Autoridad

532 45 17
                                    


es cortito pero disfruten





―agggghhh

Dejando de lado su figura de lobo, se manifestó un joven de delicada complexión, piel blanca como su cabello y ojos negros como el carbón. El cual con dificultad se sentaba en el piso, mientras gruesas lágrimas escapaban de sus ojos.

―¿Qué pretendías?

Exigió saber en la misma lengua con la que en susurros les habló a los pecados momentos antes. Razón por la que los dioses no pudieron entender una sola palabra. Sin embargo, todos podían sentir la firmeza de su voz y el pequeño matiz asesino que los hacía tragar en seco. Incluso Médico sentía la necesidad de no apartar la mirada del dios juez.

―Pudiste dañar a Pereza e Ira ―siseó molesto, acercándose lentamente.

El joven lo veía con temor. Si había algo que todos los seres residentes del Nim tenían muy en claro, era que si hacías enfadar al juez de las almas podría ser lo último que hicieras en la existencia.

―Mi señor, solo...ah... era una broma... no tenía intención de lastimaros... lo juro.

Arrastrándose con dificultad, trataba de llegar a Muerte. Tomándolo de una de sus piernas, continúo suplicando el perdón por su insolencia. Pero, con su acción lo único que logró fue que su bello rostro recibiera una patada, que lo mandara cerca de la entrada. Mientras, el segundo dios más alto le dirigía una mirada cargada de desprecio y los pecados de asco.

―Te atreves a querer seducirme con tus tristes juegos. Se nota que no conoces lo que es la vergüenza. Como tampoco el terror.

Sujetándolo del mentón, lo obligó a levantarse y que lo viera a los ojos, causando que el joven albino quisiera empezar a llorar nuevamente, debido al pavor que le causaba aquella mirada ámbar.

Cosa que no duro mucho.

―Muerte, ya es suficiente. No tolerare tal comportamiento en mi presencia.

Vida hacia valer su autoridad como de costumbre, no obstante, por primera vez se sentía abrumado y algo asustado. Si Muerte no obedecía ¿Qué haría? Como estaban las cosas de seguro solo llegarían a los golpes con el juez, al cual nunca lo había visto de tal manera. Por fortuna, Muerte asintió, comprendiendo de inmediato la escena que estaba demostrando frente a todos. Dando una exhalación profunda trato de calmar sus instintos asesinos un poco.

Cuando dejaba salir su autoridad, daba miedo.

―Te pido disculpas, a todos. ―Brindando una pequeña reverencia, se disculpó un tanto apenado por su actuar insolente frente al benefactor.

Sin una pizca de consideración, dejó caer al joven licántropo al suelo, quien comenzó a llorar desconsoladamente en silencio, debido al temor de hacer enfadar aún más al dios juez. Su corazón casi se detuvo al verlo frente a él nuevamente, pero esta vez a su altura.

―Es suficiente, deja de llorar ―dijo aun de manera seria pero más gentil que antes.

Limpiando las lágrimas que caían de esos ojos oscuros como la noche, lo ayudó a incorporarse. Posando su mano en el pecho de aquel joven, le obsequió con sus poderes calma a su intranquilo ser, una calma que nunca antes había experimentado.

El licántropo parecía perdido en las lagunas de ámbar del dios de las almas, las cuales lo miraban como si estuvieran recorriendo cada confín de su interior, orillándolo a apartar la mirada avergonzado.

Una Juguetona MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora