No era lo suficientemente tarde como para estar cansada, a pesar de la conversación que tuve con Dan y los pacientes que atendí en emergencias, yo me sentía bien. Agradecí que el trabajo aminorara pues tal vez Alex llegaría en cualquier momento y necesitaba energía al igual que tiempo para estar unos momentos a solas con él.
Así que cuando entró aquél herido de bala en el pecho hice una mueca de desagrado. Mis planes ahora estaban truncados puesto que ese paciente necesitaba cirugía inmediatamente y obviamente yo tendría que estar asistiendo al doctor titular de guardia. Pero yo tenía la culpa, por ofrecerme a tomar el lugar que no me correspondía, pude haber estado en casa, acurrucada en la cama con Alex, después de un buen sexo. Sin embargo, mi mente compasiva y bienhechora venció a la comodidad.
Enseguida metimos al paciente en uno de los quirófanos. No había tiempo que perder. Sólo pedía que Alex no llegara en esos momentos porque se toparía con que estaba ocupada y no podría atenderlo.
—Este hombre es afortunado, sobrevivirá al impacto de los balazos — dijo el doctor cuando estábamos por terminar.
—¿Qué le habrá sucedido? —preguntó al aire una de las doctoras, bajita y de pelo muy corto.
—¿No dijeron nada los paramédicos? — pregunté confundida.
—No lo traían los paramédicos Miller, él llegó en una camioneta, con dos acompañantes. Entraron pidiendo ayuda — contestó la doctora
Fruncí el ceño.
—¿Será policía? ¿Un detective? — preguntó el doctor.
—Tal vez. La policía no debe de tardar en llegar, seguramente se le habrá notificado lo sucedido — dijo la misma doctora.
—O sus acompañantes ya están dando declaraciones — dije yo.
La única respuesta fue un encogimiento de hombros por parte de la doctora de pelo corto.
*
—Señor Kray, despierte— le hablé al paciente para despertarlo de la anestesia, este reaccionó, estaba aturdido y confundido. Sus ojos verdes y vidriosos miraron hacia todos lados —Recibió varios impactos de bala pero entró a cirugía, removimos y quitamos todas las balas. Reparamos sus órganos. Está a salvo — le dije tranquilamente mientras la cama se movía a su habitación.
El señor Kray no era tan mayor, le calculaba unos cuarenta y pocos. Su cabello era negro, posiblemente teñido y tenía una nariz bastante grande.
—Ehh… —se quejó el paciente.
—Tranquilo, está a salvo. Hablaremos con sus acompañantes, usted descanse.
Me miró por unos segundos, fijamente, como si no creyera lo que le decía. Pero luego asintió y cerró sus ojos para quedarse completamente dormido. Respiré hondo cuando lo hizo.
—Parecía alterado — dijo la enfermera que estaba a mi lado.
—Yo también lo estaría si me hubieran disparado — le respondí con una sonrisa.
Llegamos a la habitación y los camilleros pusieron al señor Krey en su cama. Luego la enfermera comenzó a administrar los medicamentos mientras yo revisaba sus constantes vitales y lo examinaba rápidamente.
—Doctora Miller — escuché desde fuera de la habitación y me giré, la Doctora bajita y de pelo corto estaba en la puerta — Los acompañantes del paciente se fueron, lo dejaron solo.
—¿Cómo? — dije sorprendida.
—Sí, lo que escuchó. Al parecer nadie sabe acerca de esto por lo que la policía no está enterada.
—Es muy tarde, es muy probable que nadie se diera cuenta de los sucesos — supuse.
—Pues no lo sabemos. La policía viene en camino a interrogarlo. Vigílalo mientras llegan — me ordenó — Y si despierta, tranquilízalo e intenta averiguar que sucedió.
—Asentí. Luego la doctora se fue.
Suspiré profundamente, estaba cayendo en las garras del cansancio.
—¿Me lo cuida por unos momentos? Necesito ir al baño — le dije a la enfermera que aun checaba los medicamentos.
—Sí, claro — respondió ella.
—Gracias, ¿necesita algo? También pasaré por café.
Ella sonrió.
—Puedes tutearme o llamarme Lindsay, no soy tan mayor. Y sí, te agradecería un café, por favor.
Sonreí.
—Enseguida Lindsay.
Pasé al baño para mojarme la cara. Revisé mi teléfono celular y no tenía llamadas perdidas de Alex ni mensajes, eso era bueno en parte porque él no estaba aún en el hospital y malo porque lo más probable es que decidió no venir.
Fui por el café y regresé a la habitación donde se encontraban Lindsay, con el paciente aun dormido.
—Gracias — dijo ella al recibir su café y tomar un sorbo.
—De nada.
—¿Dónde está la Doctora Parker?
Hice una mueca.
—Tuvo unos asuntos… así que me ofrecí a cubrirla.
—Ok. No conoces a muchos de esta guardia, se nota.
Me reí e hice una mueca de inocencia. Ambas nos sentamos en el sillón de la habitación y empezamos una trivial plática, hasta que mi localizador comenzó a sonar. En la pantalla vi el código que anunciaba que el hospital estaba sitiado, eso quería decir que no podíamos salir ni movernos del lugar en donde estábamos. Segundos después el localizador de Lindsay sonó, indicando la misma orden.
—¿Será un simulacro? — preguntó ella.
Mire al paciente dormido en la cama y recordé todo lo que se dijo acerca de su situación, sus acompañantes abandonándolo y el misterioso atentado. Entonces supe que mi paciente era peligroso.
—No lo creo — mi corazón se aceleró sin poder evitarlo, pero tenía que mantener la calma.
—¿Tú crees que…? — y señaló al paciente.
No… no lo sé — empecé a hablar atropelladamente — sólo… sólo creo que… la policía impuso esta medida para que no… para que no… escapara.
—Sí, yo creo que sí — dijo Lindsay y suspiró nerviosamente.
No podíamos movernos. Si despertaba y él era peligroso… no sé si tendríamos tiempo de escapar. Sopesé la posibilidad de salir de ahí de una vez, antes de que nos causara algún daño, pero tenía miedo de dejarlo fuera de control. ¿Qué tal si dejarlo fuera la peor decisión? Así que me impuse a ser paciente.
De repente se escucharon pasos fuera de la habitación, alguien había llegado al piso. Esperaba que fuera la policía. Pero entonces la puerta de la habitación se abrió gracias a una ráfaga de balazos en ella. Lindsay y yo nos tiramos al suelo como medida de protección, creo que incluso grité.
A la habitación entraron tres pares de zapatos negros, bien lustrados que hasta parecían nuevos.
—Vaya, vaya, vaya — dijo una voz por encima de nosotras — Estos doctores idiotas te salvaron, Ernest. Ahora te crees muy afortunado, ¿no?
Miré mis manos, estaban temblando sin cesar; lenta y discretamente miré hacia arriba. Dos de los hombres eran jóvenes, de piel tostada y usaban lentes de sol, a pesar de que estaban dentro del edificio. El que hablaba era un señor mayor, con canas y una barba en forma de candado, que al igual que su cabello, era gris.
—Déjennos ir, déjennos ir — repetía en voz baja. Empezaba a perder la visión por las lágrimas que se acumulaban en mi rostro, lágrimas de miedo.
—Tuve que matar unos cuantos para encontrarte, eso les pasa por salvarte — dijo el mismo señor.
Hice una mueca, ¿habían matado a quién? ¿Doctores? ¿Enfermeras? ¿Guardias? Apreté mis puños y me esforcé por no sollozar. Miré a Lindsay, su cabello café oscuro le cubría parte de su cara pero no sus ojos, ella también lloraba de miedo y temblaba más que yo.
—Tranquila — articulé.
Ella asintió débilmente.
—Ya no volverás a traicionarme ni una vez más Ernest — seguía diciendo el hombre de canas, escuché que cargaban un arma y entré en pánico. Iba a matar al señor Kray — Te veo en el infierno, maldito bastardo.
—¡NO LO MATE! —grité, me arrepentiría toda la vida de a ver hablado pero mi pánico habló por mí.
—¡Oh que tenemos aquí! — la atención se desvió hacia mí, ese hombre había matado doctores en el camino a la habitación, no le tomaría ni un segundo acabar con la molesta doctora que interrumpió su cometido — Otra de esos idiotas y su ayudante. Qué acto tan valiente el de defender a un condenado, toda una mártir — Lindsay me miró con los ojos desorbitados, había marcado nuestro fin —Ted, ponlas de pie — ordenó el señor.
Uno de los jóvenes, el más fortachón, se acercó a nosotras y nos levantó del suelo. Nos sujetó fuertemente con su brazo, tanto que dolía. El señor de la barba me miró detenidamente, sus ojos eran oscuros e intimidaban de una manera atemorizante.
—¿Por qué lo defiendes? — me preguntó seriamente.
—Yo… yo… es una persona… usted no…
Mi balbuceo fue interrumpido por él.
—¿Crees que no puedo matarlo? — sacó su arma y disparo, cerré mis ojos con fuerza pero al abrirlos supe que no le dio al señor Kray, sino a la pared.
Se rio. Más lágrimas comenzaron a salir de mi rostro. Nunca había estado más asustada en mi vida.
—Estuviste en su operación, ¿verdad? Y como le has salvado la vida no quieres que tu trabajo, tan bien hecho, se vaya al diablo por un tipo como yo que mata a todo aquél que se atraviese en su camino — me miró fijamente por un segundo —¡CONTESTA!
—No, señor, no. Yo no… no… no estuve en su operación. Hago guardia, soy estudiante, aun no obtengo mi título de médico. Yo no participo en operaciones — dije desesperada, distorsionando un poco la verdad.
Volvió a mirarme fijamente, esta vez durante más tiempo. Parecían segundos interminables.
—Tú vas a matarlo — dijo finalmente tendiéndome el arma.
—¿Qué? — se me fue el alma hasta los pies, me estaba faltando el aire y sólo quería salir corriendo de ahí.
—Sí, lo vas a matar porque te lo ordeno — dijo poniendo su rostro aún más enojado — Y porque si no lo haces, ellos matarán a tu compañera.
—¡NO! —gritó Lindsay detrás de mí.
—Ok, ok, lo haré — dije desesperadamente mientras tomaba la pistola. Nunca había tenido un arma en mis manos, se sentía pesada, fría, no se podía creer que con óolo eso en mi mano jugaba a ser Dios, decidía quien iba a morir. Si fuera más hábil con el arma, si en algún momento de mi vida hubiera aprendido a utilizarla tal vez hubiera encontrado la manera de girarme y disparar el arma contra los muchachos que tenían a Lindsay y luego hubiera matado a ese tipo pero mis conocimientos sobre eso eran nulos — No sé usarla — dije con voz apenas audible.
—Sólo aprieta el gatillo.
Lo miré aterrada pero gire el arma hasta tomarla con ambas manos, estas me temblaban y no podía controlarlo. Él se dio cuenta.
—¡Maldita sea! — se puso detrás de mí y tomó el arma junto conmigo, poniendo un dedo por encima del mío, ese que se encontraba sobre el gatillo — Lo mataremos los dos. Morirás sabiendo que no pudiste salvarlo — susurró.
Entonces apretó su dedo, que apretó el mío, y mi dedo apretó el gatillo. Pero en ese mismo momento el hombre detrás de mí recibió un impacto, luego otro y luego cayó al piso. Me tiré con él. Los otros dos muchachos cayeron también y Lindsay gritó con fuerza.
La policía había llegado a salvarnos, finalmente. Justo a tiempo para nosotras, tarde para el hombre que maté.
***
Abracé a Lindsay con mucha fuerza, ambas temblábamos, nuestras respiraciones estaban aceleradas al igual que nuestros corazones y seguíamos llorando. Había charcos de sangre a nuestro alrededor, todos alrededor estaban muertos.
Los policías nos tomaron con delicadeza de los brazos y nos sacaron de la habitación. Estaba viva, me habían salvado a pesar de que estuve al borde de ser asesinada. Intentaba caminar pero las piernas me temblaban tanto que tropezaba y en un momento tuve que pararme completamente pues mi estómago no aguantó más y expulsó su contenido. Tenía una gran conmoción, las imágenes de lo sucedido se estaban repitiendo en mi cabeza una y otra vez. Había matado al señor Kray.
No fue hasta salir de ahí que me di cuenta de la gravedad del asunto del hospital. Había muertos y otros tantos heridos. Por lo que escuchaba, el tirador y sus muchachos habían estado buscando al señor Kray por mucho tiempo pero no se les había localizado ni encontraron nada sospechoso en ellos, solo hasta que empezaron a matar. Las personas hospitalizadas estaban siendo trasladadas a otro hospital, mientras que el personal involucrado estaba siendo interrogado. Aún tenía lágrimas en mis ojos.
Entonces lo vi, vi a Alex detrás de la cinta amarilla, su cara fue de alivio y yo lo único que pude hacer fue correr a sus brazos, buscando su protección por encima de todo. Comencé a llorar y sollozar, no paraba de exclamar que había sido horrible y Alex estaba tratando de tranquilizarme.
—Estas a salvo Amy, lo estas, estás conmigo — repetía pero yo no podía dejar de llorar.
—Está en shock — dijo alguien a mis espaldas, supuse que era un Doctor —Voy a atenderla, joven.
—Busca… busca… a… Michelle — le dije a Alex entre sollozos— asegúrate que este bien… también busca a Audrey.
—Pero…
—Voy a estar bien— dije tratando de convencerme más a mí que a él.
Alex a regañadientes obedeció, besó mis labios rápidamente y luego se fue corriendo a verificar si estaban bien. Lo único que agradecía es que mis amigos no estaban ahí y no tuvieran que pasar por esto.
Me dieron una manta y una taza de té para relajarme.
—¿Estas mejor?
—Un poco —dije, pero las imágenes seguían en mi mente — mate a un hombre — dije y entonces comencé a temblar de nuevo.
**
El Doctor me había curado la herida de la bala en mi brazo, solo había sido un roce, pero había dolido como si de verdad hubiera atravesado mi cuerpo. No me imaginaba el dolor que debía sentirse una herida de esa gravedad.
Por un momento mi mente dejó de pensar en todo lo que había sucedido, mi mirada se fijó en Lindsay y su pareja, un joven rubio, de ojos color miel y cara afilada. Podría apostar que si no tuviera su cara de preocupación tendría una bonita sonrisa. Había perdido la noción del tiempo pero a mí me parecía que habían pasado muchas horas, quería a Alex conmigo, que me envolviera en sus brazos y que me abrazara. Estar viendo a la pareja no ayudaba mucho pero era mejor que estar pensando en que había matado a alguien.
—Yo te amo Lind, yo te amo y jamás me apartaré de ti — decía el joven, captando mi atención de nuevo.
—Y yo te amo a ti Ray — respondió Lindsay entre sollozos.
—Todo estará bien bebé, yo te amo y estoy contigo.
—Te amo.
Tanto amor me estaba haciendo sentir incómoda pero en momentos así, después de una tragedia de esa magnitud, expresar el amor que sentían el uno por el otro era lo más importante. Yo también quería eso, expresar mi amor y… ser correspondida.
—Señorita, disculpe.
Una voz diferente se coló por mis oídos, haciendo que me distrajera. Era un oficial.
—Soy el oficial Elias Tucker — me tendió su mano — ¿Usted es la Doctora Amy Miller?
Asentí con debilidad.
—Le voy a pedir algo que puede incomodarla — fruncí el ceño — Necesito que declare, que diga exactamente lo que ocurrió.
Abrí los ojos con sorpresa porque no creía lo que estaba escuchando.
—¿Qué? ¿Acaso su objetivo es torturarnos? — solté molesta, mis ojos comenzaban a llenárseme de lágrimas de nuevo.
—No, por supuesto que no.
—He dicho la historia más de tres veces. Recordarlo me afecta, me hace daño — dije desesperada, tal vez para el oficial parecía una tipa histérica. Sí, lo más probable es que iba a quedar loca después de todo esto.
—Lo sé pero… los otros oficiales no tenían la autoridad…
Miré al cielo, tratando de encontrar una salida de ese sufrimiento.
—¡Que incompetentes! — grité — Resumámoslo, maté a un hombre, apreté el gatillo. Ya no me lo recuerde.
El oficial abrió la boca para decir algo pero no pudo, yo solo agaché la mirada.
—Amy — escuché una voz familiar y al instante sonreí.
—¿Alex?
—Lo siento por dejarte sola tanto tiempo — dijo abrazándome con fuerza — Lo siento, nena.
—Está bien — murmuré, dije aferrándome a su cuerpo. No quería soltarlo — Ya no me dejes.
—No, mi amor — besó mi frente con dulzura, ese momento y ese gesto bastaron para que yo me sintiera mejor. Estaba protegida.
El oficial carraspeó, interrumpiendo mi momento feliz. Lo fulminé con la mirada.
—¿Qué se le ofrece oficial? — esta vez Alex habló.
—Déjeme en paz — exigí.
Alex acarició mi cabeza, intentando volverme a calmar y tuvo éxito, en parte.
—¿Qué sucede? — preguntó Alex sin mirarme pero manteniendo el contacto conmigo.
—Lo siento joven pero necesito que la señorita relate los hechos… de nuevo — explicó el oficial.
Alex me miro yo sólo agaché la mirada.
—No dejes que lo haga, por favor — murmuré en voz muy baja — Ya lo dije muchas veces, no quiero repetir lo ocurrido, no quiero recordarlo. Me duele — casi imploraba, mis ojos se estaban llenando de lágrimas nuevamente.
La mirada de Alex fue de mí al oficial.
—Ya la ha escuchado… ella ya no quiere hablar, fue suficiente — dijo Alex tranquilamente.
—Me temo que es obligatorio que ella repita la historia — dijo de nuevo el oficial, no parecía cómodo con la situación — Mis compañeros no estaban autorizados para que tomaran nota de su declaración. Lo siento.
—Grandioso — dijo Alex soltando un bufido y pronunciando cada sílaba con sarcasmo.
—¡No, no lo haré! — grité desesperada — Ya no quiero, no dejes que lo hagan Alex, no puedo.
—¿No saben el daño que le causan? — preguntó Alex con el ceño fruncido y los ojos entreabiertos.
—Por supuesto — el oficial suspiro — pero necesitamos la declaración.
—¡Deje de decir eso! — gritaba y sollozaba al mismo tiempo.
Alex se mordió el labio y paseó su mirada de mí al oficial un par de veces, como si estuviera decidiendo algo. Cada vez que me miraba yo negaba con la cabeza, insistiendo que no me dejara hacerlo.
—Júreme oficial que ella jamás volverá a hablar de este tema con ninguno de sus compañeros — empecé a desesperarme y a gritar, pero a Alex no le importo y siguió hablando— que no tendrá que acudir a dar otra declaración y que la dejaran en paz.
—¡No Alex, por favor! ¡No! ¡No! ¡No! — grité y sollocé, en vano.
—Lo juro, joven.
Al escuchar ese juramento Alex en seguida se giró hacia mí, me tomó de la cara y limpió mis lágrimas con rapidez.
—Cálmate hermosa, por favor.
—¿Có… cómo.. qui.. quieres — balbucee
—Yo no sé lo que ocurrió ahí dentro, no me lo han contado… con detalles. Cuéntamelo tú— abrí mis llorosos ojos con sorpresa — Haz como que estamos en nuestra casa, en la cama, hablando. No existe nadie más que nosotros. Yo estoy contigo.
Deje de mirarlo y me agaché, me recargué en él para sollozar nuevamente. Él acarició mi espalda suavemente. No estaba segura si quería que Alex supiera lo sucedido de mi boca, no contaba con que yo se lo contaría. Había sido horrible lo que había hecho, no me sentía como una buena persona. No me presionó, esperó hasta que estuviera tranquila y otro poco tiempo más hasta cuando me aparté de él y lo miré a los ojos. Él tenía razón, si no hablaba los oficiales seguirían molestándome quien sabe por cuantos días más.
—De acuerdo voy a contártelo.
Lo miré a él, solo a él. No tenía por qué ver a mí alrededor, iba a ser como él había dicho. Solo él y yo. Temblorosa abrí mis labios y comencé a relatar lo sucedido, empezando con unas horas antes. Me escuchó con atención, no me interrumpió, ni si quiera se movió, hasta me parecía que no parpadeaba. Empezaba a asustarme esa postura tan rígida y tensa. Terminé mi relato diciendo que lo más reconfortante fue verlo ahí afuera.
Hubo un gran silencio, por supuesto que él no podía decir nada y yo ya había hablado suficiente.
Alex tomó mi mano con delicadeza y la apretó fuertemente, luego beso el dorso. Un par de gotitas de agua aparecieron en el dorso de mi mano, que desaparecieron rápidamente.
—Gracias jóvenes — el oficial se acercó y me dio unas palmadas en el hombro sano— Vas a estar bien — luego se fue.
Miré a Alex que ya había retomado su postura.
—No me hagas volver a decírtelo — susurré.
—Jamás — juró él.
Entonces me abrazó con mucha fuerza, tratando de transmitirme bienestar, amor, protección. Cualquier cosa que yo necesitaba en ese momento. Luego sus labios se posaron en los míos y por un momento pude olvidarme de las cosas, eso me provocaban sus besos, olvidarme de todo el mundo alrededor. Me complació saber que eso no cambiaba, ni siquiera en estas situaciones tan traumáticas. Volvió a abrazarme y esta vez fui yo la que lo abrazó con fuerza.
—Sabes que no fue tu culpa ¿verdad? — dijo al apartarse un poco de mí.
Agaché la mirada.
—Pero lo hice — me encogí de hombros y limpié rápidamente una nueva lágrima.
El cielo estaba muy azul ese día, no hacía mucho que acababa de amanecer, pero para el hospital no era un bello amanecer.
—¿Michelle y… Audrey? ¿Qué pasó con ellas?
—Están bien— respondió Alex con una media sonrisa— Ambas fueron trasladadas a otro hospital mientras aquí se estabilizan las cosas.
Asentí.
—Qué bueno…eh… Yo…
Una voz me interrumpió, conocía esa voz.
—¡Alex! ¡Alex!— decía la señora Blair al acercarse — Oh por Dios, gracias al cielo que te encontramos. ¿Viniste por mi hija cierto? ¿Dónde está ella? ¿Está bien?
—Escuchamos lo que pasó en las noticias matutinas, ¿cómo es que no nos habías llamado? — dijo el padre de Audrey, echándome una mirada suspicaz.
—Señores Blair, disculpen. Vine aquí lo más rápido que pude al escuchar lo ocurrido, estaba investigando que había pasado con ella, no quería llamarlos hasta tener noticias — se explicó él— Ella está bien, fue trasladada a otro hospital. No le sucedió nada.
—Oh gracias Dios— dijo la señora Blair soltando unas cuantas lágrimas.
—La Doctora Miller si estaba ahí— dijo Alex— Me voy enterando y ella… no está muy bien.
Quería que parara, que no hablara de mí y de lo ocurrido, porque a ellos no les importaba en absoluto. Pero él quería seguir hablando, hablaba como loco cuando estaba nervioso.
—Debió de ser horrible, querida. ¿No es así? — preguntó la señora Blair.
Yo asentí sin hacer ninguna mueca.
—¿Dónde podemos encontrar información de nuestra hija? ¿En qué hospital esta? ¿Está acompañada?
—Seguramente están dando datos de los pacientes trasladados, será mejor ir ahí que atenerse a lo que les diga un simple muchacho— dijo Alex con una media sonrisa.
—Tienes razón— dijo la señora Blair.
—Pero antes… — Alex se giró hacia mí — adelántense creo que Amy necesita mi ayuda.
—No en realidad, los acompaño a dentro. No he llamado a mis padres y mis pertenencias están todavía ahí.
—¿No necesitas que te lleve a casa? — preguntó incrédulo.
—Ya veré como me las arreglo — dije haciendo una seña para restarle importancia — Mejor ve con los Blair, te necesitan más que yo.
—No lo creo — susurró.
Detrás de Alex los señores Blair aguardaban un poco impacientes. Me eché a caminar y Alex me siguió.
—Seguro mi padre viene por mí — dije con tranquilidad.
—Está bien.
Al entrar en el hospital sentí un escalofrío, las manchas de sangre me desconcertaron un poco al igual que a los señores Blair.
—¿Seguro que estarás bien? — preguntó Alex mientras sus suegros preguntaban en el módulo por Audrey.
—No lo sé.
Vi culpa en su semblante.
—Intentaré — corregí.
—¿Te veo en casa?
—Sí — le di un beso en la mejilla y caminé hacia los vestidores.
No sabía cómo podría estar sin Alex en todo ese tiempo.
**
El departamento estaba vacío cuando llegué, me desesperé un poco porque Alex me había prometido que estaría ahí. No estaba en condiciones de estar sola, no quería estar sola. Suficiente había tenido ya con que Alex se apartara de mi lado, que él no estuviera me hacía sentir vulnerable.
Papa había pasado a recogerme al hospital, al saber que estaba ahí se asustó y enseguida fue por mí. Mama también estaba asustada pero les alivió saber que estaba bien, sana y salva. No quise contarles acerca de lo sucedido, porque no iba a repetir la historia, ellos no tenía por qué saberlo. Pasé la tarde con ellos, disfrutando de su compañía y agradecía mil veces al cielo que estaba viva. Notaron que estaba silenciosa pero lo comprendían, por eso no hicieron peguntas. Toda la tarde me llenaron de apapachos, pero más por parte de Rich que al parecer sin saber nada sentía mi estado de ánimo.
Por eso me sentí sola al llegar al departamento, ahí no había nadie para darme besos ni abrazos. Los necesitaba.
Encendí todas las luces del departamento, también encendí la televisión y me acurruqué en el sillón cambiando de canales sin ver algo en específico. El tiempo que estaba pasando sola fue eterno. Escuché que alguien entraba y me sobresalté enseguida. Temerosa me acerqué a la puerta y asomé la cabeza. Un suspiro de alivio se me escapó captando la atención de Alex. Él me sonrió al verme. Sin vacilar fui a abrazarlo. El abrió sus brazos ofreciéndome su abrazo y me aferré a él fuertemente, pegue todo mi cuerpo contra él mientras escondía mi cara en el hueco de su cuello. Aspiré su aroma, toqué su espalda. Todo eso era tan familiar que hacía sentirme protegida.
—¿Por qué no llegabas? — susurré aun pegada a él.
—Lo siento, me retrasé — dijo en mi oído para luego depositar un dulce beso en mi mejilla — No debí dejarte.
—Tenías que hacerlo… pero eso ya no importa, estás aquí.
Él acunó mi rostro entre sus manos lo que me obligo a separarme sólo un poco de su cuerpo, entonces se inclinó y besó mis labios. Los acarició con suaves caricias que encendieron mis emociones, yo me concentré en disfrutar cada uno de sus movimientos sobre mis labios y lo que me hacían sentir… porque eso era estar viva. Mordió ligeramente mi labio inferior y yo gruñí como respuesta a tal acción, sentí como su lengua se introducía con timidez en mi boca provocando buenas sensaciones que recorrían mi cuerpo. Sin duda este era uno de mis momentos favoritos, el momento en que Alex me besaba apasionadamente. De repente sentí la pared detrás de mí, estaba acorralada, el cuerpo de Alex me tenía aprisionada entre él y la pared, aparté mi cabeza para tomar aire y él no paró pues beso mi cuello y mis pechos. Me tomó de las piernas hasta elevarme haciendo que yo no pudiera hacer otra cosa que enredar mis piernas en su cintura y mis brazos en su cuello. Volvió a besarme la boca, esta vez con mucha más intensidad. Me tocaba por donde podía, cada vez que lo hacía sentía un calor intenso, agradable pero intenso. Volvió a morderme el labio, esta vez con más fuerza que sentí que me hirió, entonces su boca quedó a centímetros de mí. Me miró a los ojos y sonrío de una manera juguetona.
—Te hace falta un baño — murmuró.
—Me duche en casa de mis padres —dije ladeando mi cabeza.
—Corrección, te hace falta una ducha… conmigo.
Abrí mi boca no solo por sorpresa sino también por excitación.
—Por supuesto — dije sin vacilar.
Sin dejar de cargarme Alex me llevó hasta la ducha donde nos deshicimos de nuestra ropa y nos mojamos juntos.
**
La pared de azulejo del baño era fría, no me importaba estar recargada en él, me agradaba. Intentaba proteger mi herida sin mucho éxito, así que decidí que cambiaría mis vendajes al salir del agua. Esta caía sobre mi brazo mientras Alex quitaba el resto de jabón de mi espalda.
—¿Estas bien? — preguntó Alex rompiendo el silencio.
Estaba segura que él no solo se refería a ese momento, se refería todo lo que había sucedido. ¿Yo estaba bien?
—No lo sé — fui sincera — creo que bien, aunque… lo dudo.
—Fue algo horrible — murmuró.
—Sí — suspiré — El Doctor Sean quiere verme mañana por la mañana. Me dio el día de hoy, quien sabe cuántos días libres tendré.
—Yo creo que varios… estas cansada, ¿no has dormido?
Negué.
—No puedo dormir, lo intenté pero cierro los ojos y las imágenes se recrean en mi memoria.
Alex guardó silencio ya que no sabía que decir. No esperaba que dijera algo porque estando en su situación yo tampoco sabría qué decir. Era estúpido decir “ánimo” o “estarás bien, ya estas a salvo” o “no tienes por qué temer” él lo sabía y se lo agradecía, prefería su silencio y su tacto. Saber que estaba conmigo.
Entonces recordé a la Lindsay con su novio, recordé como ellos se expresaban su amor porque por un momento habían sentido que se perdían. Supe entonces que si había algo que quería que Alex me dijera.
—Después de todo lo sucedido hoy… ¿no tienes nada que decirme? — dije eso mientras me giraba y quedaba de frente a él.
—¿Cómo qué? — preguntó él ladeando su cabeza.
Me encogí de hombros sin dejar de mirarlo. Se quedó en silencio pensando en algo que decir, me parecieron horas las que le dedicó a eso.
—Que… nunca había sentido tanta necesidad de proteger a una persona — dijo acariciando mi mejilla a pesar del agua cayendo sobre nosotros —Sentí que necesitaba salvarte pero me desesperé porque no sabía cómo…aun lo siento. Quiero ayudarte pero no sé… como.
Agaché la mirada.
—Solo necesitas estar conmigo — dije en voz baja.
—Está bien, puedo hacer eso aunque parece que no es suficiente — dijo con una media sonrisa — Amy yo… — levanté la mirada esperanzada — estoy feliz de que no te haya pasado nada grave, no sé qué hubiera hecho si te pasaba algo, me vuelve loco pensarlo. Eres lo mejor que tengo en mi vida. Es un poco egoísta pero… no quería perderte.
—¿Por qué? — exigí saber, tal vez mi voz no sonaba tan exigente pero en mis pensamientos sí que lo creía.
—Por qué… te quiero.
¿Sólo eso? Dije para mí misma. Agaché la mirada y mis lágrimas no se pudieron controlar, salieron sin poder evitarlo.
—Hey, está bien — dijo Alex atrayéndome a él para que lo abrazara.
—Tú también eres lo mejor que hay en mi vida y te quiero — dije entre sollozos mientras lo abrazaba — Lo siento, estoy conmocionada — dije tratando de convencerme más a mí que a él.
—Lo entiendo. Salgamos de aquí.
**
Alex me frotaba el brazo y acariciaba mi cabello mojado lentamente. Estaba tratando de hacerme dormir pero no lo lograba. La cama era cómoda, el ambiente estaba tranquilo, hasta la luz apagada me hacía sentir bien, solo no podía cerrar mis ojos.
—¿Crees que puedas dormir esta noche? — su voz estaba adormilada.
—Lo dudo. Tú debes de dormir, estás cansado.
—Si me duermo no podré protegerte — dijo besando mi cuello.
—Estás conmigo, ¿Qué más podría pedir? — dije girándome hacia él. A tientas buscó mis labios en la oscuridad y al encontrarlos depositó un suave beso.
Estaba segura de que Alex me quería y me quería mucho, solo que… ¿no era el suficiente amor para amarme? Eso me entristecía. Tenía que parar de ser paranoica con respecto a eso, era poco el tiempo que nos conocíamos, había pasado todo tan rápido entre nosotros y habían muchas cosas que resolver aun así… yo sentía que lo amaba, ¿por qué él no a mí?
No estaba hablando de ser cursi todo el tiempo, expresar nuestro amor de una manera empalagosa y derramar miel sobre las calles por las que transitábamos. Estaba claro que ese no era nuestro estilo, había formas de demostrarnos nuestro amor pero… yo sólo quería que me lo dijera, con una sola vez bastaría y yo tendría la certeza que él me ama.
—Duerme amor, estaré bien — palmeé su mejilla y sentí que asentía con la cabeza.
—Trata de dormir amor — susurró — Buenas noches.
—Buenas noches.
Alex no tardó en quedarse dormido, su respiración se volvió lenta y pausada, algo que me relajó. No sé en qué momento mis ojos se cerraron. De verdad estaba cansada pero el miedo cedió ante el agotamiento.
Holaaa!
Este capítulo es bastante intenso, escribirlo fue así y supongo que leerlo también ha de ser así. Fue bastante largo, a comparasión de los otros que he estado subiendo.
Si es que leyeron en mi perfil se dieron cuenta que ya estoy de vacaciones, deprimida pero de vacaciones al fin de cuentas. Voy a estar actualizando pronto y escribiendo mucho. Si esto cambia ya les haré saber que es lo que sucede.
Dedicación para: @k4tnissthegirlonfire porque me comentó en el primer capítulo y la noté muy emocionada, luego se la pasó leyendo y votando hasta alcanzarme :D Gracias por tu apoyo!!
¡Felices Vacaciones! (las que tengan, por supuesto) Nos leemos muy pronto (:
Adiós xoxo