Episodio 9

1.4K 101 11

Entraron en el apartamento de Magnus a trompicones. Simon y Clary llevaron a Luke al sofá mientras Catia, apenas teniéndose en pie, se apoyaba en la estantería para coger aire. Podía escuchar al lobo desvariar y llamar a una tal Jocelyn y también pudo ver cómo el color de sus ojos se volvía de un verde brillante. Magnus consiguió calmarlo rápidamente y mientras se metía en la cocina para preparar algún tipo de remedio, Clary, Simon y Catia se encargaron de vendar las heridas del lincántropo.

- Tú también deberías curarte esas heridas antes de que se infecten -le dijo Simon a Catia mirándole de forma extraña los cortes que se había hecho peleando con aquel brujo. Ella le esbozó una leve (muy leve, casi imperceptible) sonrisa y se sentó en el suelo con la espalda apoyada en el sofá. Cerró los ojos y dejó que la voz del mundano hablándole a Clary se hiciera cada vez más lejana hasta convertirse en un leve murmullo. Hasta ese momento no se había dado cuenta de que su corazón latía tan rápido que parecía se le iba a salir del pecho. Le costaba un poco respirar bien e intentó tranquilizarse.

Sintió un cosquilleo en el brazo derecho y al abrir los ojos vio a Magnus pasar sus manos envueltas en llamas azules por sus heridas. Se podía notar que estaba un poco preocupado (lo estaría muchísimo más si supiera cómo se hizo exactamente esas heridas). Cuando terminó, fue hacia Clary para seguir preparando la poción que necesitaría.  Catia también se levantó como pudo y se colocó al lado de Clary para ver cómo estaba Luke.

- ¿Qué falta para el antídoto? -oyó decir a Jace, percatándose de que estaba ahí.

- Oye, yo me ocupo -respondió Simon.

- Ojos de fénix, sal lun... -Catia dejó de escuchar la voz de Magnus y contemplaba la escena ante ella como si fuese una película muda. Una punzada de dolor repentina en la cabeza la hizo tambalearse un poco y agarrarse al brazo de Clary como reflejo. Ella la miró y, preocupada, le dijo algo que no llegaba a escuchar.

- ... a alguien, y tú sobras -oyó decir a Jace cuando volvió en sí.

- Oh, por el amor de dios. Callaos y vámonos ya -Catia se dirigió hacia la puerta con los dos tortolitos peleones detrás.

-----x-----

Aparcaron el coche cerca del sitio donde se encontraba el contacto de Jace. En el camino, por supuesto, Jace y Simon empezaron a pelearse otra vez. Todo a Catia le pareció divertido hasta que el mundano le quitó la estela al otro y se la puso en el cuello.

- Bueno, bueno, ya está bien -dijo separándolos- se supone que estamos aquí para salvar al amigo de la pelirroja, no para ver quién es el más macho de los dos. Si muere será por vuestra culpa -tras unos segundos Simon le devolvió la estela a Jace y siguieron caminando.

Mientras esperaban a que el shadowhunter saliera, la bruja aprovechó para sentarse en el suelo a descansar.

- Sigues sin tener buena cara, ¿estás bien? -le preguntaba Simon mientras caminaba de un lado a otro inquieto.

- ¿Y tú? Te ves raro, más de lo normal -dijo intentando evadir su pregunta -he oído que unos vampiros te secuestraron. ¿Te has convertido ya?

- No pasó nada allí. ¿Por qué todos dais por sentado que ya soy uno de ellos? Podríamos haber estado hablando o jugando a las cartas, o incluso podríamos haber discutido sobre World Of Warcraft. ¿Crees que serán buenos? Desde luego tienen más horas para jugar que yo- cuanto más hablaba del tema más nervioso se ponía.

- Oye, que sólo te he hecho una pregunta -Catia se puso de pie justo en el momento en el que Jace salía corriendo por la puerta por la que había entrado hace unos momentos con un demonio con aspecto de escorpión persiguiéndole detrás. Le lanzó su estela, haciéndolo desparecer convertido en cenizas, y salieron corriendo hacia la furgoneta.

----x----

Llegaron al apartamento de Magnus justo cuando éste estaba a punto de caer exhausto al suelo y Catia corrió hacia él. Allí, para la sorpresa de todos, también estaba Alec ayudando a Clary con la poción.

- Rápido, necesito tu magia. Ayúdame -le dijo Magnus a la chica tendiéndole la mano.

Ella dudó. Todavía no se había recuperado del todo y no sabría si tendría la suficiente magia para que ambos pudieran aguantar. Le agarró la mano con firmeza y juntos usaron la poca magia que les quedaba para mantener a Luke con vida. El tiempo parecía ser eterno y cada segundo que pasaba en esa posición se hacían horas. Catia cada vez lo veía todo más borroso y notaba que estaba llegando a su límite. Clary por fin había terminado la poción y se la estaba dando al lobo. En cuanto vieron que a Luke ya se le había pasado el efecto del veneno del Alfa, los dos brujos soltaron sus manos.

Magnus apoyó su espalda en el sofá donde estaba Luke, y Catia alzó la cabeza hacia el techo con los ojos cerrados mientras respiraba con dificultad. Lo último que recordó de ese momento antes de perder la consciencia fue sentir cómo caía hacia atrás y alguien la cogía justo a tiempo.

----x----

Alec POV:

No me lo pensé dos veces cuando vi a Catia caer de espaldas y la agarré antes de que cayera al suelo. Estaba inconsciente. Magnus me dijo dónde estaba su cuarto y la llevé allí en brazos.

Bane se quedó limpiando y ordenando el salón, Clary se fue a una habitación para hablar con Luke, Simon y Jace se marcharon y yo me quedé curando las heridas de Catia. Me resultaba raro estar curándole las heridas a una bruja con la que no me llevaba bien, pero por alguna razón no podía irme y dejarla así. Cogí un botiquín que sorprendentemente encontré en una estantería y empecé a limpiarle las heridas. Cara, brazos, abdomen... estaba llena de arañazos, unos más profundos que otros, y moratones. No podía hacer mucho porque, como era lógico, un botiquín en una casa de brujos no tenía mucho material, pero al menos pude desinfectar las heridas y vendar las que estaban más graves.

Fui a la cocina a mojar un paño para ponérselo en la frente y me encontré a Magnus, que terminaba de colocar los frascos que había utilizado en su sitio.

- Sabes que podía haberla curado en un abrir y cerrar de ojos con mi magia, ¿verdad? -me preguntó al entrar en la cocina.

- Ya la has usado demasiado hoy.

- Puedes quedarte a dormir -dijo antes de que saliera de la habitación, y me giré a mirarle- si te preocupa su salud tengo una habitación para tí, no hay problema.

- No sé por qué todos pensáis que todo lo que le pase me preocupa. No estoy interesado en ella.

- Yo no he insinuado nada, Alexander. Aunque si no te inquieta ni siquiera un poco que le ocurra algo, no se qué haces aquí entonces.

- No creo que sea tan raro.

- ¿Te imaginas a Jace aquí en tu lugar? ¿Por su propia voluntad?

Miré al suelo para no ver su cara de ¨llevo razón y lo sabes¨, esa sonrisa triunfante que sabía estaba poniendo. Me irritaba que llevara razón. Seguí mi camino al dormitorio de Catia sin responderle y le coloqué el paño mojado en la frente con cuidado.

Me dirigí al Instituto después de eso, aunque he de admitir que me hubiera gustado quedarme allí con ella un rato más.

Mi Guerrero (Alec Lightwood)¡Lee esta historia GRATIS!