pero simplemente no puedo. Cada cosa que Poché dijo vienen a mi memoria.

Quiero hablar con ella necesito saber qué fue lo que pasó.

Las horas pasaron y me di cuenta que no dormí absolutamente nada cuando por el ventanal observo el sol asomándose en el horizonte.

El sol sale con colores naranjas con un toque lavanda y rojizo, aquélla imagen con los árboles se veía hermosa, desearía que todo fuera así de tranquilo en mi vida.

El sol sale en todo su resplandor quedando embobada con aquélla imagen, una cerradura abriéndose me saca de mi trance.

Alejo entra, pero sin la charola de comida está vez, fruncí el ceño.

— Buenos días, Calle. — saludó serio. — Vengo para llevarte a casa.

— ¿Qué?— arrojé sin creerlo. — ¿Dónde está Poché?

Necesito hablar con ella, necesito saber todo.

— No lo sé. — se encogió de hombros. — Sólo me dijo que te llevará de nuevo a casa, es todo.

Él salió afuera para esperarme, me metí al baño a darme una ducha. Me vestí y salí dejando la habitación en la cuál viví estos días atrás.

Alejo me lleva por el mismo camino de siempre en silencio, llevo conmigo únicamente el libro que leí y pude darle fin entre mis manos.

No sé porqué necesita cómo un tipo de recuerdo de este lugar, una nostalgia opresiona mi pecho, dándome un mal presentimiento.

Siento cómo sí esto fuera una despedida, pero me despido de algo y no sé que es.

Al pasar por el comedor veo una figura ya conocida para mi, la frente recargada en la mesa de aquél comedor y es ella.

— María José.

Ella alzó su cabeza desconcertada, vi su rostro perfecto cubierto por una sombras negras debajo de sus ojos, sus nudillos más golpeados que ayer y su cara no daba buen aspecto.

— Necesito hablar contigo. — pedí en murmullo tragando grueso.

Poché me vio y vi una lucha interna en su mirada.

— Calle, ya no importa, anda, vete a casa. — contestó con voz neutra.

Estaba decidida que no iba a salir de aquí sin hablar.

— No lo haré hasta que hablemos.— mencioné seria, ella soltó un suspiro pesado.

Se levantó y saco un sobre blanco de su pantalón, se acercó a mi viendo el sobre, sus ojos aceitunados se posaron en mi.

— Ahí está todo. — me entregó el sobre, lo tomé dudosa entre mis manos. — No lo abras hasta que salgas de aquí o cuándo quieras.

Me dio una sonrisa forzada.

—Bien. — dijo en un suspiro.— Ahora vete, Calle.

Caminó hasta la puerta sin detenerse a verme, tragué grueso viendo el sobre en mi mano.

—¿Por qué siento que esto es una despedida?— cuestioné desesperada.

Poché se volteó y me vio con una mirada llena de tristeza y melancolía.

— Porque es eso, Calle. — afirmó apretando la mandíbula. — Un adiós.

Todo mi sistema nervioso cayó al oír sus palabras.

¿No la volvería a ver?

— Calle. — llamó mi atención aún sin verme.

—¿Sí?— susurre con un nudo en la garganta.

—¿Puedo darte un último abrazo?— cuestionó con timidez,

Parpadeé varias veces al sentir mis ojos aguados, tragué grueso.

— Sí puedes. — contesté con voz entrecortada.

¿No la volvería a ver? Esa pregunta rondaba en mi cabeza.

Pude ver cómo caminó hacia mi quedando frente a frente, con timidez tomó mi cintura haciendo que mi cuerpo reaccione ante su tacto.

Metió su cabeza en mi cuello, haciéndome enredar mis brazos en su cuello aspirando el aroma de su cabello y ella el de mi cuello.

Extrañé tanto está sensación que no me había dado cuenta aún.

Poché me suelta haciéndome extrañar el momento.

— Adiós, Calle.

Fue lo último que dijo antes de verla salir por la puerta a toda velocidad, me quedé estática en mi lugar, una lágrima involuntaria rodó por mi mejilla.

Alejo llega haciéndome salir de mi trance.

— Ya todo está listo, vámonos.

Salí de aquella cabaña con Alejo el cual  me dirige por un sendero rocoso por el bosque llegando a una camioneta negra, él me monta a la parte de atrás tapandome los ojos con una venda.

Pude escuchar cómo cerró la puerta de mi lado, segundos escucho el rugido del motor para arrancar el coche.

No se cuanto tiempo pasó, pero sólo escuchaba cómo el auto iba en marcha por el camino, Alejo no hizo plática en todo el camino, pero lo agradecía porque no pondría atención.

Mi mente está en aquélla cabaña, dónde deje a una peliazul, siento un dolor en el pecho indescriptible.

“Adiós, Calle” se repite una y otra vez en mi mente.

No la volveré a ver. Nunca pensé que esto terminaría así.

La voz de Alejo diciéndome que me quite la venda hace que salga de mi trance, al hacerlo veo la avenida cerca de mi casa.

— Calle, te dejaré en un parque cerca de tú casa. — explicó viéndome por el retrovisor, asentí lentamente.

Alejo siguió manejando dejándome cómo dijo cerca del parque de mi casa, Alejo detiene el coche y deja el motor encendido, se bajó del coche para abrirme la puerta.

— Llegamos. — informó esbozando una sonrisa de boca cerrada, me bajé del coche tocando el asfalto. — Suerte, Calle.

Alejo cerraba la puerta para marcharse, lo detuve tomando su muñeca.

— Alejo, ¿adónde irán?— indagué.

— No puedo decírtelo, Calle. — replicó. — Lo siento, órdenes de María José.

— ¿Me podrías dar tu número o algo?

No quería perder el contacto, si eso pasaba no sabría dónde estaría él ni María José, al menos si tenía algún contacto con Alejo tenía la esperanza de saber dónde estaba Poché.

Él sonrió con ternura.

—No puedo, Calle. — dijo soltando mi agarre. — Cuídate.

Fue lo último que dijo, se montó a la camioneta y se fue, me quedé ahí parada viendolo irse.

Bajé mi mirada y veo la carta de Poché, decido leerla antes de ir a mi casa.





















































Siga deslizando para llorar más fuerte, compadre.

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