XIII

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El día siguiente transcurre sin incidencias por parte ni de Lauren, ni de Alex. Evito contacto con él pese a su intento de acercarse a mí a toda costa. No quiero ni que me mire.

-Parece que la perra ya se ha cansado- asiento desganada y recuerdo que no he mirado el móvil desde ayer. Male tiene que estar que se sube por las paredes –Y encima Alex ha vuelto con ella ¿Te lo puedes creer?- paso de prestarle atención. Gracias a dios, y a un peinado que consiste en retirar el pelo del lado derecho y echarlo todo al izquierdo, la mejilla no se me ve y nadie ha notado nada –Volvieron el miércoles y ella el viernes se lió con el amigo pivonazo de tu novio pivonazo- niego con la cabeza.

Camino hacia afuera y descubro a Male en la entrada con cara monumental de enfado. Demasiado. Me recuerda a la cara que me puso el día de las barracas, el primer día que lo ví y la primera vez. Me acerco peligrosamente a él.

-Male yo...- me agarra de la mano y me lleva hasta el coche y me lo señala.

Abro mucho los ojos y me llevo las manos a la boca. Mi coche está rallado a más no poder, y en el cristal de atrás está escrito con color negro "Guarra". Él me mira pidiéndome explicaciones pero a mí me falta el habla ¿Cómo ha sido capaz de hacerme algo así?

-¿Por qué no me has dicho nada de esto?- pregunta duro. Le miro con desesperación, no quiero llorar. No quiero, no quiero, no quiero -¿Por qué no me has dicho que te estaban molestando?- pregunta en un tono demasiado alto y demasiado cerca. Cierro los ojos con fuerza.

-No me grites- susurro aún con los ojos cerrados.

¿Me pegará él también? La situación es parecida a la de ayer. Me encojo en mí misma y me hago más pequeña de lo que antes ya era. Le oigo suspirar y sus brazos me abarcan. Lo necesito, lo necesito como al aire que respiro.

-¿Por qué no me lo has dicho?- pregunta ahora con su voz más dulce. Más tranquila.

-Porque no quiero que reacciones mal- le susurro.

-Créeme, estoy haciendo mis mayores esfuerzos por contenerme- comenta con una risa amarga, casi maquiavélica.

-¡Destinee!- oigo la voz de mi mejor amiga –Oh, mierda- dice ella.

Me giro a mirarla y veo que ella mira el coche horrorizada. A mí también me cuesta mirarlo. ¿Por qué lo ha hecho? Vale que quiera venganza por lo de la otra noche, pero todo tiene un límite.

-¿Cómo ha sido capaz esa hija de la gran puta?- ahora que me percato. Male y Ali ni si quiera se conocen formalmente. Pero los dos saben quien es el otro.

-¿Acaso tú sabes quien ha hecho esto?- la miro con los ojos abiertos desde los brazos de Male. No, no lo digas. Pero ella no parece captar el mensaje.

-Claro que lo sé, Lauren Bynes- dice ella –Pero no venía a eso exactamente- dice ella. Ahora me mira a mí -¿Qué pasó ayer con Alexander, Destinee?- se cruza de brazos mirándome, esperando que se lo explique. Lo sabe todo, de seguro que Alex, muerto por la culpa, ha recurrido a ella.

Male me mira expectante.

-Esto es rídiculo- dice ella. Se acerca a mí y me aparta el pelo de la cara para dejar al descubierto la mejilla ligeramente hinchada y con algo de lila en mi piel –No me lo puedo creer- dice ella.

Male me suelta y nos mira a ambas.

-Me estoy perdiendo- dice él.

-Oh, esto es muy sencillo- habla Alissa realmente cabreada –Hay una zorra, que por cierto, la otra noche se lió con tu amigo pivón- enfatiza, aún está picada por eso –Que nos está haciendo esta última semana imposible por el hecho de que nos odia, a ambas- dice ella.

El monstruo II¡Lee esta historia GRATIS!