Callar y obedecer. Obedecer y callar. Hugo se repetía mentalmente el mantra al ritmo de sus pasos en la caminadora. Estaba sudando y le faltaba la respiración después de haber corrido casi diez kilómetros a máxima velocidad, pero no iba a detenerse. No lo habrían dejado aunque quisiera, pero tan bien entrenado estaba, que la idea ya ni siquiera le pasaba por la cabeza; en vez de eso, repetía una y otra vez su mantra.
Los demás hombres estaban en silencio a su alrededor, pero Hugo siempre imaginaba que en su cabeza le estaban dando vueltas a la frase, su comando más importante, la base de todo el entrenamiento de obediencia.
La doctora N. se acercó a él y acarició su espalda.
-Muy bien, Hugo. Tú puedes, no pierdas la concentración. Unos metros más y vas a superarte a ti mismo.
Cuando el contador llegó a 20 kilómetros, la doctora finalmente comenzó a bajar el ritmo del aparato y Hugo, agitado, pudo, finalmente, poco a poco, ir respirando con normalidad.
La doctora lo miró con una sonrisa; tenía 20 años y estaba en perfecta forma, y si lograba mantener ese ritmo, probablemente mantendría esa condición física unos 20 años. Si la entrevista de hoy sale bien, pensaba, su familia va a cuidarlo aún cuando ya no sea tan fuerte, y podrá vivir sus últimos años feliz y tranquilo en un hogar amoroso. Ella le calculaba unos 50 años de vida, un poco más de lo normal para un hombre. Era probablemente en su corta carrera el espécimen más saludable y con mejor genética que había visto.
A la doctora N. le gustaba trabajar en ese establecimiento. Durante la universidad le había tocado hacer su servicio en lugares mucho más humildes y era triste ver a hombres perfectamente saludables y capaces irse con familias que no tenían los medios para darles una buena vida; acababan muriendo cinco o diez años después, agotados no por lo extenuante de su trabajo, sino por las precarias condiciones en que vivían.
La mujer que iba a ver a Hugo ese día era una mujer adinerada: Linda L.; la había investigado un poco y había resultado que la madre de Linda y su propia madre se conocían, no de manera personal, pero la señora L. había adoptado un hombre para su familia muchos años atrás; ese hombre tenía 52 años.
Aunque nadie de su profesión lo admitía, la realidad era que todos esperaban criar hombres para el hogar; aunque criarlos para trabajo pesado era necesario, a una, como profesional de lo masculino, le partía el corazón ver esas vidas que terminaban en completo agotamiento. Ojalá todos los hombres pudieran ser mascotas en familias con dinero y vivir una vida feliz, pensaba la doctora; sabía que otros lo pensaban también, pero era algo que nadie decía, un sentimentalismo innecesario, que no tenía nada que ver con la realidad.
Cuando la caminadora se detuvo por completo, la doctora le tendió a Hugo una toalla húmeda para que se refrescara.
- Gracias, doctora.
- De nada, Hugo.
Ella pasó su mano por su espalda una vez más, en un gesto cariñoso para darle ánimos.
- Nos vemos en el desayuno, ve.
Hugo bajó de la caminadora y fue hacia el área de pesas; confirmó su itinerario en una de las pantallas pasando su reloj por el sensor, "Pesas por 30 minutos."
Para Hugo, ese era un día como cualquiera; tras las pesas, sería hora de desayunar y después tendría sus talleres: carpintería, plomería y limpieza del hogar avanzada. Después, hora de comer y le tocaba cuidar a las niñas en la guardería de la institución porque ya se había graduado de esa clase. A los graduados, mientras no los adoptaran, les tocaba esa tarea.
Hugo veía a otros hombres tomando otros talleres, pero su crianza le había enseñado a no sentir siquiera curiosidad por las ocupaciones de otros; no se hacía preguntas sobre nada, no indagaba sobre el mundo a su alrededor, solamente lo aceptaba felizmente y se encargaba de sus preocupaciones. En su corazón, lo que no había de curiosidad lo había de un solo deseo: ser adoptado. Esa llama quemaba en su pecho constantemente. Ser adoptado por una mujer, ayudarla a concebir hijos, criarlos, y vivir con ella para siempre, aplicando todos los conocimientos que tan mansamente había aprendido en esos años. A veces, una duda quería plantarse en su cabeza: ¿por qué a él no lo habían adoptado si ya tenía veinte años, cuando a otros los adoptaban desde los quince? Pero rápidamente la sacaba, pues sabía que no debía preguntarse nada: el mundo era como era y a él no le correspondía más que callar y obedecer, obedecer y callar.
Linda L. llamó a su madre esa mañana.
- ¿A qué hora es tu cita, Linda?
- Por la tarde, quiero ver cómo es el hombre con las niñas. Sé que puedo confiar en que es fuerte y hábil, por eso les voy a pagar tantísimo dinero por la adopción, pero sí necesito saber cómo es su personalidad. Por más que los entrenen, hay algunos hombres que simplemente no tienen el tacto para lidiar con niños.
- Elías fue un perfecto hombre. Es por eso que voy a consentirlo ahora que ya está viejo.
- Mamá, de verdad que no te entiendo; perfectamente podrías adoptar a uno joven que te ayude y, en vez de eso, prefieres conservar al decrépito Elías y contratar hombres temporales.
- Es la promesa tácita que hace una al adoptar a un perro para toda la vida, Linda: él nos va a dar sus servicios durante sus mejores años, y a cambio nosotros les damos un par de años de tranquilidad. Es un agradecimiento. No puedes adoptar un hombre si no estás dispuesta a hacer eso por él, así que piénsalo muy bien.
- Mamá, ¿y qué se supone que haga si te digo "no estoy dispuesta a darle al hombre un par de años de retiro"?, ¿contratar temporales siempre? Ni siquiera es práctico; desde que Elías se puso mal, nadie me deja la casa como yo la quiero...además, sí quiero tener hijas.
- Bueno, eso es solo lo que yo pienso hija, al final de cuentas, si decides sacrificar a tu hombre cuando ya no te sirva, no es como que yo te lo pueda prohibir. Me llamas para contarme cómo lo viste. ¿Nos vemos para desayunar mañana?
- Sí, mamá. Ten bonito día.
Al colgar el teléfono, Linda se quedó mirando al temporal que estaba barriendo su cuarto en ese momento. No le habían dicho su nombre.
VOUS LISEZ
Las Bestias (NaNoWriMo 2019)
Science-FictionEste será mi ejercicio NaNoWriMo 2019, así que de momento no estará muy pulido. Lo corregiré al terminar, pero de todos modos estará legible. Dejen en los comentarios los links a su NaNoWriMo. Los hombres son vistos como animales inferiores, útiles...
