El comienzo de los problemas.

403 39 3
                                    

Hoooooooooooooooooooooooolaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaasssssssssssss Adivinen quien volvio. ohhhhh si nenes. Espero disfruten mi inspiración.




Se encontraban todos nuevamente reunidos en el gran Salón Barroco, esperando la llegada de su señor creador y del destructor. Tanto dioses como pecados se encontraban en calma debido a una sola cosa o mejor dicho, solo por alguien.

Muerte se encontraba prácticamente acostado sobre la mesa, con una mueca de cansancio y dolor, que no pasó desapercibida por nadie. Sin embargo, a cada pregunta sobre su estado, el dios juez contestaba con una sonrisa agotada que se encontraba bien, intentando inútilmente ponerse firme en su asiento como de costumbre. Un intento vano de aparentar normalidad, pues al cabo de unos minutos volvía a recostarse sobre la mesa. No sin antes hacer una mueca de completa incomodidad. Amor bastante preocupada, trató de que los pecados le dijeran que le ocurría en verdad, mas estos también lo desconocían. Los representantes del Nim veían igual de extrañados al dios juez de las almas. El día anterior ellos habían estado casi todo el día juntos y en todo ese tiempo, él no había demostrado signo alguno de haber sido herido. De cualquier forma, puede que hubiese salido lastimado cuando ellos tuvieron que ir a trabajar.

―¡¡MUY BIEN YA ES SUFICIENTE!! ¿QUÉ TIENES? ¡¡NO ES NORMAL PARA TI, ESTAR MEDIO INCONSCIENTE EN UNA REUNIÓN!! ―increpó Vanidad, exigiendo la explicación que todos querían. Estaba aparentemente molesta, aunque en verdad solo estuviera preocupada por él.

Pero, antes de que pudiera responder a la interrogante de la diosa, la puerta del Gran Salón se abrió dejando entrar a ambos señores. Ocasionando que todos se pusieran de pie para hacer la correspondiente reverencia.

―Bienvenidos, señores

Fue el cordial saludo que todos dieron al verlos entrar en la estancia, sin embargo, por unos segundos, ambos señores parecieron no haber reparado en la presencia de ninguno de sus hijos presentes.

Recorriendo el cuarto con la mirada de forma rápida, ambas deidades despertaron de su ensimismamiento cuando sus ojos dieron con lo que buscaban. Causando en uno de ellos una sonrisa victoriosa y en el otro un gesto de desagrado.

―Buenos días, queridos míos ―respondió tardío ITHIS de manera calma y agradable.

Los dioses al verlo de buen semblante, solo pudieron respirar tranquilos. Hoy su señor estaba de mejor ánimo. Mas, no con tanta suerte corrieron los pecados, los cuales sentían la energía de su señor sernirse sobre sus cuellos como si de una espada se tratase.

Sin decir una palabra, con paso digno y altivo NIM ingresó a la habitación, rodeando la mesa por el lado izquierdo, siendo seguido por ITHIS del lado contrario. En ningún momento la rojiza mirada del destructor se apartó del camino que debía seguir hacia su trono. Así fue, hasta que a unos diez metros de llegar a su asiento, dirigió su mirada a cierto dios de ojos ambarinos. El dios de bellos y brillantes ocelos al hacer contacto visual con él, lejos de apartar su mirada con temor como todos acostumbraban, lo observó con la misma intensidad con la que esas gemas infernales lo hacían. Ante los ojos del destructor ese acto podía interpretarse como una insinuación. Una muy linda insinuación.

―¿Aun te duele, Muerte? ―preguntó con un tono profundo que hizo que a todos en esa habitación se les erizaran los vellos.

No era para menos, ese tono parecía ser la encarnación de la seducción y del morbo mismo. Al escucharlo, Muerte separó de inmediato sus ojos de los del destructor, provocándole a éste una pequeña sonrisa al advertir el dulce rubor que recubría los pómulos del dios juez.

Una Juguetona MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora