Capítulo 2

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Marylin

Llegamos alrededor de las 8pm al pueblo, y al ingresar, veía pocas casas alejadas unas de otras.

Doblamos en una calle de ripio y Jack, se detuvo en una pequeña casa blanca con ventanas y puertas azules.

— Aquí es —anunció él— Por fin conocerás a tus suegros, princesa - sonrió - Adelante. Yo bajaré y llevaré tus maletas

— Está bien —respondí.

Bajé y un viento frío me tomó desprevenida, solo vestía una musculosa y short.

— Que frío hace aquí —le dije— ¿Tu no sientes?

— Ya estoy acostumbrado, además, siempre he trabajado en invierno aquí en los campos —contestó llegando a la puerta con las maletas— ¿Lista?

— Si —dije y tomé aire, aunque prácticamente me estaba congelando.

Tocó el pequeño timbre que estaba ubicado al costado izquierdo de la puerta y, enseguida se abrió, mostrando una mujer rubia bajita y de ojos castaños alrededor de 50 años.

— Jack ¡Mi pequeño! —saludó, abalanzándose sobre mi novio, el cual solo podía sonreír a la gran muestra de cariño de su madre.

— Mamá basta, me haces pasar vergüenza frente a mi novia —le reprochó luego de sacársela de encima.

Ahí fue cuando me miró, sus ojos me analizaban como rayos láser, lo cuál me hizo sentir incómoda.

— Hola señora —saludé lo más simpática posible. Hice un esfuerzo tremendo.

— Hola niña —sonrió falsamente— Marylin, ¿Cierto?

— Si, mucho gusto —dije sonriendo y tendiéndole mi mano, la cual agarró de mal gana.

— Soy Stella —miró a Jack y soltó bruscamente mi mano— Tu padre todavía no ha vuelto así que empezaremos la cena sin él

— Ok —respondió— Ven cariño, te enseñaré tu habitación

Lo seguí dentro de la casa. Ésta estaba decorada a la antigua, con muebles de madera barnizados y sahumerios por todos lados. Había un olor insoportable.

— Aquí dormirás —abrió una puerta con polvo y unas telarañas— Tienes una cama, la mesita de luz, un ropero y una ventana que da al fondo. Mi habitación es la de al lado, cualquier cosas que necesites solo debes golpear mi puerta y estaré para servirte, madame —rió— Sonó muy mayordomo, ¿No?

—Creo que si —le respondí desilusionada, creí que dormiríamos juntos.

Claro, con ella si dormías y hacías otras cosas

— Desempaca, mientras yo estaré en la cocina ayudando a mi madre —se acercó y rozó sus labios con los míos, provocando que me tensara— No me extrañes —dijo sonriendo como un galán y tirando un beso en el aire, antes de cerrar la puerta.

Suspire. Ya estaba aquí y tendría que soportar que esa vieja me trate mal, además de que Jack no quería dormir conmigo. Somos novios, ¿Por qué no?

Saqué mi ropa de la valija y dispuse a guardarla en el viejo ropero. Con solo abrir su puerta, me inundó el olor a humedad y de no haber sido usado en años.

Tenía cinco estantes de madera y me dió curiosidad unos papeles que estaban ubicados en la última.

Miré por la ventana, nadie me observaba y tampoco se escuchaban pasos que advertían que alguien venia hacia el cuarto.

Eran cartas, las tomé y me senté en la dura cama, al parecer estaba hecha de piedra. Comencé por la primera, el papel estaba arrugado pero se podía leer.

"Querida Mel,

No puedo seguir con esta culpa que me carcome por dentro, por favor, perdóname.

No sabía lo que hacía, necesito una señal, sólo una.

No sabes cuanto extraño ver tus pequeños ojos azules con esa luz que alumbraba mis noches, y tu sonrisa traviesa que anticipaba un largo beso entre los dos.

Llorando escribo esta carta que sé, la cuál nunca recibirás.

Saca el vacío que hay en mí, todavía no te olvido..

Atentamente, tu príncipe"

Dios, ¿Cuántas novias más aparte de mí, tenía? Traté de tranquilizarme, seguramente tendría una explicación para esto. Solo él se autollamaba príncipe.

Joder Mary, eres tan estúpida

— Lo sé conciencia—susurré— Y no puedo hacer nada para cambiarlo

Golpearon la puerta.

— Mary, ya está la cena. Además, papá ya llegó, quiero que lo conozcas —escuché la voz de Jack.

Me paré y traté de fingir una sonrisa, para enfrentarlos a todos ellos. Pronto, podría dormir y se pasaría un día de estar aquí.

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