Capítulo 1

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Suspiro mientras escucho el canto de los pajaros y siento la brisa mover mi cabello.

-Morgiana, - me llama mi madre- Tu abuela está enferma otra vez ¿Podrías llevarle ésta canasta?

-Como desees, madre. - le respondo y me bajo de la roca.

-No te detengas, no hables con extraños, - comienza mi madre- Y si escuchas un sonido extraño o ves a el lobo, corre.

-Sí, madre he ido al bosque miles de veces, - aclaro- Además tengo diecisiete años, se cuidarme sola- le sonrío.

-Lo sé, cariño, - se acerca me acaricia la mejilla y me sonríe- Sólo me preocupo por tu seguridad, - me sube el gorro de la capa roja- Mi Caperucita roja.

Sonrío al escuchar mi apodo saliendo de sus maternales labios.

Agarro la cesta y me coloco bien la capa roja, arreglo mi vestido blanco y me observo al espejo.

Lo que refleja es a una chica de piel blanca, cabello castaño, ojos marrones y cuerpo normal, nada exuberante.

-Me voy, - aviso con la sonrisa aun plasmada en mis carnosos labios- Probablemente me quede a dormir en casa de la abuela, no me esperes.

-Está bien, cariño, - responde desde la cocina- Ten cuidado, te quiero.

-Y yo a ti, mamá. - sin más palabras que intercambiar, salgo.

Los caminos de tierra están cubiertos de hojas secas de variedad de colores como: café, naranja, amarillo y rojo haciéndolo todo un paisaje, con sonidos agradables incluidos, el crujir de las hojas secas bajo mis zapatos, los pájaros cantando sus conversaciones y el suave aleteo de las delicadas mariposas.

Bajo las pequeñas gradas hechas de roca y me alejo de mi casa. Camino hacía dónde se encuentra una apertura en una valla que separa la villa y el bosque, junto a ella unas palabras escritas en la madera.

«Precaución usted está entrando al bosque»

La paso con cuidado y respiro el aire del bosque dejando que purifique mi alma, sigo el sendero de tierra que se forma de manera natural, me puedo el bosque de memoria cada árbol que se encuentra enfundado hasta la raíz.

Sin que mi madre se diese cuenta siempre me escapaba de la casa para poder recorrer el bosque y jugar con los animales, por lo que sé que el trayecto a la casa de mi abuela debería tomarme alrededor de una hora pero quiero pasar a un campo de flores silvestres que queda de camino, hace tiempo que no lo visito y sería un buen detalle para mi abuela.

Sonrío ante la idea y me apresuro dejando que el viento golpee mi rostro y algunas ramitas rasguñen mi pálida piel pero eso no me detiene, ni siquiera que mi pelo me pegue pequeños latigazos o bueno así lo siento yo.

Tropiezo con una rama aunque me logro recomponer antes de caer al suelo, me detengo y casi obligo al aire a salir y entrar en mayores cantidades hacia mis pulmones se siente casi como si quemará, estoy jadeando y me apoyo en un tronco de árbol, vaya poca resistencia la que tenía, se cansaba con una pequeña carrera.

Abro la canasta y veo lo que mi madre le manda a la abuela.

Un pastel de manzana, un pan, miel de abeja, manzanas, fresas y una botella con agua, veo dos notas.

Agarro la que tiene mi nombre, la abro y la leo: « la botella con agua es tuya, no la desperdicies pues tienes un largo camino por recorrer, también puedes agarrar una manzana si te da hambre en el camino» «Con cariño, Mamá» sonrío y agarro la botella con agua dándole unos tragos asegurándome de dejar bastante para más tarde.

Me acuesto en el césped y suspiro, siento mis párpados pesados y mi respiración ya está normalizada, aferro la canasta y me dejo caer en el arrullo del sueño.

______

Escucho un crujido de una rama y abro un poco un ojo, no veo nada y vuelvo a cerrar el ojo deseando dormir más.

Siento una pequeña brisa y inhalo profundo detecto un olor cítrico, combinado con olor a pino y suspiro de satisfacción, siento como una pequeña sonrisa se forma en mis labios y me remuevo hasta estar cómoda de nuevo.

Recuerdo este aroma y no sé de dónde pero me calma el alma, siento una pequeña caricia en la mejilla y sólo difruto el tacto y el olor cuándo debería estar escandalizada.

La caricia se aparta rápidamente al igual que el olor a cítricos y pino, tengo ganas de gruñir en respuesta pero sólo logro abrir un poco los ojos y no veo nada.

Pero siento un aliento caliente atrás de mi, me tenso, una mano se aferra a mi cadera y la peste de su aliento me llega.

-Caperucita- susurra y mi miedo se intensifica.

El Leñador




¡¡Hola!!

Esta es mi versión de Caperucita Roja, ya no recuerdo muy bien cómo se me ocurrió en esta retorcida y hermosa mente.

Espero que les gustará pueden hacermelo saber votando, comentando o incluso pueden seguir mi perfil.

¡¡Buen día!!

Caperucita Roja Y El Lobo [Editada] ¡Lee esta historia GRATIS!