XVII

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Todo es bonito, todo es tan sencillo... Y descubro que los momentos románticos no tienen porqué ser necesariamente con velas y canciones de Celine Dion de fondo. A veces, con estar con esa persona y sincerarte te basta.

No sé en que punto de la noche estoy. Lo único que sé es que estoy desnuda en la cama, con el pelo húmedo y tapada con una sabana fina. Veo la silueta de Male a mi lado y su brazo rodea mi cintura. Me levanto de la cama con cuidado retirando su brazo y cojo, con cuidado, el short de mi pijama y la camiseta. Me lo pongo y salgo del cuarto hacia la cocina.

Agarro un vaso de leche fría y me lo bebo en la oscuridad de la noche. Lo único que me alumbra es la luna a través del balcón.

-¿Qué haces aquí?- oigo la voz de Male detrás de mi. Me giro a mirarle y le veo que lleva solo unos bóxer encima. Tiene cara de sueño y su pelo está alborotado.

-Tenía sed- me encojo de hombros. Dejo el vaso en la encimera y me rodea la cintura con sus brazos. Adoro que haga eso -Deberías dormir- le aconsejo.

-Si no vienes no- me dice a escasos centímetros de mi boca.

Sonrío y junto sus labios con los míos. Me estoy volviendo una ñoña con este chico, pero me encanta.

-Vamos a dormir- le agarro de la mano y le conduzco a la cama.

Nos metemos dentro de nuevo y me aferro a su torso. Me abraza y me da un beso en la cabeza. Me apoyo en su pecho y sonrío con los ojos cerrados. Creo dormirme cuando oigo salir de su boca.

-Eres lo que necesitaba en mi vida- solo sonrío y me dejo llevar en los brazos de Morfeo.

Me despierto por el zumbido del teléfono. Es como la décima vez que lo noto. Estiro el brazo hacia la mesilla y sin abrir los ojos lo acciono.

-¿Sí?- murmuro en voz baja, no quiero despertar a Male.

-Destinee ¿¡Donde coño estás!? ¡Llevo toda la jodida noche esperándote!- me habla. Miro por la ventana y descubro que todavía es de noche.

-Shhht- le digo –No chilles, estoy con Male en su casa, dile a mamá que me desperté pronto y me fui a pasar el día con él ¿Vale?- le susurro.

-Pero Dest...- le corto.

-Duérmete- le ruego y cuelgo el teléfono apagándolo.

Male ronronea contra mi nuca. Me giro a mirarlo y descubro su labio malherido. Paseo mis dedos a través de su fesonomía y llego a la conclusión de que no sé nada de su interior, no conozco su psicología, pero hay algo de vital importancia que he descubierto  esta noche: soy su calmante. Y no hay cosa en el mundo que me alegre más.

Me vuelvo a acurrucar a su lado y creo dormirme de nuevo, ya que cuando abro los ojos es completamente de día y Male no está a mi lado. Me rasco la nuca y me froto los ojos. Voy al baño para lavarme la cara y me paseo en busca de él. Lo descubro en la cocina preparando cualquier cosa.

El monstruo II¡Lee esta historia GRATIS!