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Adam se encontraba debajo de la ventana de Reachell vestido con jeans negros, vans y capucha del mismo color. Se mezclaba perfectamente bien con la noche que era imposible identificarlo. No eran más de las dos y media de la mañana, pero ahí se encontraba él tirando pequeñas piedrecillas a la ventana de la chica.

No había podido dormir desde que se robó aquella libreta con pequeños relatos sádicos y misteriosos, la cual terminó de leer en menos de unas cuantas horas quedando totalmente enganchado.

Había pensado en ir a buscar a Reachell para tener más de sus escritos, sin embargo la idea de volver a verla no le agradó por lo que decidió leer repetidas veces la libreta hasta que después de dos días no pudo resistirse más.

Tenía ganas de seguir leyéndola que no pudo luchar contra sus deseos olvidándose así lo desagradable que ella pudiese llegar a ser.

Sabía que eso lo delataría poniendo en riesgo que ya no enseñara nunca a su hermana a tocar el piano, pero sólo por una vez él había dejado de pensar en Liv para él tener algo, una única vez. Y era ésta.

Siguió lanzando cada piedrecilla sin que ella diera señales de estar despierta, pero no se iría de ahí sin que le prometiera darle más de sus escritos.

Minutos más tarde después de varios intentos ella abrió la ventana y se asomó. Adam notó que a pesar de estar obscuro, la luz de la luna hacía brillar sus verdes ojos y también ver que su cabello castaño estaba completamente desordenado. Un estilo que no le quedaba mal.

—¿Qué quieres? Trato de dormir, ¿sabes? Y tus estúpidas piedras me lo impiden.

—Déjame entrar —respondió sin demasiada importancia.

Reachell lo miró secamente para luego retirarse de la ventana sin responder.


~~~~~~*~~~~~


La castaña esperó sentada en su cama, ya que si quería entrar podía hacerlo por la ventana. No pensaba bajar y recibirlo como a un agradable invitado ofreciéndole algo de beber o su abrigo para colgarlo. Esperaría cinco minutos, y después volvería a cerrarla.

Se llevó una gran sorpresa al ver que apenas llevaba unos segundos sentada, Adam ya había entrado haciendo nada de ruido.

—Parece que tienes experiencia entrando a casas ajenas —dijo estudiándolo con la mirada sin moverse de su lugar.

—No lo niego, también sé abrir cerraduras y seguros. Podría asesinarte ahora mismo si quisiera. O en cualquier momento —respondió mirándola a sus ojos y recargado junto a la ventana.

Reachell vislumbró el poco brillo lunar que entraba en la habitación sobre los ojos de Adam haciéndolos casi negros, pero visibles. Lo suficiente para identificar una tormenta eléctrica en ellos.

—Pero no lo harás. No te creo tan estúpido como para tocar mi ventana con piedras si vinieras a eso.

Adam la miró de pies a cabeza como si quisiera guardarse cada detalle e imperfección que ésta tuviera. La chica se dio cuenta y se puso de pie bruscamente interrumpiendo los pensamientos del chico.

—¿Sólo vienes a verme? ¿No tuviste suficiente hace días?

—Quiero que escribas para mí —dijo segundos después en una forma que no podría considerarse un favor, sino una orden.

—Sí, claro. ¿Quién te crees, por cierto? Sal de mi habitación. Ahora. O el único asesinato que habrá será el tuyo.

Adam negó con una media sonrisa y la chica se sorprendió de ello –sin embargo, no lo demostró-. Nunca lo había visto sonreír, ni siquiera un poco. Tampoco lo imaginó hacerlo.

—Robé una libreta que estaba abajo. La leí y me gustó. Supongo que era tuya, tenía tu nombre. Así que quiero que escribas para mí.

—Eres un imbécil. Largo. Son las tres de la mañana, por si no sabías.

—Creí que montarías ese espectáculo de niña avergonzada por haber leído su diario. Además, dicen que las tres es la hora maldita y...

—Sí. Eso explica tu presencia aquí —lo interrumpió para segundos después replicar—: Lástima. Estoy molesta, no avergonzada. Y no es un diario, es una mugrienta libreta con escritos de mierda.

—Tus "escritos de mierda" me impidieron dormir. No volveré a repetirlo: Escribes para mí o...

—¿O qué? ¿Me matarás? Haz lo que quieras, pero vete de aquí.

Adam dio un paso hacia ella acortando la distancia entre ellos, encontrándose tan cerca de Reachell que podía sentir su cálido cuerpo y su fría respiración en su rostro.

—Veo que te da igual si te mato o no, y así no es divertido. Mataré a tus padres, entonces.

Si Adam era realmente un asesino o no, la tenía sin cuidado. Para ella sólo era un chico psicópata tratando de manipularla e intimidarla. Un tipo estúpidamente arrogante e ingenuo. Nadie a quien temerle.

—No son mis personas favoritas —repuso desafiante sin cambiar su rostro inexpresivo.

—Reachell, conozco cosas. Sé que si mato a tus padres todo su dinero -lo cual es bastante- no caerán en tus manos. Estoy seguro que no irás a un orfanato, tienes tíos y abuelos que cuidarán de ti, pero de seguro te aborrecen tanto como tú a ellos, ¿no es así? Eres como una hoja marchita y rota en medio de un bello jardín. Así que piénsalo bien y dime, ¿escribirás para mí y nadie más? ¿O ahora mismo atravieso esa puerta y asesino a tus padres? Te advierto que mi paciencia no es mi virtud.

Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora