Episodio 2

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Catia se pasó varios días pensando en aquel chico. Quería preguntarle a Magnus si los había invitado o si los conocía pero sabía que no le diría nada, además si se lo comentaba sabía que no la dejaría volver a salir sola. Últimamente se había vuelto más protector, probablemente porque habían empezado a cazar brujos.

Cuando una mañana le dijo que unos cazadores de sombras le habían invitado a una fiesta, no dudó en acompañarle.

-Ni hablar. Te quedaras aquí y practicarás con tus hechizos. Estás muy distraída estos días, y espero que la única razón sea por la desaparición de Presidente Miau

-No estoy distraída. Es solo que ...- Catia desvío la mirada y empezó a morderse las uñas, signo de que se estaba poniendo nerviosa -Estoy harta de estar aquí encerrada. Además, si estoy contigo estaré mas protegida que aquí sola.

Magnus la miró entrecerrando los ojos como si intentara mirar a través de ella.

-Está bien, pero me dejarás elegir tu ropa -y antes de que Catia dijera nada, añadió -como a mí me gusta.

-¿Eso implica purpurina, lentejuelas y muchas cosas brillantes?- dijo preocupada

Magnus río divertido y se fue a su dormitorio.

Catia llevaba 10 años viviendo con el brujo. Su familia y Bane siempre habían sido muy cercanos, y cuando el señor y la señora Whitemore fueron asesinados, Magnus sintió el deber de cuidar de la niña. Al principio fue difícil para ambos. Magnus no tenia experiencia con niños y Catia nunca salía de su cuarto. Se pasó una semana sin comer ni beber nada.

Cuando pensó que todo estaba perdido se le ocurrió una idea. A través de Presidente Miau le llevaba hechizos simples todos los días creando un pequeño portal para que el felino entrara y saliera de la habitación. Cada tarde el gato volvía de un color diferente y con un atuendo nuevo.

Poco a poco Catia se iba recuperando. Se centraba en su magia y en perfeccionar sus hechizos. Magnus sabía que la chica era poderosa y llegaría a ser una gran bruja, pero encerrada en su cuarto no conseguiría mucho. Un día dejo de enviarle al gato. Esperó un día, dos días. Al tercero decidió salir del apartamento y comprar algo de comer.

Cuando volvió, Catia estaba sentada en un sillón con Presidente Miau entre sus piernas y un libro de hechizos en sus manos. La puerta de su cuarto seguía cerrada pero al lado había un portal abierto. Sonriendo le ofreció las galletas que le había comprado.
Desde entonces allá donde fuera Magnus, Catia iba con él. Realmente eran como padre e hija

-¿Catia?- Catia se dio cuenta de que se había quedado de pie en medio del salón.

-Salgo a comprar algo para esta noche - dándole un beso en la mejilla a Magnus salió hacia la calle.

Mi Guerrero (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!