La sonrisa de Reachell / Extra #1/3

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El sonido de piedrecillas siendo arrojadas a su ventana la despertó de su plácido sueño. Quitó la cobija que tenía en encima mientras maldecía por dentro, ya que últimamente Scott la había visitado a esas horas de la madrugada. Por lo general sólo era para pedirle consejos sobre cómo comportarse frente a una chica que comenzaba a gustarle. Ella le había dicho repetidas veces que no tenía la menor idea. Aun así, él insistía hasta que lograba sacarle un buen consejo. ¿Y por qué no la llamaba? Porque sabía que Reachell le cortaría la llamada en cuanto supiera que era él.

Otra noche para dar consejos, pensó con pesar mientras se dirigía a la ventana. Dio un rápido vistazo al reloj a lado de su cama: 2:58 a.m, un poco tarde para su habitual hora de llegar.

No era buena en ese tipo de cosas, y eso Scott lo sabía. Tal vez él seguía yendo con ella por el simple hecho de que era la única persona que quería y que tenía a su lado.

Al abrir la ventana, se llevó una gran sorpresa al darse cuenta que no era su primo, sino Adam.

—¿En serio, Adam? —preguntó seriamente antes de que él tirara otra piedrecilla. Adam la observó sin decirle nada.

Reachell se alejó de la ventana dejándola abierta para que éste entrara. Simplemente era extraño volverlo a ver después de casi un año. No se lo esperaba, y mucho menos a estas horas de la madrugada.

Segundos después Adam ya estaba dentro de su habitación. No tenía una mal apariencia, sino al contrario, estaba en perfectas condiciones. Tal vez con los músculos un poco más marcados a como recordaba, tampoco tenía ninguna cicatriz en su rostro. Aunque había una única cosa que permanecía exactamente de la misma manera desde que lo vio por primera vez: sus ojos. Seguían siendo igual de grises como una tormenta eléctrica. Tan fríos, indiferentes y únicos. Pero su mirada ya no era de odio y fastidio como antes, ahora parecía más... Normal. Y Reachell estaba cómoda con eso.

—Nunca he visto que uses esa ropa —dijo por fin señalando con el mentón la escotada blusa de tirantes y su pequeño short—. Se te ve bien.

—Son las tres de la mañana —habló segundos después dándose cuenta de la hora que marcaba su reloj, ignorando el cumplido y la observación de Adam—. ¿Por qué vienes a esta hora? Mis padres están durmiendo y Zarek está en la otra habitación.

—Gracias por la información, pero no vine a verlos a ellos —respondió acercándose a Reachell—. Sino a ti. Aunque siendo sincero, esperaba que me abrazaras y dijeras "oh, Adam. Te extrañé, ¿cómo has estado estos últimos diez meses?"

—Sigue esperando, no haré algo como eso.

Reachell se alegraba de verlo, no lo negaba. Pero llegar a esos extremos le parecía algo realmente estúpido.

—Por cierto, te traje algo —dijo sacando una pequeña caja de su bolsillo—. Eres la clase de persona anormal que no imagino lo que le gusta, así que compre algo por el mismo estilo.

Adam abrió la pequeña y plateada caja dejando a la vista un hermoso collar plateado con un dije de una cristalina quimera color púrpura. En ella se destacaba un águila con cuatro patas: las traseras eran de león y las delanteras de gallo. Sus alas eran mucho más gruesas, poseía orejas de lobo, en su pico sobresalían afilados colmillos y su cola era una larga serpiente dispuesta a atacar.

Es hermoso, pensó en cuanto lo vio, este chico no deja de ser un idiota, maldita sea.

—Me encanta —dijo levantando su mirada hacia él—. Es realmente raro.

—Lo sé —respondió con una sonrisa ladeada mientras sacaba el pequeño objeto de la caja—. Lo raro siempre resulta ser hermoso.

Y ésta vez, Adam no se refería al collar, sino a Reachell. Aun así, no quiso especificarlo.

Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora