Crazy in Love

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Los personajes aquí presentados no me pertenecen, solo los uso sin fines de lucro para contar una historia todos los derechos a Snipster su creadora.  



Era un bello día en el reino de ITHIS.  Desde las alturas, las aves cantaban calmas dulces melodías y las flores en los jardines despertaban mostrando sus bellos colores y delicadas fragancias. Así mismo, por los senderos de piedra, algunos dioses paseaban apacibles de la mano de sus respectivas parejas.

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Todo se encontraba en una aparente calma. Mas, alejados de todos; que sin sospechar nada vivían su día a día. Fuertes gemidos se escuchaban salir de una habitación en lo alto de una torre.

―Ah ah más ah ah ngghhhhh

Pedía una y otra vez, mientras con sus blancas manos se aferraba a la cabecera de la cama. Siendo tomado con fuerza y dureza. Sodomizado por aquel hombre blanco de largos cabellos.
¿Cómo habían terminado de esa manera? Por momentos, aquello se debatía en la mente del juez una y otra vez. Claro qué, solo  cuando su próstata no era golpeada con tal salvajismo, que por interminables minutos se olvidase hasta de su nombre.

―Estás distraído el día de hoy ―dijo entre jadeos su apuesto acompañante.

Deteniendo por un instante sus bruscas envestidas, tomó de la cintura a Muerte. Dándole la pauta de moverse de forma circular contra su dura polla. Advirtiendo con placer, como el Juez se movía de exactamente la misma forma que él le había indicado. Haciendo incluso el movimiento más marcado y placentero. Sin poder separar sus ojos del cuerpo a su disposición, lo observaba con una sonrisa cargada de goce. No importaba cuanto lo viera de esa forma. Podía asegurar, nunca se cansaría de tomarlo, ni de ver como su lado más sucio y obsceno se iba haciendo cada vez más marcado.

Así como podía ser amable y sensible, podía ser frío y calculador; así como creía en el amor, la lujuria y pasión brotaban de sus poros como si fueran su propia sangre. Realmente, al principio le costaba creer que ese dios tan recatado y por decirlo de alguna manera "puro", tuviera semejante cambio en medio del acto sexual. Dejando toda timidez de lado, sacando su lado más morboso y lascivo.

―Ahhhhhhhhhhh ah ah ah ah ah

Ese gemido lo trajo de vuelta a la realidad, al sentir como el cuerpo de su querido juez comenzaba a estrecharse todavía más. Clara señal de que estaba luchando por no correrse todavía. Provocando que su miembro, se viera deliciosamente apretado por los anillos de músculos de sus estrechos intestinos.

―¿Quieres correrte? ¿ummmmm?―consultó coqueto.

Sosteniendo entre sus dedos el palpitante miembro, lo masturbaba de forma rápida al principio, para luego disminuir la intensidad hasta apenas rozarlo. Haciendo al cuerpo bajo su control, prácticamente convulsionar.

―Me... me ahhhhh no más ahhh... me voy a derretir ―Advirtió con lágrimas en sus ojos, al sentir como su cuerpo entero temblaba próximo al coito.

Una fina gota de saliva, que juguetona se escurría desde sus labios, le dio a su señor la indicación de limpiarla con su lengua. Recorriendo de manera lenta y sensual el camino trazado por tan traviesa gotita, hasta dar con la boca de su adorable juez.

Explorando y degustando la dulce cavidad de su amante, empezó a mover nuevamente sus caderas. Sus movimiento eran lentos, muy lentos; pero profundos, demasiado profundos. Muerte simplemente se estremecía, ante las oleadas de magistral placer que lo embargaban. Las mismas, conseguían que sus ojos quedaran en blanco, empezando a murmurar frases demasiado obscenas, describiendo lo mucho que gozaba de ese momento con su Amo.

Una Juguetona MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora