Little bit of medicine, littl...

By ilse8a

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Amy Miller, es una doctora interna en el Hospital San Martín de Londres que suele ser muy amable con sus paci... More

Little bit of medicine, little bit of love.
Capítulo 1
Capítulo 2
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6 { Parte I }
Capítulo 6 { parte II }
Capítulo 7 { Parte I }
Capítulo 7 { Parte II }
Capítulo 8
Capítulo 9
Capítulo 10
Capítulo 11
Capítulo 12
Capítulo 13 { Parte I }
Capítulo 13 { Parte II }
Capítulo 14 { Parte I }
Capítulo 14 { Parte II }
Capítulo 15
Capítulo 16 { Parte I }
Capítulo 16 { Parte II }
Capítulo 17
Capítulo 18
Capítulo 19 { Parte I }
Capítulo 19 { Parte II }
Capítulo 20 { Parte I }
Capítulo 20 { Parte II }
Capítulo 21
Capítulo 22 { Parte I }
Capítulo 22 { Parte II }
Capítulo 23
Capítulo 24
Capítulo 25
MARATÓN
Capítulo 26
Capítulo 27 { Maratón 1 }
Capítulo 28 { Maratón 2 }
Capítulo 29 { Maratón 3 }
Capítulo 30 { Maratón 4 }
Capítulo 31
Capítulo 32
Capítulo 33
Capítulo 34
Capítulo 35
Capítulo 36
Capítulo 37
Capítulo 38
Capítulo 39
Capítulo 40
Capítulo 41.
Capítulo 42
Capítulo 43
Capítulo 44
Capítulo 45
Capítulo 46
Capítulo 47
Capítulo 48
Capítulo 49
Capítulo 50
Capítulo 51
Capítulo 52
Capítulo 53
Capítulo 54
Capítulo 55
Capítulo 56
Capítulo 57
Capítulo 58
Ask Ilse
Capítulo 59
Capítulo 60
Capítulo 61
Capítulo 62
Capítulo 63
Capítulo 64
Capítulo 65
Capítulo 66
Capítulo 67
Capítulo 68
Capítulo 69
Capítulo 70
Capítulo 71
Capítulo 72
Extra: Accidente
Extra: Boda
Capítulo 73
Epílogo.
Agradecimientos.
Playlist
Little bit of Everyone
LBOM, LBOL EN FÍSICO!!
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MIS HISTORIAS
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Capítulo 74

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By ilse8a

Estaba metiendo las maletas en la cajuela del coche cuando un golpecito en mi trasero me sobresalto. Me giré de inmediato y Alex me miraba con una sonrisa burlona. Sentí que mis mejillas se enrojecían. Alex me había dado una nalgada.

—¿Qué fue eso?

La sonrisa que me estaba dando fue desapareciendo poco a poco.

—¿No te gustó?

—Mmm... estuvo fuera del lugar — me mordí el labio.

—Lo siento, yo... sólo quería... como vamos a hacer esto... olvídalo.

Ahora quien estaba tomando un color rojizo en sus mejillas era él. En ese instante comencé a reír, él me imitó pero agachó la mirada apenado. Hacía mucho que entre Alex y yo no había intimidad y que hiciera eso tan atrevido me había tomado por sorpresa, lo mejor sería tomarlo con calma.

Habíamos acordado tomarnos unos días lejos de todos, unas pequeñas vacaciones para él y para mí. Sin niños, sin trabajo, sin pendientes, sólo nosotros como en los viejos tiempos. Necesitábamos esto, nuestra vida en pareja estaba muy olvidada y teníamos que comenzar a recuperarla antes de hacernos viejos y amargados. Estaba emocionada por el viaje, por tener unos momentos a solas con Alex, una oportunidad para arreglar todo aquello que estaba mal. Fue un error ignorar nuestros problemas, un grave error olvidarnos que también había que dedicarnos a nuestro amor y cuidarlo. Pero eso ya estaba en el pasado, lo importante era que estábamos dispuestos a seguir adelante y recuperarnos.

—Aún no entiendo por qué tienen que irse — replicó Camilla, cruzándose de brazos y luciendo más tierna que enojada.

Los niños estaban sentados en el pórtico de la casa y observaban con caras tristes el coche, listo para tomar camino.

—Yo quiero ir — dijo Valerie, copiando el enojo de su hermana.

Me rompía el corazón escucharlos hablar así, por poco y nos convencen pero ellos debían de entender que sus padres necesitaban tiempo a solas.

—Ya se los explicamos, su mamá y yo tenemos que tener un tiempo a solas. Vamos a hablar, hacer planes y cuidar nuestro amor.

Tyler me dedicó una mirada y yo le guiñé un ojo, él sabía a lo que nos enfrentábamos y por eso no protestaba.

—Camilla, los adultos son así, necesitan tiempo a solas apartados de los niños para hacer cosas de adultos — le explicó Tyler a su hermana — Seguro es muy aburrido.

—¿No pueden hacer cosas de adultos aquí? — preguntó con inocencia.

—Se van a dar besitos — respingó Valerie señalándonos.

—¿Es cierto? — Camilla nos miró boquiabierta.

Alex y yo nos dedicamos una mirada pero nos limitamos a encogernos de hombros con una leve sonrisa.

—Oh, entonces es un viaje romántico — Camilla juntó sus manitas y sonrió elocuentemente.

Nos reímos.

—Quiero que sepan que los amamos, que son lo mejor que nos ha pasado en la vida, y que nos cuesta dejarlos. No los queremos menos, en realidad esto es por el bien de todos Espero que entiendan que su padre y yo... — miré a Alex a mi lado —tenemos que hacer esto. Algún día lo entenderán.

Alex me dio una media sonrisa y entrelazó su mano con la mía.

—¿Podrás con ellos mamá? — mi madre estaba recargada en el umbral de la puerta viéndonos distraídamente y haciendo como que no escuchaba la conversación.

—Lo tendré todo bajo control — me dio una sonrisa — Disfruten su pequeña segunda luna de miel.

—¿Luna de miel? —preguntó Valerie.

—La abuela te lo explicará — fueron mis palabras, a lo que mamá me miró desconcertada — Tu lo mencionaste — me encogí de hombros.

—Sus tíos Mia y Dan pasaran por ustedes para llevarlos a la escuela, y su tío Nathan los recogerá ¿de acuerdo?. No hay permisos de visitar otras casas hasta que volvamos y por favor, no se peleen. Háganle caso a la abuela.

Los tres niños asintieron a mis indicaciones. Era la primera vez que nos alejábamos de ellos y me rompió el corazón cuando fueron a abrazarme y no querían soltarme. Alex también los abrazó con fuerza y besó sus rostros con cariño, estaba segura de que también los extrañaría. Eran parte de nuestras vidas, dejarlos unos días sería duro.

—Vamos adentro, el tío Rich está viendo una película y se la están perdiendo — dijo mi madre para animarlos a dejarnos ir. Ellos se entusiasmaron al instante.

Alex y yo subimos al coche enseguida, no podíamos demorarnos más. Nos despedimos con la mano de los chicos para después ponernos en marcha e iniciar nuestra pequeña aventura.

**

Íbamos en el coche tomando la carretera que salía de la ciudad, Alex no me había dicho a dónde nos dirigíamos así que no me molestaba en observar un mapa. El único sonido dentro del coche era la música del estéreo y nosotros íbamos envueltos en un silencio un tanto incómodo.

—No puedo creer que no tengamos de que hablar — musitó Alex.

—Hace bastante que no tenemos una conversación... profunda — suspiré con pesar.

Silencio de nuevo.

—Si no hablamos voy a terminar por desesperarme.

Me mordí el labio, pensando en alguna solución a nuestro problema.

—Oh, ya sé, ya sé — exclamé cuando una idea se instaló en mi mente — ¿Recuerdas el juego de las veinte preguntas?

Alex se rio.

—¿Hablas en serio?

—Bueno, algo es algo.

—De acuerdo, hay que intentarlo. Primero las damas — me dio una rápida mirada para luego regresar la vista a la carretera.

—Sí— me quedé en silencio un momento, pensando en algo que podía preguntarle —¿Qué te gustaría que te regalaran en navidad?

—Mmm... un perfume, eso estaría bien. Los perfumes se me están acabando.

—Es bueno saberlo, ya tengo una pista — sonreí — Tu turno.

—Bien, ¿qué te gustaría que te regalaran en navidad?

—Alex — me reí — No se vale hacer las mismas preguntas, eso será aburrido.

—Bueno, déjame pensar — se quedó en silencio mientras las canciones de The Fray sonaban en la radio, aun le gustaba esa banda — ¿Aún me amas?

Lo miré con una leve sonrisa.

—A pesar de las circunstancias, sí. Aun te amo. ¿Tú me amas?

—Dijimos que no podíamos repetir preguntas — protestó.

—Pero quiero saberlo —me reí.

—Vas a romper tus propias reglas — me acusó riéndose entre dientes.

—Dímelo.

Sonrió pero no me miró, su vista estaba en la carretera, suspiró y se relamió los labios.

—Sí, te amo.

Me sentí aliviada de escuchar eso, me sentí esperanzada. No todo en nosotros estaba perdido porque había amor, tal vez nunca se había ido sólo estaba escondido entre capas y capas de cosas cotidianas que tomaban todo nuestro tiempo. Poco a poco las capas las estábamos retirando.

—Me da gusto escuchar eso.

—¿Todavía recuerdas mi comida favorita? — siguió Alex, continuando con el juego.

—Eso es muy obvio — musité, pero al intentar recordar me quedé tensa — Espera, espera, lo tengo en la punta de la lengua.

Soltó una carcajada que lo hizo llevar su cabeza hacia atrás.

De esa forma seguimos preguntándonos cosas, volviendo a conocernos y descubriendo cosas que aún no sabíamos del otro. A pesar de los años uno nunca termina de conocer a una persona, nos conocíamos pero en ciertos aspectos no del todo, había pasado mucho desde nuestras primeras conversaciones y había cosas que nunca nos habíamos preguntado. Me sorprendió que Alex me preguntara si todavía seguía teniendo pesadillas con respecto al tiroteo en el hospital, y yo le pregunté sobre sus días cuando estuve en coma. Le conté lo que yo había sentido estando así. Recordamos viejos tiempos, nos reímos a carcajadas y en algunas ocasiones nos entró la nostalgia.

—Creo ver que Valerie casi no lo logra se puede poner en la lista de mis días más horribles. Afortunadamente no son muchos — me contó.

—Te aseguro que tienes una lista sobre los mejores días.

—Claro. Esa si es una lista larga, pueden ser más de diez.

—Yo también — asentí distraídamente, recordando esos momentos — Hemos tenido una buena vida.

—Exacto, no nos podemos quejar de nada.

La mañana en la carretera se nos fue así, en conversaciones, risas y anécdotas del pasado. Nos detuvimos en una gasolinera para comprar comida y alguna que otra provisión, después continuamos con nuestro camino y nos tocó poner canciones y cantarlas a todo pulmón. Estábamos pasando un buen rato, yendo con calma y haciendo que el viaje valiera la pena. Pero tuvimos un inconveniente inesperado. El coche se detuvo por completo, al principio me asusté por no saber que sucedía pero cuando Alex salió para ver de que se trataba dijo que parecía ser un problema con una de las llantas. El problema se hubiera podido arreglar si tuviéramos el repuesto pero por alguna extraña razón no estaba. Estábamos en el medio de la nada y la última gasolinera que pasábamos estaba a kilómetros de ahí. Todo estaba saliendo demasiado bien como para ser verdad.

—¿Qué no dijiste que revisaste el coche antes de hacer este viaje? — pregunté mirándome las cutículas, comenzando a molestarme por estar en medio de la nada.

—Fue un revisada rápida — soltó un suspiro — No te molestes y mejor llama a algún número de emergencias, podrán mandarnos a alguien en un par de horas.

—Lo haría pero no tengo señal, quise encargarme de eso en cuanto nos detuvimos.

Alex bufó.

—Bien Alex — se dijo a él mismo, algo que me hizo reír — ¿Qué no estabas molesta?

—Pero tu comentario me dio risa. Bien Alex — le aplaudí siendo sarcástica.

Me dio una mala mirada y volvió a bufar.

—Lo que tú no sabes es que esto lo planeé para tener una aventura.

—¿Es en serio?

—No — exclamó, ahora la que lo miró mal fui yo.

—¿Qué haremos? ¿Dormir en el coche? — dije con un quejido.

—No pasa nada Amy, dormir en el coche puede ser una buena opción o podemos montar nuestra casa de campaña justo al lado del coche.

—Eso sería horrible — murmuré.

—No tengo otra idea — elevó sus brazos rindiéndose.

Me quedé cruzada de brazos y mirando a la carretera por la que pasaban varios coches. Todos pasaban rápido y nadie era un buen samaritano como para ofrecernos su ayuda.

—Podemos pedir un aventón a algún pueblo cercano, ahí conseguiríamos un mecánico o a alguien que nos ayude con la llanta. ¿Qué te parece?

—Me gustan tus ideas —Alex me señaló y sonrió, entonces se colocó al filo de la carretera y alzó su pulgar para poder parar a alguien. Me puse a su lado y lo imité —Todo sería más fácil si trajéramos un letrero.

—Si hubiera alguna hoja de papel podríamos hacerlo — musité.

Alex chasqueó la lengua pero luego me miro de arriba abajo, por un momento me paralicé por esa mirada tan obvia, un completo escáner a mi figura.

—Ni pienses en ponerte coqueta con los coches.

Le hice una mueca al comprender que había pasado por su mente. Llevaba unos pantalones de mezclilla y una camiseta sin mangas con rayas de colores, era un atuendo cómodo para un viaje, pero no era nada coqueto y atrevido. Si quisiera coquetearle a los coches, que no era el caso, necesitaba un cambio de atuendo.

—No quiero que nos lleven pensando que pueden obtener algo de ti.

—No lo estaba pensando, pero tú eres pervertido y sólo piensas en cosas sucias — negué con la cabeza, pero divertida por sus comentarios. Alex, a veces, podía tener una mente sucia.

Estuvimos haciendo señales con nuestro pulgar por un largo tiempo, había momento que la carretera se quedaba sola y eran nuestros momentos de descanso. Estaba impresionada de que nadie quisiera ayudarnos pero si la situación estuviera al revés ¿Me detendría a llevar a unos desconocidos? Tal vez sí, pero mucho podrían ser desconfiados.

Se estaba haciendo tarde y todo parecía que nos llevaría a dormir en el coche, pero como si se tratara de un milagro alguien se detuvo. Era un gran tráiler de color blanco. Nos invitó a subir, me sentí un poco desconfiada pero tenía en mente que podría ser nuestra única oportunidad.

—¿Qué dices? — preguntó Alex mirando al anciano en el asiento del conductor.

—Tenemos horas aquí, esta es la única oportunidad — suspiré.

Me dio una mirada que me tranquilizó y entrelazó su mano con la mía, de esa forma me sentí bajo su protección. Me ayudó a subir al gran tráiler junto con nuestras maletas y pronto nos pusimos en marcha.

—Hola, mi nombre es Phil — saludó el anciano, llevaba una gorra hacia atrás y tenía una barba blanca en forma de candado —Les daría la mano pero no me gusta desconcentrarme de la carretera.

—Hola — saludé —Gracias por llevarnos.

—No hay de qué. A veces estas cosas suceden, me ha pasado y es lo menos que podría hacer.

—Somos Amy y Alex —saludó Alex.

—Un gusto.

—Dices que hay un pueblo aquí cerca, ¿tendrán un mecánico que pueda ayudarnos?

—Sí, es una pequeña parada con una gasolinera, un mecánico y un motel — suspiró y desvió rápidamente su mirada al reloj del tablero —Viendo la hora será difícil que encuentren al mecánico abierto, pero pueden dormir en el motel e ir a consultarlo temprano por la mañana.

Alex resopló por lo bajo, yo en cambio me alegré internamente porque podríamos quedarnos a descansar en una cama.

—Retrasará nuestros planes pero si no hay otra opción... — musitó Alex y se encogió de hombros.

Phil era un tipo muy hablador, él y Alex hablaron por buen rato, un tema llevaba a otro, y yo intervenía de repente. Nos contó varias historias, era conductor de tráilers desde muy joven y había pasado por mucho en las carreteras. Tal vez nadie las conocía tan bien como él. Cuando el sol se metió por completo aun seguíamos de camino al pueblo, me adormilé y dejé que la voz de Alex me arrullara. Él me vio de esa forma pero sin decir nada me atrajo a su cuerpo para poderme recostar en su pecho. Cuando me acurruque contra él sonreí, había pasado tanto desde la última vez de esa cercanía. Dormí escuchando la vibración de su voz.

Alex me despertó cuando nos detuvimos, me movió delicadamente para no asustarme.

—Llegamos Amy — susurró.

Me desperecé y me giré a Phil quien nos miraba con una sonrisa.

—Cuídense, yo tengo que seguir mi camino.

—De nuevo gracias Phil, fue un placer — dije al tiempo en que extendía mi mano para despedirme.

—Gracias amigo, ve con cuidado — repitió Alex.

—Así es. Nos vemos luego, buenas noches.

Tomamos nuestras maletas y bajamos del gran tráiler. Aun me sentí adormilada pero mis pilas estaban comenzando a cargarse, me sirvió dormir un poco.

—¿Tú no estás cansado? — le pregunté a Alex mientras nos dirigíamos al lugar con el letrero de "motel" con luces coloridas.

—No mucho.

El lugar era pequeño, estaba la gasolinera abierta con su tienda de autoservicio y justo enseguida se encontraba el mecánico pero el negocio estaba cerrado. Así que nos fuimos de largo para llegar al motel. Nos dieron una habitación rápidamente así que fuimos a dejar nuestras cosas.

—¿Quieres ir a tomar una copa al bar de aquí enseguida?

Ni si quiera me había dado cuenta que había un bar en ese lugar.

—¿Crees que sea buena idea? Estamos en un lugar que no conocemos y...

—Amy — me interrumpió — Te estoy invitando una copa — me guiñó un ojo.

Solté una ligera risa y mi corazón se volvió un poco loco.

—Entonces, creo que acepto la invitación. Pero debería cambiarme, ponerme algo menos casual y tomar una ducha.

—No, no, eso te tomaría demasiado tiempo — hizo una mueca — Ya luces bien así, ¿vamos?

—De acuerdo —me miré la ropa aun dudosa y mientras lo hacía recibí un toque de los labios de Alex en mi mejilla.

—Vamos hermosa, tenemos una cita.

Me sonrió con complicidad. Mi corazón estaba comenzando a descontrolarse de nuevo, esto era muy inusual en su comportamiento por eso me sorprendía. En ningún momento me pasó por la mente que estuviera actuando porque cuando me miraba podía ver su sinceridad. Él de verdad se estaba esforzando. Le tendí mi mano y él la tomó para guiarme fuera de la habitación.

**

El bar era un local pequeño, oscuro, había luces de colores que se movían al compás de la música y mesas de madera que parecían muy frágiles. Al fondo estaba la barra que detrás de ella tenía una estantería llena de botellas. El lugar no estaba infestado de personas pero si eran las suficientes para que hubiera mucho ruido. El ambiente olía a cigarro y alcohol, no era nuestro estilo pero sólo sería una copa.

Nos sentamos en la barra y observamos las bebidas para poder escoger.

—Creo que no quiero nada de whisky o vino — dijo Alex muy cerca de mi oído para que pudiera escucharlo.

—¿Por qué?

—Eso refleja nuestra edad. Quisiera algo más interesante, algo como lo que tomábamos cuando éramos jóvenes.

Solté una carcajada.

—¿Te sientes valiente esta noche? — pregunté enarcando una ceja.

—Bastante.

Asentí y llamé al cantinero.

—Tráiganos una botella de tequila por favor.

—Enseguida.

Alex me miró con la boca abierta pero luego comenzó a reírse. Esto no sería solo una copa.

—¿Quieres alocarte esta noche? — Alex estaba incrédulo.

—Suena como un buen y divertido plan, ¿hace cuánto no nos emborrachamos?

Alzó sus brazos en forma de rendición pero manteniendo una gran sonrisa en su rostro. Nos trajeron la botella con los pequeños vasos para tomar shots, junto con limón y sal. Empezamos a tomar sin preocuparnos por nada, la noche era larga, estábamos en un pueblo desconocido y sólo nosotros. Sólo él y yo pasándola bien.

No supimos en que momento beber se convirtió en una competencia, pues contábamos los tragos que estábamos tomando. Después comenzamos a jugar, era mucho alcohol para sólo un rato pero no nos importó. Tenía tiempo sin jugar a "Yo nunca, nunca" por lo que me hizo recordar viejos tiempos de la universidad. No lo había jugado con Alex pero ahora eso sería divertido.

—Yo nunca me he acostado con mi mejor amigo — dijo Alex.

—Oh por Dios, eso es trampa — exclamé mientras lo señalaba y reía escandalizada.

—Así es el juego.

Lo miré con ojos entrecerrados pero acepté mi castigo y bebí el shot.

—Yo nunca he coqueteado en Las Vegas.

—¡Amy! — exclamó — Eso no es justo.

—Deberías tomar doble por coquetear mientras yo estaba ahí.

Negó con su cabeza pero se rio después de tomar la bebida.

—Creo que es suficiente, debemos parar aquí — dijo limpiándose la boca con los dedos.

—De acuerdo, demasiada diversión y alcohol por hoy. Deberíamos tomar una botella para llevar.

—No, vamos a conducir y eso nos puede traer problemas — Alex se levantó pero antes de que yo lo hiciera me detuvo — Espérame un momento, voy al baño y nos vamos.

—Está bien, no tardes.

Me besó en los labios, un beso rápido que me hizo sentir un hormigueo en ellos. Ya no sabía si se debía al alcohol o a que sus besos me provocaban esas buenas sensaciones. Me sentía abrumada y un poco mareada, pero estaba contenta, me reí a carcajadas como no lo hacía con él desde hacía mucho y descubrimos cosas interesantes durante el juego. Sentí una presencia a mi lado, era el lugar de Alex pero como ya nos íbamos no me importó que tomara el lugar así que no me puse a averiguar de quien se trataba, pero no me esperé lo que pasó a continuación. Sentí que tocaban mi hombro lo que me hizo girarme.

Un hombre, con una gran barba rubia mezclada con canas, de ojos azules y con una gran barriga me estaba tocando. Era grande, alto, pero había más grasa que músculos en ese cuerpo. Estaba sudoroso y me daba una mirada lasciva. Algo que me asqueó.

—No te asustes primor, sólo quiero invitarte algo.

Puse los ojos en blanco sin tratar de disimularlo, no me portaría agradable con ese tipo que no me daba buena espina.

—Gracias, pero estoy acompañada y ya casi tengo que irme. Lo siento.

—Oh vamos, yo no veo a tu acompañante aquí. Tal vez es el destino que quiso que tú y yo tuviéramos una conversación y te invitara una copa.

Me moví para que dejara de tocarme y negué con la cabeza.

—Mi acompañante viene enseguida, deshágase de su ideas sobre el destino — le sonreí hipócritamente, de verdad no quería ser amable.

—Primor— se volvió a acercar y volvió a tocarme —Sólo una copa.

—No me toque y ya le dije que no.

El ceño del hombre se frunció tanto que me atemorizó, su mano aun no me soltaba y estaba comenzó a hacerme daño cuando empezó a presionarme con más fuerza. Alex tenía que aparecer ya.

—¿Te doy miedo?

Tragué en seco.

—No — respondí — Lo que pienso es que es un mal educado, no respeta la decisión de una mujer que lo rechazó.

—A mí nadie me rechaza — su presión se volvió más dolorosa por lo que fue imposible no hacer una mueca de dolor.

—¡Suélteme!

—No preciosa, las cosas no son cómo tú digas.

Se inclinó hacia mí, su mano no permitía alejarme así que aparté mi rostro de él todo lo que pude para tener una distancia. No se iba a rendir, de verdad no se iba a rendir. Quise gritar pero nadie me escucharía con esa música y las pláticas ensordecedoras, estaba aterrada. De pronto la presión se terminó, suspiré con alivio y al voltearme se me desorbitaron los ojos al ver al hombre ser golpeado por alguien. Grité y me giré para encontrarme con Alex.

—Alex — dije con alivio.

—¿Estas bien? ¿Te hizo algo?

Negué con la cabeza, Alex se puso delante de mí y me tocó el rostro y la cabeza, asegurándose que estaba completamente bien.

—Vámonos de aquí — pedí.

Él asintió pero me paralicé cuando vi las sucias y gordas manos del tipo en los hombros de Alex. Mi esposo era delgado y ese barrigón podría aplastarlo sin ningún problema. Lo giró con brusquedad y le dio un golpe en la cara.

—¡Alex! ¡Oh Dios!

Se armó una pelea, todo el bar estaba mirándonos y gritaban. Se daban golpes y patadas. No sabía qué hacer, le gritaba a los que estaban a mi alrededor que hicieran algo pero no se molestaban en detener la pelea. Si yo pudiera lo hubiera detenido. El tipo dejó a Alex en el suelo y estaba por aplastarlo, como una maniobra de lucha libre que había aprendido, los del bar le gritaban emocionados y él estaba creyéndose la gran mierda. Así que no me detuve, me dejé llevar por mis impulsos, y tal vez por el alcohol, alcé mi pierna y le di una patada en sus partes íntimas. Todo el bar coreó una burla para el hombre, que ya no podía mover ni un gramo de su pesado cuerpo por el dolor que seguramente estaba sintiendo.

Me agaché hasta Alex y lo animé a pararse, tenía su rostro lleno de sangre.

—Vamos Alex, salgamos de aquí.

—Sí, salgamos.

Pasé uno de sus brazos por mi hombro y salimos tambaleándonos del bar, nadie nos ayudó pero tampoco nos impidieron la salida. El alcohol no me permitía caminar bien pero por lo menos sentía que Alex no pesaba tanto como pensaba.

—Diablos, que tipo tan más desagradable.

—Le dimos su merecido, no te preocupes — me calmó Alex.

—No, mírate, te lastimó — dije con horror — Jamás volveremos a uno de estos bares.

—Tú tienes la culpa.

—¿Qué? — exclamé enfureciéndome más, ¿cómo podía decir eso si yo no había tenido la idea de ir al bar? —¿Cómo dices que fue mi culpa? Alex pero...

—Eres una mujer muy bella, llamas la atención, por eso tú tienes la culpa.

Me callé de repente, eso era la excusa más tonta pero fueron palabras dulces de su parte.

—Ahora me siento culpable — murmuré.

Para esto ya habíamos llegado a la puerta de la habitación del motel, era una fortuna que nos tocara una habitación en la primera planta porque no sabía si iba a poder cargar con Alex subiendo unas escaleras.

—Increíble, no puedo dejarte sola un momento y ya los hombres están sobre ti — se quejó —Pobres tontos, si supieran que yo soy el afortunado a quien le permites tocarte y besarte.

—Porque eres mi esposo.

—Por eso te digo, soy afortunado.

Me reí y negué con la cabeza. Abrí la puerta de la habitación y enseguida nos metimos. Con cuidado recosté a Alex sobre la cama pues iba a encargarme de sus heridas. Busqué en mi maleta mi equipo de primeros auxilios y el de la habitación. Llené un vaso con un poco de agua y moje una toalla para lavarle la cara a Alex.

—¿Duele? — pregunté mientras le ponía el alcohol en las heridas previamente lavadas.

—Algo.

No había heridas profundas y sólo eran unas cuantas. Su pómulo se estaba volviendo morado por ese gran golpe que le dio el tipo, fuera de eso todo estaba bien.

—¿Cómo te sientes?

—Cómo si hubiera tomado más de lo que lo hicimos — sonrió, pero hizo una mueca al hacerlo.

Me reí.

—Ese estúpido se volvió loco.

—Lo importante es que tu estas bien — tomó mi mano libre y besó mis nudillos con cariño.

—Gracias. Tú siempre me salvas — le sonreí.

Nuestras miradas se encontraron, de esa forma nos quedamos un tiempo. Estaba perdida en su mirada, sin tratar de descifrar algo en ella, simplemente admirando ese azul que me hipnotizaba y me hacía suspirar al ver como brillaban. Él no apartaba la mirada, de mi rostro, estaba detallandome como si fuera la primera vez que me veía después de un largo tiempo. Tal vez queriendo encontrar algo nuevo o simplemente sólo por el placer de admirarme.

—Esto ha sido increíble, me he divertido tanto — exclamó Alex, rascando su nuca —Es decir, a pesar de lo de la llanta del coche y esa pelea, la he pasado increíble contigo. Cada vez las barreras que habíamos formado entre nosotros se caen. Debemos hacer esto más seguido, definitivamente.

—Fue una buena idea. Ser sólo nosotros por unos días, sin estrés, sin obligaciones, eso se siente bien y nos ayuda a ser mejor como pareja.

—Sí, estamos saliendo de esa absurda rutina que formamos — se encogió de hombros.

—De verdad no estamos fallando, lo estamos recuperando, esa química, esa diversión entre nosotros — dije con emoción y sin poder quitar mi sonrisa por la revelación — No estamos fallando.

—No, no creo que falláramos, sólo nos hacía falta algo como esto.

Me mordí el labio y asentí, estaba feliz de saber eso. Suspiré y agaché la mirada al sentir que mis mejillas tomaban color por la exaltación de mis palabras. De saber que estábamos saliendo de ese agujero dónde por poco nos hundimos. Entonces sentí sus dedos en mi barbilla para elevar mi rostro y volverme a topar con su mirada. Alex me sonreía con coquetería y se inclinó para acercarse a mí.

—No sé si es el alcohol, pero no lo creo, ese golpe de adrenalina me hizo sacar todo de mi sistema — se rio entre dientes, se calló de repente y volvió a mirarme fijamente— Te deseo Amy.

Me derretí por dentro, jadeé pero no paré de mirarlo. Como si sus palabras fueran magia estas encendieron algo en mi interior.

—Yo te deseo, te necesito — susurré.

Sin nada más que decir Alex presionó sus labios contra los míos, me recorrió una oleada de alivio que me mareo por unos segundos. Aunque no sabía si en realidad era por el beso que Alex me estaba robando. Me besaba con tanto entusiasmo, queriendo acabar con mis labios, desgastándolos con cada caricia y saboreándolos sin descanso. Su sabor me embriagó a mí también, acariciaba y mordía sensualmente sus labios para que el beso tomara un rumbo más intenso. Y así fue. El beso se fue haciendo pasional, muy entusiasta, haciendo que nuestras terminaciones nerviosas se volvieran locas.

No nos detuvimos, no había nada que nos detuviera en esos momentos, ningún tipo de interrupción. Éramos él y yo, en una habitación de hotel, encerrados en nuestro propio universo. Retomando aquello que estaba perdido.

Sin pensarlo más tiempo me coloqué a horcajadas sobre Alex y él siguió besándome mientras sus manos comenzaban a recorrer mi cuerpo por encima de la ropa. Esta estaba estorbándome, yo quería sentir más. Solté sus labios sólo para deshacerme de la blusa y exponer mi cuerpo. Alex me dio una sonrisa pícara al verme de esa forma pero sus manos no perdieron el tiempo, exploró y tocó, siendo muy cuidadoso tal vez creyendo que iba a incomodarme pero no fue así. Los vellos de mi piel se erizaban con ese toque de Alex. Le quité su camisa, yo también quería sentirlo y hacerlo estremecer con mis caricias en su cuerpo.

Ya no éramos los mismos de antes, los años no habían pasado en vano pero aun así a mí me parecía que el cuerpo de Alex era bello, él estaba admirándome de la misma forma. Su boca se perdió en mi cuello lo que me hizo estremecer y soltar un suspiro inoportuno, echando mi cabeza hacia atrás involuntariamente. Su boca se paseó por mi torso que pronto se quedó desnudo. Alex se deshizo del resto de mi ropa muy ágilmente y volvió a colocarme a horcajadas sobre él. Mis labios lo atrajeron a mi boca de nuevo para poder que mis manos se pasearan de nuevo por su cuerpo y dejarlo desnudo para mí.

Sus caricias parecían fuego que iban encendiéndome y preparándome para recibirlo, me hacía jadear y gemir, decía su nombre con murmullos quedos que eran ahogados por sus besos. Estaba tan embriagada de él y sus caricias, no podíamos parar. Unirme a él era la sensación que más me hacía perder el juicio, me hacía sentirme completa y me entregaba a su amor completamente. Mi turno de volverlo loco llegó, mis movimientos comenzaron lentos y exquisitos que lo hacían decir mi nombre entre suspiros. Esa voz ronca con la que pronunciaba mi nombre me hacía querer entregarle más de mí.

Nos perdimos uno en el otro, lo único que teníamos en nuestra mente era las sensaciones y el sentimiento que teníamos por el otro. Era amor, ese amor que nos volvió locos, que nos volvió fuertes y que nos recordaba que no podíamos ser uno sin el otro. Explotamos, una oleada de sensaciones me recorría el cuerpo, de la cabeza a los pies, y hacía retorcerme fascinada. Alex jadeaba y respiraba entrecortadamente, se pegó a mí y me abrazó con fuerza, hundiendo su rostro en mi pecho. Cuando alzó su cabeza se encontró con mi rostro sudoroso como el de él y me dio una sonrisa. Me incliné para besarlo en los labios, un dulce beso que nos hizo suspirar una vez más.

—Te amo mi amor — dije cuando su respiración se tranquilizó, sonreía tanto.

—Te amo mi vida — le sonreí, besé su frente y mis ojos se cristalizaron. Estaba emocionada.

De repente escuchamos un sonido extraño, como si algo se hubiera roto. Nos quedamos muy quietos, atentos a lo que pudiera pasar a continuación. Entonces la cama se movió hacia abajo tan rápido que cuando gritamos esta había tocado el suelo y los postes que las sostenían se iban al suelo.

—Se rompió la cama — exclamé.

Alex comenzó a reírse a carcajadas.

—No puede ser — dijo entre risas.

Aún estaba con la boca abierta por lo sucedido pero comencé a reírme a carcajadas también.

**

Ya estaba atardeciendo cuando Alex comenzó a bajar la velocidad, por un momento no comprendí que hacíamos y me preocupé al pensar que tal vez teníamos otra falla. El mecánico cambió nuestra llanta y había revisado todo para que no tuvieras problemas en llegar a nuestro destino. Se suponía que no debía haber problema.

—¿Qué sucede? — dije mirándolo extrañada.

—Nada, hemos llegado.

Miré a Alex desconcertada, estábamos en medio de la nada. Seguro tenía que ser una broma.

—No bromeo — dijo como si hubiera leído mis pensamientos, hizo un gesto con su barbilla señalando algo detrás de mí.

Fruncí el ceño pero me gire a ver de qué se trataba eso que me señalaba. Mi boca se abrió al reconocer el lugar que estaba delante de mí. Era una playa desierta, la misma playa donde una vez acampamos, fue en ese mismo lugar dónde me propuso ser su esposa. Pensé que ese lugar estaba perdido en el mapa, que nunca volveríamos a encontrarlo, pero ahí estábamos de nuevo.

—Dios mío, esta es... la playa.

—Así es — me giré para encontrarme con su encantadora sonrisa.

No perdimos más el tiempo y nos bajamos del coche para instalar todo el campamento, como aquella vez. Estaba anonadada por la sorpresa, por estar ahí, por pensar que ese era el lugar correcto para reconciliarnos. Eran muchas emociones.

No nos pusimos a armar la tienda de campaña enseguida porque simplemente nos quisimos sentar frente al mar un momento, admirando la belleza de esa playa desconocida y evocar memorias.

—Amo este lugar, creo que es de mis lugares favoritos del mundo — musitó Alex.

—El mío también, aun no entiendo como lo encontraste de nuevo.

—Soy bueno recordando lugares y caminos — me guiñó un ojo.

Me reí quedito y suspiré.

—¿Recuerdas que tengo una lista de momentos maravillosos en mi vida? — asentí — pues en este lugar ocurrió el momento que se posiciona en el primer lugar. Nunca podré olvidar ese momento, esa vez que vi tu silueta bajo el sol y que pensé que eras lo más hermoso de mi vida. Fue aquí que decidimos unir nuestras vidas sólo por el simple hecho de querer hacerlo, sólo porque nos amamos.

—Que hermoso recuerdo — musité con la voz temblorosa, la emoción me estaba ganando.

Aun recordaba ese momento, no comprendí que estaba haciendo Alex cuando me tomó de las manos y a la luz del amanecer me dijo que quería que fuera su esposa. Sus palabras fueron tan bellas que me dejaron sin habla, me robaron el aliento por completo y me hicieron pensar que tenía al mejor novio por darme una propuesta como esa. Habían pasado muchas cosas desde ese día pero aún permanecía el amor, eso ya lo habíamos comprobado.

—Si alguna vez te fallé como esposa, lo siento — susurré.

—Yo también lo siento si te falle. Estas cosas pasan, no hay una guía para esto, se aprende sobre la marcha. Lo importante es que el amor no se apague.

—Aun te amo, te he amado desde que te conocí y eso nunca cambió — le aseguré.

Alex me sonrió.

—Yo tampoco he dejado de amarte, nunca podría dejar de amarte.

Sentí los brazos de Alex rodeándome en un abrazo que me infundía cariño, protección y amor. Lo abracé de vuelta al tiempo en que me acurrucaba en su pecho.

—No hay que dejar que los obstáculos puedan más que nosotros, nunca lo hemos hecho —le dediqué una sonrisa —Seremos mucho mejores, ¿verdad?

Alex levantó su meñique y me lo mostró para luego entrelazarlo con el mío.


Hola :3

Chicas, este es el último capítulo. Oh Dios, pensé que estaría muy triste para este punto pero en realidad estoy emocionada. No sé, se siente bien finalizar un proyecto.  Gracias por acompañarme. Aun falta el epílogo y los agradecimientos así que ahí me extenderé más. 

Dedicación para mis chicas de whatsapp, sobre todo para aquellas que no alcancé a dedicarles un capítulo XxReaderForeverxX  Hemmxs  juliibriveros Cecii50 adge16  lourdes(no me sé su usuario) , me alegran los días. Gracias por apoyarme como lo hacen <3

Nos leemos ya. 

Adiós xoxo. 

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