[3] Sorpresas

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«CÁNCER:
Sábado 28 de junio

DINERO Y TRABAJO: Hoy será un día muy intenso y tendrás mucho trabajo. Afortunadamente, Júpiter está de tu parte y te ayudará a encontrar una salida satisfactoria a tus conflictos laborales. Debes ser paciente y las estrellas te remunerarán. Te espera una sorpresa.

SALUD: ¿Has estado comiendo golosinas? ¡Pues tendrás que ir al gimnasio antes que esas galletas extras en el almuerzo asomen por tus caderas! Cuida tu estómago.

AMOR: Muy pronto recibirás una sorpresa, pero ten cuidado con ese humor. Hoy la luna ejercerá presión en tu mar interno y cualquier sobresalto podría enturbiar las aguas y causarte grandes conflictos; especialmente con tu pareja. Sé prudente.»

*

Daniela arqueó las cejas y cerró la ventana de esa página web —que visitaba siete días a la semana—, sin terminar de leer su color del día. ¿«Cuidado con ese humor»? ¡¿«Cuidado con ese humor»?! ¡Ja! Daba igual cuán sumisa y prudente fuese ella, ¡Toño continuaba siendo el mismo troglodita furioso e iracundo de siempre!

Le dio un trago a su café —estaba demasiado caliente y también muy amargo; extraño: le gustaba el café cargado… Entonces, ¿quizá lo que tenía amarga era la boca?— y se sacó del bolsillo de la bata unos resultados de laboratorio. Luego de que Tania —ahora estaba segura de que la enfermera se llamaba Tania— la dejó plantada en Urgencias, el día anterior, Dany fue directo al laboratorio, entregó las muestras de sangre que le tomó a ese argentino maldito, y aquella misma mañana había recogido algunos de los resultados de los muchos exámenes que pidió —VPH, VIH, sífilis…—.

Mientras estudiaba los papeles, Dany arqueó una ceja y asintió de manera aprobatoria al leer que, al menos hepatitis, no tenía. Al parecer, ese idiota estaba sano… de hecho, bastante sano: también había pedido un antidoping —quería saber si él estaba drogado con el único propósito de conocer el peligro real en que se encontró— y, según decía el estudio, el muchacho no tenía ninguna clase de droga o toxina en su sistema.

Aun así «Hijo de p…» ¡qué maldito miedo la había hecho pasar! Los nacidos bajo el signo de cáncer —aunque había excepciones— no se distinguían precisamente por ser rencorosos, pero ella sabía que no podría perdonarlo jamás. Arrugó los resultados del laboratorio y los metió nuevamente en el bolsillo de su bata.

—¿Qué es eso? —Gloria García irrumpió en la consulta de Daniela, sin avisar—. ¿Tus temores?

Con «sus temores» se refería al ritual que habían leído en un libro de ocultismo, el cual decía que, la mejor manera de deshacerse de los complejos, resentimientos y, desde luego, temores, era escribiendo todo aquello que te causa sufrimiento sobre un trozo de papel pergamino virgen, luego, quemándolo, repitiendo una y otra vez el hechizo liberador: «No te temo más. Tú no puedes lastimarme ya. Así como el humo se dispersa en el viento, hoy mismo yo me libero de tu yugo y no quedará rastro en mí. Soy libre y no te temo». Pero… Gloria sabía que su amiga tenía tantos problemas —complejos y temores—, que la creyó muy capaz de escribir en papel bond —y si le hacía falta, cogería un rollo de papel kraft, aunque… estaban en mercurio retrógrado y era muy poco probable que ella emprendiera nada durante aquellos días peligrosos—.

Dany bufó al escuchar a su amiga. Pues sí, de cierta forma se podría decir que en esa hoja estaban escritos algunos de sus temores. ¿O mejor debería decir sus «no-temores»?

Cuando las Estrellas hablan ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora