Episodio 4

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Cuando llegó al apartamento después de comprar, Magnus la llevó sin decir nada al dormitorio. En un abrir y cerrar de ojos le había puesto el vestido que le había comprado, peinado y maquillado.

- Wow -fue lo único que alcanzó a decir mientras se miraba en el espejo. El vestido era perfecto: negro, escote con forma de corazón y espalda descubierta. Llevaba los ojos pintados con un eyeliner negro y una sombra de ojos de purpurina rosa le cubría los párpados. El pasador con forma de pluma que se había comprado le aguantaba el pelo ondulado haciendo que éste le cayese hacia el otro lado. Se veía impresionante.

- Lo sé, soy genial -dijo Magnus mientras se terminaba de pintar las uñas.

- Es que...wow... Pensaba que me obligarías a ir conjuntada contigo, que tendría que llevar esas chaquetas tan... -miró la vestimenta de Magnus buscando la palabra adecuada -llamativa.

- Querida, a NADIE le queda esta ropa mejor que a mí. Sólo yo puedo llevarla con estilo y elegancia. No creo que alguien sepa...

- Vale, vale. Te he entendido -dijo Catia entre risas- ¿nos vamos?

Magnus le ofreció su brazo para que lo agarrara y juntos se dirigieron a la fiesta.

Cuando llegaron el local ya estaba lleno de gente. Se abrieron paso por entre la multitud hasta llegar a unos sofás apartados en el fondo.

- Voy a por algo de beber -le dijo al oído a Magnus.

- Ten cuidado.

Catia asintió y volvió a sumergirse entre los cuerpos sudados de adolescentes ebrios. Cuando por fin consiguió llegar hasta la barra le hizo al camarero una seña para que se acercara.

- Ponme una bebida tropical con dos gotas de néctar -dijo mientras le mostraba al camarero sus ojos gatunos de un azúl eléctrico.

El camarero le sonrió mostrando unos dientes afilados y una lengua bífida asomó brevemente. Mientras esperaba a que le trajeran la copa, un chico se apoyó en la barra a su lado mirándola.

- ¿Sabes? He hecho una apuesta con un amigo. Si no puedo conseguir tu número de teléfono tendré que bailar desnudo en medio de la calle.

- Pues más vale que empieces ahora que hay poca gente

- Por favor, ayúdame. No querrás que me congele ahí fuera, ¿verdad?- miró a Catia con lo que él pensaba que era una mirada seductora e irresistible. Catia no puedo hacer otra cosa que soltar una carcajada. Cuando el chico vio acercarse al camarero, se aceró más a Catia y empezó a hablarle al oído.

- Me gusta mucho tu vestido

- Me da la impresión de que no lo has entendido, así que te lo voy a dejar bien claro. No me interesan ni tú ni tus patéticos intentos para ligar. así que hazme un favor y vete de aquí.

Cuando fue a coger la bebida el chico siguió hablando sobre lo guapa que estaba y la cara que se le quedaría al amigo cuando los viera juntos bailando. Ella, ignorándolo, dejó el vaso en la barra y buscó a Magnus con la mirada pero no le encontró, asi que decidió ir a ver dónde estaba. Cuando estaba dándole un último sorbo a la bebida antes de irse, se dio cuenta de que la bebida tenía un color diferente y estaba más dulce. Entonces todo empezó a darle vueltas y a ponerse borroso. Y cuando vio la sonrisa en la cara del chico que la había agobiado se dio cuenta de que la había drogado.

- Te veo mala cara. Mejor te acompaño fuera

- Serás...- empezó a decir, pero sus piernas dejaron de mantenerla en pie y se precipitó al suelo. El chico la agarró justo a tiempo y le hizo una seña a su amigo para que le ayudara.

Mientras la llevaban ¨caballerosamente¨ a la calle, Catia intentó dar con Magnus, gritar su nombre y hacerse oir por encima de la música pero estaba tan mareada que no podía mantener los ojos abiertos. Intentó hacer magia pero tampoco lo consiguió. Antes de salir por la puerta escuchó a alguien gritar ¨cuidado¨ y, con todas sus fuerzas, respondió gritando ¨Magnus¨ esperando a que alguien la oyese.

Cuando ya estaban en la calle, la llevaron hasta un coche aparcado en la acera. Catia intentó salir corriendo pero sus piernas estaban tan débiles que tropezó y se cayó al suelo. De repente una flecha salió disparada y se clavó en la rueda del coche, desinflándose.

Todo se quedó en silencio.

- ¿¡Quién ha sido!?- gritó uno de los chicos

Una sombra saltó desde el tejado del club hasta el suelo.

- Tú... - murmuró Catia al ver al chico del arco de Pandemonium. Esbozó una leve sonrisa, no sabía si de alivio porque la había salvado o de alegría de volver a verle.

- Suéltala -dijo calmado pero con otra flecha ya cargada en el arco

-¡Tío estás loco!

El shadowhunter alzó el arco apuntando al chico, pero el amigo le embistió sin que le viera venir. Mientras ambos se peleaban en el suelo Catia fue a correr hacia el arquero para ayudarle pero el chico que la había drogado se tiró encima suya e intentó meterla en el coche. Haciendo uso de su magia, lo que la dejó mareada, dejó al chico inconsciente.

Cuando el shadowhunter hizo lo mismo con el otro, fue rápido a ayudar a Catia a levantarse.

-¿Estás bien?- le preguntó con una leve preocupación en el rostro.

- No lo sé. ¿Es normal que vea todo borroso menos a ti?- contestó mirándole a los ojos, que ahora que se fijaba se dio cuenta de que los tenía azul oscuro - Preciosos -murmuró.

-¿Qué?

Mientras se aseguraba de que podía mantenerse en pie, Izzy y dos más a acercaron corriendo.

-¿Qué ha pasado aquí?- preguntó Izzy

- Unos tíos intentaban llevársela pero no han acabado muy bien -dijo ésto mientras señalaba a los chicos que aún seguían tendidos en el suelo -Por cierto, ¿dónde está Bane?

-¿Magnus Bane?¿Le ha pasado algo?¿Dónde está?- preguntó Catia horrorizada.

- Estabamos hablando con él y nos atacó un miembro del Círculo. Le matamos pero Magnus se fue por un portal. Nos dijo que te protegiéramos
- contestó la morena.

- Espera, ¿tú eres Catia Whitemore?- el chico de cabello rubio que había llegado con Izzy la miró de arriba a abajo intentando creérselo.

Catia sintió cómo el arquero se tensaba a su lado y se separaba un poco de ella, pero le daba igual. Sin perder más tiempo se alejó de todos ellos un poco y abrió un portal para ir a la guarida del brujo, pero no podía atravesarlo. Lo intentó una y otra vez pero sin éxito. Era como si el otro lado al que quería llegar estuviese cerrado a cualquier persona que intentase llegar hasta ahí a través de un portal. Si no podía pasar por el portal para llegar a Magnus era porque los seguidores de Valentine ya estaban allí, lo que significaba que los habían encontrado y que mataría a cualquier brujo que se interponiese en su camino, incluido Bane, y ella no lo iba a permitir.

-¿Alguno sabe conducir?

- Yo -respondió la pelirroja insegura

- Pues subid al coche. Vamos a la guarida de Magnus -y se puso a rebuscar en los bolsillos de los chicos aún inconscientes las llaves del coche.

-No podemos ir. Nos dijo que pasase lo que pasase no te llevaramos allí, que estarías en peligro y él no quería eso -dijo Izzy intentando convencerla, pero sabía que no lo conseguiría.

Catia se paró en seco. Pensó en Magnus, el único que la había cuidado durante todos estos años, el único que realmente se había interesado por ella sin querer nada a cambio tirado en el suelo muerto. Rápidamente quitó esa imagen de la cabeza, e intentando mantenerse serena se giró hacia los cuatro chicos y los miró uno por uno.

- Mirad, sé que buscáis a Magnus y necesitáis algo de él. Yo tengo que ir a ayudarle y soy la única que sabe dónde está. Todos queremos lo mismo, así que os sugiero que os subáis al coche y nos vayamos ya de aquí -Catia iba perdiendo la paciencia con cada palabra. Cuanto más tiempo pasaban allí discutiendo menos posibilidades de salvar al brujo.

- Está bien, vámonos -dijo finalmente el rubio.

Mi Guerrero (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!