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Al abrir los ojos, lo primero que vio fue el blanco techo de su habitación. Estaba tan impecable como recordaba. Sin telarañas o polvo.

No sabía cómo sentirse al respecto. Estar en su casa la hacía sentir una extraña sensación de incomodidad, como si no hubiera estado ahí por varios años y que lo que había sido suyo, ya no lo era más. Era como haber sido excluida y olvidada. Incluso ya no recordaba lo que era dormir en las cómodas sábanas de su cama, ni tampoco el silencio que emanaba en su habitación y mucho menos el ver nuevamente su escritorio lleno de libretas y lápices a medio terminar.

Quiso incorporarse, pero al hacerlo un intenso mareo se lo impidió provocándole que soltara un quejido.

—¡Reachell! —inmediatamente reconoció la voz de su madre de quien no se había percatado. Helen se aproximó a ella con el rostro desencajado de la angustia y se hincó en el suelo contemplando a su hija con los ojos llorosos— Oh, Dios. Estás bien. Estás viva. Creíamos que tú... Todas estas semanas sin que tu aparecieras...

—Estoy bien —respondió con un hilo de voz y observándola.

No lo dijo en voz alta, pero le parecía sumamente raro el cambio de actitud que ella había tenido últimamente. Pareciera que la capa de frialdad y perfeccionismo se había roto dejando ver a una mujer sentimental y preocupada. Reachell aún no se acostumbraba, seguía dudando sobre ciertas actitudes, ya que no era fácil confiar en la misma persona que le mintió durante años.

Sin querer admitirlo, le dolía que le hubiesen ocultado que tenía una hermana y que no había perdido la memoria en un accidente.

—¿Dónde estuviste? Zarek y... y tu primo Scott te trajeron hace unas horas —dijo sin estar segura en mencionar el nombre de "Scott"— Ninguno de ellos se veía bien. ¿Qué pasó durante todo ese tiempo?

Repentinamente la chica recordó el problema en que su primo estaba metido, también el mareo que sintió antes de caer, en como Adam la sujetó antes de que se impactara contra el suelo y su lucha inútil por zafarse de su agarre.

Los recuerdos llegaban a su mente uno tras otro con rapidez, juntándose hasta formar cada escena y acontecimiento de todo lo que pasó desde que salió de la casa de sus padres.

Ella no había podido salvar a Scott, su débil cuerpo no resistió y la abandonó dejándola en brazos de Adam. Pero si su primo no había logrado salir, ¿cómo es que su madre dijo que él estuvo aquí?

—Tengo que verlos.

—El doctor dijo que necesitabas reposo, Reachell. Cálmate —Helen le impidió levantarse lanzándole una mirada reprobatoria.

—Él no sabe lo que necesito —respondió quitando las manos de Helen de su pecho que le impedían bajar de la cama.

Agarró una bata de dormir que estaba puesta en la silla donde solía sentarse a escribir, e inmediatamente se la puso y salió de la habitación antes de que su madre la detuviera.

—¡Rechaell! —la escuchó gritar mientras le seguía el paso— ¡Reachell regresa! ¡Casi mueres y parece que no te importa! ¡No puedes actuar así cuando todavía estás delicada!

Cuando llegó el primer piso, Reachell chocó contra un cuerpo mucho más duro y grande que el de ella. Levantó la mirada y no se sorprendió al encontrarse con su padre que la miraba expectante sin poder creer que su hija estuviera ahí, viva y despierta.

—Reachell...

—Estoy bien —lo interrumpió tranquilamente—. Siento si te causé molestias.

Dicho eso no esperó ninguna respuesta y rápidamente caminó a la sala deseando que Scott y Zarek estuvieran ahí. No se había molestado en preguntar por ellos a sus padres, no quería decepcionarse cuando los escuchara decir que se habían ido. Mejor prefería decepcionarse por sus propios ojos. Mirar y darse cuenta que no estaban.

Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora