Prólogo: Conexión

94 5 3
                                        

La lluvia me empapaba completamente, mis anteojos estaban llenos de gotas y el abrigo color cereza que traía puesto estaba escurriendo. Había terminado clases en la universidad y solo quería llegar a casa a descansar finalmente, pero el universo conspiró para que tuviese que esperar el autobús bajo la lluvia por más de cuarenta minutos.

"Demonios...", pensé mientras me estremecía por el frío que empezaba a entrar en mis huesos. Después de unos minutos más finalmente arribó el autobús.

[...]

—Hija —mi madre salió de la cocina al recibidor de la amplia casa—, estás empapada.

—Sí... bueno —me quité el abrigo—, está lloviendo —estaba bastante malhumorada.

Subí a trancazos las escaleras con la ropa toda encharcada y los zapatos en la mano, tiré la puerta de mi habitación y mi cuerpo me pidió a gritos un baño con agua tibia, el cual disfruté. Organicé todo el desastre de mi ropa y mochila, sacando los papeles y libros que estaban algo mojados, seguro me irían a multar en la biblioteca, aunque le resté importancia a ello y los extendí en el suelo de la habitación, tumbándome en la cama algo cansada.

"Kyou... Kyou... tienes que ayudarme, tienes que salvarlo... anda...". Me incorporé algo asustada, hace una semana tenía estos sueños tan extraños donde una voz femenina me llamaba y me pedía ayuda, siempre era el mismo sueño y por alguna razón la voz me parecía extrañamente familiar. Miré a mi alrededor, debía ser la madrugada y aproveché para ir al baño a lavarme la cara, de alguna forma eso me ayudaba a no pensar. En el espejo pude ver mis ojos color púrpura que estaban llorando sin razón, "¿qué te pasa, Kyou?", pensé para mis adentros y recogí en media cola mi cabello castaño corto.

—Te tienes que calmar —dije en voz alta y noté mis manos un poco temblorosas.

[...]

—¿Todavía tienes esos sueños? —mi padre inquirió, habían pasado tres días desde el ultimo sueño.

—Bueno, el último fue el que te conté —le dí un sorbo a la taza de té que había preparado.

—Intenta hablar con ella —dijo, refiriéndose a la persona de mi sueño.

—Papá... —lo miré como si estuviera mal de la cabeza, ¿qué pretendía?.

—Cosas raras han pasado en nuestra familia por siglos —miraba un retrato de mi abuela—. Son conexiones con otras personas, otros tiempos —dijo y volteó a mirarme seriamente—. Intenta hablar con ella —insistió.

—Vale, pero ¿qué se supone que le diga? —hice una mueca.

—Puedes empezar preguntándole lo que quiere que hagas —el hombre se levantó del sofá donde estábamos sentados y me dio una sonrisa tranquilizadora—. Si te logra responder, avísame.

Me parecía descabellada la idea de intentar hablar con una voz que estaba en mi mente, y eso que era de familia ¿a qué viene?. Ciertamente tenía muchísimas dudas sobre lo que ocurría en mi cabeza y dudas del porqué mi padre no me consideraba loca, a decir verdad era la única persona que sabía sobre mis sueños, contarle a mi madre no creía que fuese una buena opción y a mi hermana pequeña ni pensarlo. Subí las escaleras hacia mi habitación, todos estaban ya dormidos, solo papá y yo habíamos estado hablando en la sala en medio de la noche. Me senté en mi cama y me posicioné como si fuese a meditar, necesitaba concentrarme si quería que pasase algo.

¿Hola? pensé para mis adentros ¿necesitas mi... ayuda?

Esperé unos segundos y nada pasó. "Diablos, en serio debo estar loca".

—Kyou —la voz retumbó demasiado real para mi gusto y abrí mis ojos de golpe. Allí en medio de la habitación había una figura femenina demasiado parecida a mí, aunque sus ojos eran color avellana y tenía manchas púrpuras en el rostro—. Al fin respondes —sonrió cálidamente.

Fate of the deceasedStories to obsess over. Discover now