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Una mujer de cabello negro azabache y ojos oscuros como los de Adam, estaba de pie ante la entrada de su habitación mirándolos divertida con un cigarro entre los labios. Iba vestida con varias pulseras y aretes de aros, la ropa era extravagante con mucho brillo dejando bastante piel descubierta.

—¿Qué haces aquí? —Espetó Adam sujetando la mano de Liv mientras la escondía detrás de él.

—Ésta es mi casa, niño. Y cuida como me hablas, ¿de acuerdo?

—¿Mami? —La voz inocente de Liv interrumpió la respuesta de Adam.

La mujer sonrió divertida acercándose ufanamente a ellos con aquellas zapatillas de plataforma.

—Sí, Liv. Soy yo —respondió estirando su mano para tocarla, pero Adam la agarró con brusquedad.

—Ni se te ocurra —la amenazó entre dientes tratando de que Livvy no lo escuchara.

La mujer le lanzó una mirada asesina desapareciendo todo rastro de burla mientras se zafaba de su agarre.

—Adam, quiero ir con mamá —habló Liv tratando de alejarse de su hermano.

El chico se resistía a dejar que aquella mujer la tocara, pero al ver como su hermana radiaba felicidad por saber que su madre vino, la soltó.

Sus músculos estaban tensos y las venas exaltadas debido a la fuerza con que apretaba sus puños. Adam no disimulaba su odio hacia su madre, y no le importaba. Aborrecía a aquella mujer tanto como a cualquier persona.

Livvy estiró sus brazos y su madre la alzó con una sonrisa, abrazándola.

—¿Cómo estás, Liv? —Preguntó la mujer tiernamente— ¿Adam te ha cuidado? —y al decir eso, le lanzó una mirada burlona que lo hizo sentir culpable. Él sabía que con esa pregunta quería dar a entender otra cosa.

—¡Adam es el mejor! —Respondió efusiva alzando sus brazos— Siempre está conmigo.

Al escuchar eso, la mujer hizo una mueca de molestia que ocultó cuando Liv la abrazó nuevamente.

Duraron pocos minutos hablando e ignorando totalmente a Adam, como si no existiera ni estuviera mirando con evidente odio a su madre permaneciendo en silencio contando los segundos en que ella se fuera.

Después de reír y hablar juntas, su madre dejó a Liv en su habitación diciendo que tenía que "hablar" con Adam. Él se hubiera ido, de no ser que no quería provocar una discusión delante de su hermana.

Cuando regresó, el chico seguía con la misma expresión de odio e indiferencia hacia ella, lo cual le resultó divertido puesto que sonrió al verlo.

—Hijo mío —dijo con un suspiro sin quitar su sonrisa presumida—, ¿qué pretendes con llenar de amor a Liv? ¿Qué ella te perdone? ¿O simplemente que dejes sentirte culpable cada miserable día de tu vida?

—¿Qué haces aquí? —Espetó.

—Falta poco para navidad —respondió encogiéndose de hombros—. Y estoy por Liv.

—¿Desde cuándo te preocupa ella? Ni siquiera hiciste algo cuando tu hombre la golpeaba.

—¿Es eso lo que en verdad te molesta? ¿El que no haya hecho nada? ¿O que nunca haya mostrado preocupación por ti como lo hago con Livvy?

—En primer lugar, siempre te odié. Nunca me hizo falta tu cariño, así que no te creas superior diciendo que me molesta tu falta de preocupación por mí. Y prefieres a Liv porque es la única que te da el amor sincero que nadie te ha dado. Ni si quiera yo.

Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora