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La habitación estaba totalmente oscura, la única iluminación era la débil luz lunar que penetraba por la ventana. Seguía siendo madrugada y él estaba frente a la computadora leyendo frases de asesinos aunque ya se las supiera de memoria. Adam solía hacer esto cuando no conseguía dormir, y ésta vez se debía a que deseaba desesperadamente los relatos de Reachell tanto como necesitaba asesinar.

La única obsesión que había tenido durante toda su vida -además de asesinar y las frases de asesinos-, fue Leyla. Ella había sido todo para él, incluso su hogar. Pero ya no estaba ahí.

Sin embargo, el día que se robó aquella sucia y polvorienta libreta y comenzó a leerla, sintió como si Leyla rozara su piel acariciándolo con suavidad. Fue como tenerla nuevamente durante un breve momento.

Los relatos de Reachell habían despertado algo en Adam, pero no entendía qué. Es como si sus escritos hubiesen sido dirigidos sólo a él. Cada palabra definía perfectamente la sádica trama que logró sorprenderlo, y más aún los detalles tan explícitos que relataba.

Hacía tanto tiempo que no leía frases, regularmente las pensaba durante el día pero cuando estaba ansioso o necesitaba de algo, lo único que podía calmarlo era sentarse frente al computador y leer lo que ya sabía de memoria.

Sin que él lo pensara, un nombre salió de sus labios. Se escuchó como un suave susurro lleno de súplica.

—Reachell...


~~~~~~*~~~~~


Estúpido Adam.

Esas dos palabras no dejaban de dar vueltas en su cabeza desde que el chico había ido a verla, y gracias a ello seguía sin poder conciliar el sueño.

Desde siempre Reachell jamás había podido continuar durmiendo una vez que alguien la despertaba. Algo molesto, según ella, porque tenía que encontrar algo en lo qué entretenerse.

Sentía una rabia hacía Adam por haberla despertado porque gracias a él no podría dormir en lo que restaba de la madrugada, así que no tenía nada por hacer más que esperar a que amaneciera para ir a la escuela. Y no sólo lo odiaba por eso, sino también por las condiciones en que la había puesto.

La chica era orgullosa y nunca permitía que alguien que no fuera su familia la controlara. Y nadie lo había hecho, hasta que llegó Adam.

Era el peor ultimátum en la historia de los ultimátum. No quería hacer lo que él le pedía pero tampoco quería vivir con sus tíos. Toda su familia la consideraba una extraña no deseada, alguien de quien alejarían a sus hijos para no tener relación alguna.

No quería admitir que había perdido ante un imbécil que le parecían geniales sus relatos, lo cual era raro ya que su padre dijo que eran una porquería y ella pensaba lo mismo desde que inició a escribirlos. No se consideraba una escritora, simplemente lo hacía porque sentía la necesidad de expresarlo.

Pero a Adam le habían gustado, y no entendía el por qué.

Tal vez lo más extraño no era por qué a Adam le habían gustado, sino por qué había dejado una libreta con aquellos relatos en el garaje si ella siempre quemaba cada libreta una vez que terminaba las hojas... Al menos de que no haya terminado las hojas. Aun así, no recordaba haber puesto nunca algo suyo ahí. Y de eso estaba segura.


~~~~~~*~~~~~


Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora