III

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Cambio mis shorts por unos vaqueros de talle alto negros tobilleros, deportivas con plataforma blancas y top azul marino. Cabello suelto y liso y nada de maquillaje. Recibo un mensaje que no me esperaba.

Entrada gratuita en Midnight hasta la una para las chicas ¿Nos apuntamos?” dice el mensaje de Allissa.

Mmmm” es lo único que atino a responder.

Me apetece pero creo que mis padres deben opinar al respecto. Me meto dentro de mi chaqueta vaquera y bajo a la planta baja. Mi hermano está más que lista y huele a colonia.

-Mamá, papá, ¿puedo salir con Allisa esta noche?- pregunto desde el recibidor.

-Claro- dice mamá -¿Pasarás por casa antes de irte?- me pregunta ella.

-Sí, sobre las once más o menos- informo.

-Genial- dice ella, creo que está en la cocina.

-¿Vamos?- le pregunto a mi hermano, y éste asiente enérgico.

Caminamos hacia afuera y cojo las llaves al vuelo. Salimos de casa y nos metemos en mi coche. Una vez en este Drake respira tranquilo.

-¿Porqué no se lo quieres contar a mamá?- pregunto mientras conduzco hacia el centro. Ya es de noche.

-Se pone demasiado pesada con esas cosas, tu lo sabes- me dice.

-Sí- le digo –Pero tarde o pronto se lo tendrás que decir- le digo.

-Lo sé- me habla –Pero aún no, es demasiado pronto- me explica.

Me da la dirección del lugar al que debo llevarle y descubro que es en Laguna Hill, un lugar a las afueras de la ciudad dónde hacen una feria temática cada mes, se quedarán por allí a cenar y pasear.

-¿Qué harás tú mientras tanto?- me pregunta. Me encojo de hombros.

-Me compraré algo para cenar y te esperaré en el coche- le digo sencilla.

-¿Cuatro horas en el coche?- dice él riendo. Suelto una mano del volante y le pego un puñetazo. Él solo ríe –Male habrá venido, puedes quedarte con él- dice sencillo.

-Paso- digo más sencilla aún.

-Creí que ya os llevabais bien desde lo del viernes- me dice.

-Que pasase lo que pasó y que me fuese a comer con él no significa que ya seamos amiguísimos de la muerte, tan solo, nos llevamos bien y ya- le cuento. El asiente y se calla.

Llegamos al lugar y aparco en el abarrotado aparcamiento. Caminamos hacia uno de los puestos en el que Sam se encuentra discutiendo con Male algo. Ésta está cabreada y el entorna los ojos mientras le repite una y otra vez que no a algo.

-Hola- digo sencilla después de ver como mi hermano y ella se saludan con un beso.

-Ey- dice Male. Tan amable como siempre él, nótese la ironía –A las diez entonces- dice Male girando hacia el aparcamiento.

-Male, por favor- dice ella, exasperada por la actitud de su hermano.

-Joder Sam, tengo cosas que hacer, ¿sabes? No puedo estar todas las noches pendiente de ti- dice con enfado.

-No te he pedido que vengas a traerme y mucho menos que tengas que recogerme- dice ella, cruzándose de brazos. Male resopla.

-Te puedo acercar a casa yo, si quieres- le digo a ella.

Male me mira sin comprender bien lo que he dicho, pero no encuentro malicia alguna en mis palabras ¿Y a éste qué le pasa? Pega una patada a la pared y se marcha al aparcamiento. Espera, ¿qué?

-Os veré luego chicos, a menos cuarto nos vemos aquí, ¿sí?- ambos asienten –Pasáoslo bien- digo y me marcho al aparcamiento.

Voy en busca de él pero no hay ni rastro. Oigo que una moto sale del lugar hacia la ciudad a toda prisa. No me lo puedo creer ¿Se ha ido? ¿En serio? Me quedo como una boba mirando las luces del vehículo hasta que se mezclan con las del centro del pueblo. Sí, definitivamente se ha ido dejándome como una idiota aquí. Me he puesto así por él, he venido aquí por él. Y se ha ido, sin darme si quiera una explicación, ¿a qué se debe esa actitud de mierda?

Paseo por la feria chutando las piedras del suelo terroso. ¿Acaso he hecho algo para molestarlo? ¿Por qué se ha ido sin más? ¿Se ha olvidado? ¿O simplemente no le apetece gastar más de su valioso tiempo en mí? Idiota.

La rabia me consume.

Desbloqueo el teléfono y veo que tengo varios mensajes de Alli preguntando e insistiendo una y otra vez.

Iremos. A las once paso por tu puerta y te quiero lista” le escribo.

Ella me responde pero no le presto atención. El rato pasa y mi cabeza da vueltas por las luces de colores que parpadean, por la fuerte música, por el gentío que no se aparta y se choca constantemente y por el plantón de Male.

Increíble segunda cita. Gracias” le escribo, y apago el condenado cacharro del demonio.

Me compro una ensalada pequeña en un puesto, y de ésta, no como ni la mitad. Observo la gente, las familias, las parejas, y yo aquí sola. Más que sola. Solísima. Gracias Male, acabas de arruinar otra de mis noches, aunque claro, que más da, por una más…

El monstruo II¡Lee esta historia GRATIS!