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While I'm walking down the avenue

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While I'm walking down the avenue.
If I lay really quiet,
I know that what I do isn't right,
I can't stop what I love to do.
So I murder love in the night,
Watching them fall one by one they fight,
Do you think you'll
Love me too?

Baby, I'm a sociopath,
Sweet serial killer.
On the warpath,
'Cause I love you
Just a little too much.

I left a love note,
The thrill of the rush

*

Soo Jung daba vueltas en la habitación principal con las manos sobre sus caderas mientras Sel estaba sentada en una de las camas junto a Luna, todas las demás habían ido a clase normalmente. Pero las mayores se habían escabullido de las clases, no quedaba mucho tiempo y tenían que actuar rápido.

Era como si un constante e inexistente reloj sonara con un tic tac al pasar cada segundo, cada respiración.

Cada gota de sangre.

- No podemos quedarnos más tiempo aquí. - le dijo finalmente Sel cuando se impacientó de verla caminar como poseída... Si no es que ya lo estaba.

Ella tampoco había podido dormir, ninguna en realidad.

- ¿Crees que no lo sé? - le contestó molesta. -¿Crees que no quiero salir de este infierno?

Agitó las manos con desesperación.

Eran los signos...

Los signos de la culpa y el remordimiento.

- Ellos van a encontrarlos. - Siguió hablando al borde del pánico. - Y después nos encontrarán a nosotras.

- ¿Y qué querías que hiciéramos? - las dos se levantaron y se miraron no peleando, sino con verdadero temor.

- Cálmense. - intervino Luna. - Hay que pensar en algo aquí y ahora.

-¿Cómo podernos irnos de aquí? No hay manera. - replicó Sel.

En eso se abrió la puerta y las tres mayores se quedaron pasmadas.

- ¿Qué haces aquí? - le preguntó Soo. - Deberías estar en clase.

- ¿Escuchaste todo? - preguntó Luna y Wioleth afirmó.

- Si queremos salir de aquí... - dijo Wioleth totalmente seria. - Para eso hay que morir.

[...]

Se pasó los dedos entre sus cabellos oscuros, impaciente, nerviosa y un tanto aburrida. La profesora de catequesis blandía una regla de madera pura y algo deteriorada por el pasar de los años, se podía divisar sin poco esfuerzo las manchas de sangre de otras personas entre los números, más que una regla de medición era de castigo.

Cada vez que infligieras alguna regla en la clase se te pegaría en los nudillos y dedos con esta, esperando que el dolor te disciplinara.

Echó un último vistazo al artefacto sencillo y a su profesora, que no hacía nada más que caminar de lado a lado mientras hablaba cosas sobre la biblia y los pecados capitales.

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