[1] Silencio

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Las estrellas no decían nada. Su horóscopo no decía nada, ni las cartas, ni las runas, ni la lectura del té… Nada. Era como si las estrellas pasaran de Lucas, como si él —su príncipe de cuentos… su príncipe malvado— solo existiera en su imaginación.

Tomar una decisión, sin ayuda de las estrellas, era difícil. Luego de que su madre muriera, habían sido siempre las estrellas quienes la habían guiado y, ante el silencio de estas… ni siquiera se preguntaba qué consejo le habría dado su madre. Sabía bien cuál habría sido: «Aléjate de él. Sácalo ahora mismo de tu vida y no lo vuelvas a ver»… pero eso era lo último que Dany quería. Aun así, indecisa, insegura como había sido siempre, le contó a su amiga sobre él, y Gloria la había escuchado en completo silencio —sin decir una sola palabra—, frunciendo el ceño ligeramente, por lo que Dany, al finalizar su relato —su inquietud—, le había preguntado su opinión, pero antes de que su amiga pudiera decir nada, llegaron personas heridas a servicio de Urgencias; más tarde, Gloria no preguntó nada más —actuó como si ella no le hubiese contado nada—, y Dany se convenció de que ella no quería enterarse de su… adulterio.

Daniela lo había meditado; «Ver a alguien más», «Andar con otra»… «Acostarse con otro», «Poner el cuerno»… esas y otras frases coloquiales que se referían a infidelidades y restaban importancia y gravedad al verdadero concepto, todas se referían al adulterio, a la traición…

Claro que temía que Antonio la descubriera… pero solo había eso: temor, no culpabilidad, y cuando no hay culpa en los actos, cuando no hay ninguna clase de remordimientos, estos siguen llevándose a cabo a pesar de saber perfectamente que, lo que haces, está mal. Aunque… veces —cuando estaba entre los brazos de Lucas— Dany creía que, lo que hacía, no estaba tan mal. Nunca había tenido nada bueno en la vida, por lo que lo consideraba casi un derecho.

Además, Antonio ya le había sido infiel antes a ella, ¿no? Y no solo una vez.

La realidad era que Daniela buscaba cuantos pretextos necesitara para seguir viéndolo.

Él era como una droga.

«Solo una vez más» se prometía siempre. «Ya no lo haré de nuevo» se decía también…, pero al día siguiente, apenas abría los ojos, pensaba en él, en sus labios suaves, en sus brazos fuertes, en su maravilloso aroma…

Y se sentía bien. Se sentía bien cuando estaba con él y, ¿cómo podía ser malo sentirse bien?

Si estaba tomando una buena o mala decisión, no lo sabía pues las estrellas guardaban silencio. Sería, tal vez, porque Lucas las había secuestrado y las guardaba en esos bellísimos ojos que tenía.

A veces Dany se sorprendía sonriendo largo rato luego de verlo, de escuchar su voz por teléfono o de leer sus mensajes de WhatsApp —mensajes que siempre leía más de una vez y, si eran de audio, reproducía una y otra vez antes de finalmente eliminarlos—. La hacía sentirse fuera de sí misma; ni siquiera cuando fue adolescente se había emocionado tanto con un hombre. Con él, ella era una persona distinta; desde las emociones hasta la piel.

La tenía hechizada, fascinada, anhelante siempre por volverlo a ver, por besar su piel. Sencillamente él era un narcótico. Uno que fue difícil aceptar… pero que ahora no quería dejar.

Luego de la inesperada visita de Lucas en hospital, ella había dejado de verlo una semana entera, poniendo excusas cada vez más malas, hasta que él, la noche del tercer viernes de Julio —el tercer viernes, de cada mes, era la noche de películas de Antonio, con sus hijos— llamó a su puerta. Así, tranquilo, como si lo hubieran invitado, y a Daniela casi le había dado un infarto pues, en la sala de estar, esperando por sus hermanos y padre, ¡se encontraba Julieta!

Cuando las Estrellas hablan ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora