Episodio 3

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Catia fue a una de sus tiendas favoritas en el centro de la ciudad. Era una pequeña boutique que a ojos de un mundano parecía una tienda cualquiera. Lo verdaderamente interesante estaba en la trastienda. Atravesando un estrecho pasillo iluminado con luces de neón azules llegabas a una enorme sala.

De las paredes de color salmón colgaban cuadros de diferentes lugares del mundo; lámparas de araña colgaban del techo y suave música animaba la tienda. Ropa de todos los colores y de todos los estilos estaban distribuidos por todas partes.
La tienda nunca estaba vacía: hadas, hombres-lobo e incluso algún que otro nephilim siempre estaban allí.

La dependienta, una chica de piel violeta con cola de caballo y piel escamosa, la saludó desde detrás del mostrador donde había amontonados varios cofres y frascos que contenían desde líquidos hasta animales exóticos.

Catia se acercó a una pared donde había colgados varios collares y adornos para el pelo. Escogió una horquilla con forma de pluma que le llegaba desde la oreja hasta la raíz del pelo y una pulsera con forma espiral de un cobre brillante.

- Vaya, no sabía que alguien que viniera aquí supiera de complementos. Excepto yo, claro

Catia se giró y vio a la chica morena del Pandemonium. Echó una ojeada rápida a la tienda

- Tranquila, vengo sola -digo cogiendo un vestido -por cierto, soy Izzy -una hilera de dientes blancos asomaron por su sonrisa

- Catia

- Antes de que se me olvide, gracias por lo del demonio del club. Sé que fuiste tú. Debería de decirlo mi hermano ya que fue a él a quien le salvaste la vida, pero no creo que se lo oigas decir. Aunque podrías intentarlo, está esperándome fuera.

«Vale. Entramos en pánico. ¿Y ahora qué hago? No me lo quiero encontrar pero tampoco puedo quedarme aquí todo el día. ¿O sí? Venga Catia, céntrate»

- ¿Hola? ¿Me estás escuchando? -cuando Catia volvió en sí, dejó de morderse las uñas e intentó parecer lo más normal posible.

- Sí, sí, perdona. Oye tengo que irme

Cogió todo lo que necesitaba y se fue al mostrador. La dependienta le acercó el libro de pagos. Catia firmó y le dio un frasco de sanguijuelas amazónicas. Metiendo las cosas en una bolsa se fue hacia la puerta. Alguien pasó por su lado. Olía a pino y menta

- Izzy, venga. Llevo una hora esperando fuera. Coge lo primero que veas y vámonos.

- Por favor, no vuelvas a decir eso delante mía, hermano. Me haces daño

Catia se paró justo en la puerta y se giró el tiempo suficiente para ver al chico del arco de nuevo. Cuando vio que Izzy la saludaba, giró sobre sus talones y salió de allí tan rápido como pudo

- Esa chica un tanto rarita es la que te salvó la vida cuando conocimos a Clary, ¿sabes? -fue lo único que alcanzó a oir.

Mi Guerrero (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!