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La sala estaba sumida en un incómodo y eterno silencio desde que Ivana se había ido.

Adalia estaba intrigada por saber por qué aquel chico, Scott, no había querido que su madre le hablara a Robert. La expresión de ella al escuchar que el chico era hijo de su jefe, había sido de espanto y nerviosismo, como si tuviera al mismo presidente sentado en su sofá a lado de ella.

El parloteo de Ivana fue interrumpido cuando su celular comenzó a sonar con escándalo. Y para empeorar la situación, la llamada era de Robert Bernard.

Adalia había fingido no escuchar los gritos del jefe de su madre diciéndole lo tarde que era, pero un odio le recorrió toda la sangre de inmediato. Le habría encantado arrebatarle el teléfono para decirle todo aquello que se merecía.

—Tuve un problema —había dicho Ivana al teléfono cuando Robert le pidió una explicación.

—¿Ah, sí? ¿Qué tan importante es ése problema como para que no hayas llegado hace media hora?

Ivana miró a Scott quien negó con la cabeza, dando a entender que no dijera dónde se encontraba.

Adalia observó a ambos pero detuvo su mirada en el chico. Parecía aterrorizado y sus ojos estaban llenos de pánico, se sorprendió de verlo así cuando hace unos segundos sonreía.

Su madre no sabía qué decir, se encontraba en un grave dilema y eso provocaba que las palabras se le trabaran en la garganta. Scott parecía rogar en silencio que no dijera nada, la expresión de súplica hizo que Adalia le dijera con señas a su madre cuando ésta la miró, que no dijera nada.

—El auto se descompuso —dijo por fin con la voz temblorosa—. Llegaré de inmediato.

Ni si quiera hubo tiempo de dar o pedir explicaciones, ya que Ivana salió como alma que lleva el diablo.

Scott parecía más tranquilo y relajado. Observaba con atención a Adalia, quien se encontraba en el otro sofá leyendo un libro.

—¿Lees lento o finges leer? —Preguntó de pronto el rubio con una sonrisa divertida.

Adalia levantó la vista del libro con incomodidad. Sabía que llevaba varios minutos en la misma página. La verdad era que no se podía concentrar, sus pensamientos estaban llenos de preocupación por Scott y sus padres. Había agarrado el libro para estar ocupada en algo y así evitar algún tipo de conversación con él.

Ella podría ser divertida y malhumorada con sus padres, hablaría demasiado y con rapidez, pero con otras personas era difícil. Se ponía nerviosa temiendo decir algo inadecuado o estúpido, así que sólo se limitaba a guardar silencio.

Abrió la boca para responder pero de inmediato la cerró. No fue capaz de pronunciar las palabras. Sentía que se ahogaba con sus propios nervios y con las miles de respuestas que podía decir, y eso Scott lo notó ya que soltó una carcajada.

Adalia lo miró desconcertada y pensando si estaría loco.

—No puede ser que te ponga nerviosa cuando hace un momento me señalaste y dijiste algo sobre la ropa.

La chica tragó saliva y desvió la mirada de él. Cerró los ojos dando un suspiro para tratar de calmarse y tener una plática normal como la mayoría de la gente.

—E-era... de mi hermano —respondió sin verlo y en un susurró que dudó que Scott la hubiera escuchado.

Tenía una voz suave y delicada, era aguda pero no irritante. Como una hermosa melodía que se escucharía todo el tiempo.

—¿Le molesta que tomen sus cosas sin permiso? Está bien. Puedo quitármela.

—No, no importa —dijo con dificultad y con la voz temblorosa— Él... él está muerto. Así que...

Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora