Capítulo 1

10 1 8
                                        

Park Jimin creía que la felicidad debía ser algo sencillo de reconocer.

Durante mucho tiempo estuvo convencido de que existían ciertas cosas que, una vez reunidas, formaban una vida perfecta. Una casa acogedora en un barrio tranquilo. Padres que siguieran enamorados después de tantos años. Amigos que aparecieran sin necesidad de llamarlos. Buenas calificaciones. Un futuro prometedor. Alguien que lo esperara al final del día. Si una persona tenía todo eso, ¿qué más podía pedir?

Por eso nunca supo explicar aquella sensación que aparecía algunas noches cuando se quedaba despierto mirando el techo de su habitación.

No era tristeza.

Tampoco soledad.

Era algo mucho más difícil de nombrar.
Como si una pequeña parte de él estuviera constantemente esperando algo.

O a alguien.

Algo que todavía no llegaba.

Aquella tarde de primavera estaba acostado sobre el césped del parque que quedaba a unas pocas calles de su casa. El aire era tibio y olía a flores recién abiertas. Cerca de él, varios niños corrían detrás de una pelota mientras sus padres conversaban sentados en los bancos. Un perro atravesó el sendero persiguiendo una mariposa y provocó las risas de una pareja que caminaba tomada de la mano.

Jimin observó la escena con una sonrisa distraída.

Le gustaba mirar a las personas.

Siempre le había gustado.

No por curiosidad ni por costumbre, sino porque encontraba algo hermoso en los pequeños momentos que la mayoría ignoraba. Una mano que buscaba otra debajo de una mesa. Una mirada compartida al otro lado de una habitación. Una risa que parecía pertenecer únicamente a dos personas.

A veces pensaba que el mundo entero estaba construido a partir de conexiones invisibles.

Y él se preguntaba cuándo encontraría la suya.

-Estás pensando demasiado otra vez.

La voz lo sacó de sus pensamientos.

Cuando abrió los ojos, encontró a su novia observándolo con una sonrisa divertida. El sol iluminaba parte de su rostro y por un momento pareció una fotografía perfecta, una de esas imágenes que alguien guarda durante años porque representan un instante de felicidad absoluta.

-¿Tan evidente es? -preguntó él.

-Siempre lo es.

Ella se acomodó junto a él sobre el césped y apoyó la cabeza en su hombro. Jimin sintió el peso cálido de su cuerpo y cerró los ojos por unos segundos.

Era feliz.

Lo sabía.

La quería.

La apreciaba.

Disfrutaba pasar tiempo con ella.

Entonces, ¿por qué seguía sintiendo que algo faltaba?

Durante mucho tiempo creyó que era una pregunta injusta.

Porque tenía demasiado para permitirse sentir insatisfacción.

Su vida era buena.

Extraordinariamente buena.

Era el tipo de persona que saludaba a todos en los pasillos de la escuela. El tipo de persona que recordaba cumpleaños, que ayudaba con tareas, que lograba encontrar conversación incluso con los desconocidos. Tenía amigos por todas partes y rara vez almorzaba solo. Cuando caminaba por los corredores del instituto siempre había alguien llamándolo por su nombre.

Antes de llamarlo hogar!Stories to obsess over. Discover now