No puede ser cierto...

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Narra ____

Llegamos en silencio a casa, Mateo no me ha mirado en todo el camino, solo miraba al frente, con aire frio y distante.

Yo no puedo dejar de temblar, pensar en lo que vi hace tan solo unos minutos me atormenta por dentro. No logro borrar de mi cabeza la imagen de Mateo matando a José.

Mateo se baja del auto primero, lo rodea rápidamente y me abre la puerta para que yo baje, cierra las puertas asegurándolas y entramos a casa juntos, cada uno absorto en sus pensamientos.

Abraham- sube y espérame en mi habitación. Voy en un minuto. -- su tono de voz es muy sereno, demasiado para haber hecho lo que hizo.

Obedezco sin decir nada, puedo notar cómo me muevo por el simple hecho de que tengo que hacerlo, pero ya no siento nada. No tengo miedo, tampoco tristeza, ni siquiera compasión, simplemente no siento nada.

Entro a la habitación y me siento en la orilla de la cama, al poco tiempo entra Mateo y me ofrece el vaso con agua que traía en la mano.

Abraham- pensé que te ayudaría beber algo. -- acepto el agua y me la bebo muy rápido, tengo la garganta seca -- es mejor que vayas a descansar, hoy ha sido un día muy agotador. Mañana hablaremos.

__- no... -- susurro, es lo más fuerte que puedo hablar -- necesito saber qué es lo que pasó. Quiero saberlo.

Abraham- no creo que sea un buen momento para...

__- Mateo, por favor, dímelo. -- le suplico y lo miro a los ojos. El me devuelve la mirada y toma asiento a un lado de mí.

Abraham- de acuerdo, te lo contaré, pero quiero que recuerdes que todo lo que he hecho es para protegerte. --asiento insegura y él suspira, resignado -- cuando era tan sólo un niño unos conocidos míos me obligaron a entrar en una pandilla para conseguir dinero rápido, pero con el tiempo me fui haciendo muy bueno en eso. El líder de la pandilla me pedía a mí que yo hiciera la mayoría de los trabajos y yo por supuesto aceptaba.

__- ¿tu familia lo sabía?

Abraham- no y aún no pienso decirles nada.

__- ¿pero entonces cómo conseguías ir a las misiones o... la pistola?

Abraham- las misiones siempre eran en la noche así que era fácil escabullirme, mis padres nunca estaban con nosotros y la pistola era un regalo que se hacía a cada miembro de la pandilla.

__- entonces José.... -- Mateo asiente.

Abraham- si, José era uno de los miembros de la pandilla, de hecho él.... era mi compañero, siempre hacíamos las misiones juntas, éramos casi amigos, lo único que lo impedía era que yo era su jefe. El segundo al mando después del líder. -- abro la boca impactada, no puedo imaginarlos trabajando juntos, ni siquiera estando juntos.

Vuelven a mí las horribles imágenes que presencié hace unas horas en el jardín y menos me lo puedo creer.

__- ¿amigos? ¿Pero qué fue lo que pasó? -- Mateo toma aire y baja la mirada, parece que no le gusta hablar de eso y lo entiendo muy bien.

Abraham- una noche el líder nos pidió que secuestráramos a una niña. A una niña indefensa a petición de uno de los superiores para venderla.

__- ¿qué? -- la pregunta sale sola. Mi corazón late muy rápido y me cuesta tranquilizarme. -- entonces tú...

Abraham- ¡No! por supuesto que no lo hice. Además el plan no era simplemente atrapar a la niña y ya, era mucho peor que eso y yo no estaba dispuesto a ayudar.

__- ¿cuál era el plan? -- no sé por qué pero siento una gran curiosidad y un gran miedo por saber qué es lo que Mateo debía hacer cuando era tan sólo un niño.

Abraham- el plan era.... -- suspira angustiado -- deshacernos de los padres y llevarnos a la niña. -- no puedo contestar.

Intento preguntar el nombre de la niña pero de mi boca sólo sale un quejido ahogado. Creo saber el nombre de la niña, pero alguna parte de mí quiere negarlo. Siento una enorme necesidad de levantarme, irme y no volver a preguntar más nada sobre todo esto. Sé que Mateo lo aceptaría e incluso me apoyaría, pero no puedo seguir escapando del pasado, no puedo darles la espalada a mis padres.

__- ¿esa niña era.... -- me detengo incapaz de terminar la pregunta, Mateo se da cuenta y la termina por mí.

Abraham- esa niña eras tú. El accidente en el que tus padres estuvieron...no fue un accidente, yo pienso que fue provocado y...

Me levanto de la cama de un salto, las lágrimas que tanto me esforcé por contener fluyen velozmente por mi rostro, un grito ahogado sale de mi garganta sólo y no puedo pensar con claridad. Mis padres, el orfanato, José, la calle, todo fue... causado.

Mateo se levanta de un salto, corre y se coloca a un lado de mí. Estira una mano para atraerme hacia él y abrazarme pero yo lo esquivo. Me mira impactado y en sus ojos puedo ver el miedo creciendo cada segundo que pasa. Me alejo de él y salgo llorando de la habitación. Llego hasta mi habitación y abro la puerta. Mateo corre y se detiene detrás de mí, escucho su respiración agitada.

Abraham- ___ ¡espera, por favor! -- me giro para verlo de frente y Mateo intenta tocarme. Le retiro la mano con brusquedad y me recorro un paso hacia atrás. No quiero que se me acerque.

__- ¡NO ME TOQUES! -- grito desesperada, no puedo parar de llorar y verlo me afecta aún más.

Abraham- ____ por favor escúchame.

___- tú lo sabías todo, nada fue una coincidencia. -- me cuesta hablar, el nudo va creciendo y prácticamente escupo cada palabra -- desde el principio lo sabías, sabías lo de mis padres, sabias quién era yo, solo estabas jugando conmigo. Querías entregarme. ¡Por eso llegué aquí ¿no es cierto?! Desde que nos vimos lo sabías todo y trataste de aprovecharte de mí....-- Mateo abre aún más los ojos, palidece y niega con la cabeza desesperado.

Abraham- no. Eso no es cierto. Yo nunca quise hacerte daño. Yo nunca conocí a la niña a la que querían. Por favor déjame terminar de contarte...

___- ¡NO!......no... No te acerques a mí. No quiero volver a verte -- siento un dolor inmenso en el pecho, es algo que no había sentido nunca. Una presión en el pecho me invade y me impide respirar.

Sólo quiero desaparecer y que nadie nunca vuelva a saber de mí. Él sólo me utilizó, se burló de mí... y yo le creí todo.

Abraham- ____....

Me giro y antes de que pueda seguir hablando entro a mi habitación y cierro la puerta con seguro. Mateo golpea la puerta fuerte y repetidas veces, intenta abrirla sin éxito y grita mi nombre una y otra vez.

Me lanzo a la cama y hundo mi cabeza en la almohada. Lloro desconsoladamente y grito lo más fuerte que puedo, pero nada me hará sentir mejor. Mateo deja de golpear la puerta y puedo escuchar cómo se desliza por ella hasta caer al suelo, nunca había sentido esto por nadie.

No vuelvo a escuchar ruidos afuera, supongo que por fin se fue. Paso horas acostada en la cama, con la almohada cubriendo cada centímetro de mi rostro, hasta que del cansancio y de tanto llorar caigo profundamente dormida.

Mi primera esperanza (Abraham Mateo) (Corrigiendo) Donde viven las historias. Descúbrelo ahora