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No te tengo miedo, Adam.

Las palabras de Reachell seguían dándole vueltas repetidas veces en su cabeza. Fueron aquellas mismas palabras dichas por Leyla cuando le confesó quien era en realidad; quien era su verdadero yo. Y en ese momento, algo se rompió en él. Nuevamente.

—¿No lo entiendes? Soy un maldito monstruo. Un Fenómeno. Una bestia que te terminará haciendo daño...

—No te tengo miedo, Adam. Y si eso es lo que temes, entonces cuidaré de que no lo hagas. Confío en ti.

No lo hagas, Leyla. Es lo peor que puedes hacer.

Ella no pareció escuchar sus palabras, simplemente se limitó a sonreírle con tranquilidad mientras lo envolvía en un acogedor abrazo. Adam no recordaba sentirse nunca tan lleno de miedo y culpa al mismo tiempo.

La única diferencia era que Reachell lo dijo con frialdad y desafiándolo. En cambio, Leyla fue tierna, e incluso amable. Era diferente situación, sin embargo de igual manera sus palabras impactaron cortando de nuevo las heridas que habían comenzado a cicatrizar.

Escuchar las palabras que alguna vez dijo la persona que más había amado le dolía de formas inimaginables, y más aún si esa persona estaba muerta, o peor, asesinada por sus propias manos.

Recordar a Leyla dolía.

Adam se encontraba acostado en la cama de su habitación con una pequeña libreta que se había llevado de casa de Reachell. Aún no la había abierto y se preguntó si ésta se habría dado cuenta, ya que estaba ocupada enseñándole a Liv a tocar el piano que dudó que así fuese. Además, no creía que notara que faltara algo, pues la libreta estaba cubierta de polvo y con pequeños insectos que él ya había quitado. Pareciera como si no la hubieran usado desde hace mucho tiempo.

Más tarde, por fin se decidió a abrirla y comenzar a leerla. Eso provechando que Liv seguía en la escuela.

~~~~~~*~~~~~

—¡Hey, Reachell! —Una voz masculina llamó a la castaña.

Al girarse, no se sorprendió al ver a Dean.

Durante unos segundos lo miró esperando a que hablara. Nunca había sido de su agrado cualquier chico de su instituto, le parecían igual de aburridos y sin chiste, no había nada en ellos que le llamara la atención ni tampoco nadie le prestaba atención a ella. Excepto Dean, que desde el primer día no paraba de ir tras ella.

—¿Podría... podría acompañarte a tu casa después de salir? Tenemos la última hora juntos así que... —dijo apagando su voz poco a poco con cierto nerviosismo hasta convertirla en un silencio absoluto.

Los ojos verdes de la chica lo estudiaron un momento y se preguntó qué fue lo que le llamó su atención de ella.

Él era más alto, su piel tan pálida que sus venas resaltaban y mucho más debido a su cuerpo fornido; no parecía que se peinara, sin embargo su cabello cobrizo y lacio no se le veía mal. Sus ojos podían ser grises pero no tanto como los de Adam. Era como si los de Dean apenas comenzaran a nublarse pero en los de Adam ya se había desatado la tormenta.

—Puedo irme sola —respondió sin molestarse en ser amable u hostil.

—Pero quiero... ir contigo.

Reachell soltó un suspiro.

¿Por qué los chicos se empeñaban en acompañar a chicas a cualquier parte que fuesen? No le agradaba. Siempre había estado sola y eso nunca la había molestado. Y al parecer, nunca se rendían. Dean siempre había buscado múltiples excusas para estar con ella y nunca lo había conseguido.

Adam [¡DISPONIBLE EN FÍSICO!]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora