XII

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Me duermo tras dejarla con la palabra en la boca. Despierto y me visto con ropa caliente. Medias, pantalones cortos, converses negras y sudaderas con camisas tejanas por debajo. Me pongo el gorro y salgo de casa con Drake hacia el coche.

Mientras conduzco hacia el instituto Drake me mira divertido en mi intento de tapar con la bufanda el cuello. No recordaba las marcas y me he hecho un moño desarreglado que ya no puedo soltar porque mi pelo estaría más que horrible.

-Mamá y papá se lo tomaron bien- dice entre risas.

-¿Porqué se lo iban a tomar mal?- pregunto con una ceja arqueada.

-Por nada- dice él.

-Ahora solo faltas tú- río.

Él reniega y llegamos al instituto mientras nos colamos por el pasillo entre los alumnos. Esta es la última semana de clases y no hay nada que hacer. Salvo ver a todo el mundo estresarse por el partido del último día. Los Minot Minotaurs juegan la final de la liga en el instituto, y como no, mi hermano tenía la obligaciónde estar metido en el ajo. ¿No lo había mencionado antes? Mi hermano y Marckus tuvieron el año pasado la genial idea de inscribirse a las pruebas, y resultó ser que eran buenos, sobretodo mi hermano.

Digamos que es un encuentro bastante multitudinario e incluso lo van a retransmitir por televisión. Todo el mundo va a asistir y eso crea un gran revuelo esta semana alrededor de los jugadores de hockey sobre hielo.

Mi hermano campa a sus anchas por el instituto, le encanta ser el centro de atención. Camino hacia Ali que sigue con su indignación desde la fiesta de la otra noche y lo debatimos en la clase de lengua.

-Pero ¿Qué más te dá?- digo aburrida –Fue un lío más, no sé porqué le das tantas vueltas- comento.

-Lo és, de hecho- digo –Pero lo que no soporto es que sea con Lauren Bynes con quién se fue- dice ella mirando hacia la chica con dientes apretados. No es la única que se la tiene jurada en esta clase –Oh, pégale otra vez- dice ella. Río demasiado alto y como no, tiene que saltar para llamar la atención.

-Señorita, Alissa y Destinee me están molestando- dice ella con su voz de repelente.

-¿Qué?- espeta Ali sin acabar de creerlo –Es mentira, ni si quiera estábamos hablando de ella- dice en nuestra defensa.

-¿Ah no?- dice ella -¿Y qué es eso de pégale otra vez?- dice ella cruzándo los brazos.

La clase suelta una pequeña risita y me encojo en mi asiento. Esa noche no era yo, si llego a ir sobria jamás en el vida se me hubiese pasado por la cabeza actuar de esa manera. O tal vez sí...

-Señoritas, esto no es una clase de lucha libre, así que los problemas personales los dejan para el exterior ¿Sí?- dice la profesora y sigue a lo suyo.

Bynes nos la tiene jurada, a ambas. Lo acabamos de descubrir por la mirada que nos hecha. Y efectivamente, desde ese momento, varios infortunios empiezan a pasarnos. Cosas como: que los libros de texto estén todos pintarajeados, que la taquilla esté llena de papel de váter o incluso mensajes con posits en el lavabo. Esto es de película. Y no dejo de darle vueltas al tema mientras el miércoles me encamino al coche. Alguien me agarra del brazo y me encuentro a Alex. Vaya, el que faltaba.

-Destinee, no quiero que le hagas nada más a Lauren- dice él serio.

-¿Perdón?- digo sorprendida.

-Lo que oyes- dice –Vale ya de tus bromas pesadas, si estás molesta con ella porque estamos juntos de nuevo o algo es tu problema, pero no lo pagues con ella- y no puedo evitar reírme.

-¿Molesta? ¿Porqué debería estarlo?- pregunto irónica.

-No lo sé- dice encogiéndose de hombros –Eso dímelo tú- dice.

-Alex, no sé que te estará contando la loca de tu exnovia, pero tienes que saber que yo no le he hecho nada a ella, todo lo contrario- le cuento.

-Novia- me corrige –Estamos juntos desde el miércoles pasados- me explica como si fuese la gran cosa.

-Pues enhorabuena, que seáis muy felices- digo intentando apartarle para entrar al coche.

-No te pongas chula conmigo Destinee- dice serio ¿Pero y a éste qué le ha dado? –Deja a Lauren en paz, no voy a volver contigo, supéralo- y esto es la gota que colma el vaso.

-No, cielo, supéralo tú- me mira sin comprender –No sé de qué va todo esto ni quiero saberlo, yo estoy muy bien como estoy ahora mismo y ni en millón de años me replantearía la posibilidad de volver contigo- le digo –Tú y Lauren sois un par de lunáticos sin vida, y dile a ella que deje de molestarme, sinó tendremos problemas- y es cuando pasa.

Su mano impacta directamente en mi cara y me quedo sin habla. Palidezco al completo. Lo veo completamente rojo pero su cara se relaja al mirarme.

-Destinee... Dios, lo siento- dice con los ojos muy abiertos y entrando en pánico. Se acerca a mí pero retrocedo instintivamente.

Corro hacia el coche como si me fuese la vida en ello.

-Destinee, por favor- aporrea el cristal con fuerza y me apresuro a arrancar.

Conduzco demasiado rápido con lágrimas en los ojos. La mejilla me arde a rabiar y lo peor de todo es que ni si quiera me ha dado tiempo a reaccionar. Me ha pegado. Y con fuerza. El daño físico está hecho, pero el moral es monumental. Mi teléfono suena y mis manos me tiemblan, estoy demasiado nerviosa. Aparco el coche como puedo en una acera, no puedo llegar a casa así.

Intento calmarme mientras limpio las lágrimas de mis ojos. Salgo del coche y el frío impacta directamente en mi cara aliviando el dolor protuberante en mi mejilla izquierda. Duele horrores. Paso las manos por mi pelo y veo que la llamada es de Alexander. Está loco si piensa por un momento que voy a contestarle.

Me relajo como puedo y llego a casa. Me encierro en mi cuarto y le envío un mensaje a Male.

"No nos vamos a poder ver esta tarde, lo siento" le escribo y lanzo el teléfono a cualquier parte.

Me recuesto en la cama y me hago un ovillo. ¿Por qué ha hecho eso? Intento evadirme pero el dolor en mi mejilla me recuerda que sigue ahí, que me ha dado tan fuerte que he notado mi mejilla desencajarse y que en ese momento el quería hacerlo. Claro que quería.

Despierto en medio de la noche, y descubro en mi mesita un plato de ensalada de queso de cabra. Me apetece y no sé que hora es, pero por la tranquilidad en casa y la oscuridad del cielo doy por sentado que es muy tarde.

Campo a mis anchas por la casa, me ducho, me como la ensalada y dejo el plato en fregadero. Mi mejilla está rosa y cuando pulso sobre ésta duele. Me encojo sobre mí misma y me meto de nuevo en la cama a las tres y media de la madrugada.

El monstruo II¡Lee esta historia GRATIS!