El pez muere por su propia boca

644 48 11
                                    



―ohhhhh vamos no seas un amargado ―dijo para entrar tras ITHIS.

Avanzando con su típico porte altivo, sonrisa sádica, burlona y por sobre todo sensual, del lado izquierdo de la mesa de reuniones, donde sus pecados se ubicaban. Por su parte, ITHIS caminaba tranquilamente, pero con paso firme y correcto, del lado derecho donde sus dioses se encontraban sentados, al igual que los pecados.

Al tiempo que ambos se dirigían a sus correspondientes tronos, todos hicieron una reverencia,  mientras los veían avanzar hacia sus respectivos lugares.

―Y tú deja de ser infantil.

Una vez tomaron sus lugares,  la reunión estaba a punto de empezar. Pero, antes de que Sabiduría pudiera decir algo, fue interrumpido por una tierna voecita.

―Mi señor, antes de empezar ¿Puedo consultarle algo?

En una reverencia demasiado adorable habló Pereza, la cual llamo la atención de Muerte y NIM.

―Ya lo has hecho, pero está bien: habla ―habló imponente y serio, a lo que la joven asintió.

―Pues vera, me preguntaba ¿Si Muerte, no está mal ubicado en su asiento? ―consultó inocentemente.

Era obvio que pretendía algo con su vocecita de mosquita muerta, logrando que ITHIS arrugara el ceño y que NIM sonriera imperceptiblemente satisfecho.

"Esa es mi chica" pensó para hacerse el desentendido y seguirle el juego a la pequeña rubia.

―Ohhhh ¿Por qué lo dices, querida? ―preguntó, a lo que esta vez Avaricia fue la que contesto.

―Pues porque tiene que ser un príncipe por reino ¿No?

Miró al benefactor con frialdad, para luego dirigirse a Muerte el cual las miraba muy confundido, haciendo que ambas le sonrieran.

―¿A qué quieren llegar? ―sonsacó ITHIS con aparente calma, pero por dentro estaba a punto de fulminar a ambas con un rayo.

―Bueno, haciéndola corta ―fue esta vez Envidia en tono simplón y despreocupado.

―El fideo debería sentarse aquí con nosotros.

Concluyo Ira viendo a ambos señores con tranquilidad, para luego ver al alto con una sonrisa y hacerle un gesto obsceno con su boca, que le saco una vena al mencionado. Estirándose un poco por debajo de la mesa, Muerte pisó sus sensibilidades.

―Deja de joder ―habló nuevamente utilizando su voz de mando.

Sin darse cuenta, logró que a todos les recorriera un placentero escalofrió nuevamente. Aunque no lo noto, hasta que vio de reojo a Amor. Al distinguir su sonrojo, el juego intranquilo con sus manos, el movimiento de sus piernas y el cómo apretaba sus labios nerviosa, dirigió una rápida mirada a su alrededor. Topándose con la mirada del creador, notó como este le ordenaba que volviera a guardar la compostura. El destructor, por su parte, solo lo obserbaba con una indescifrable expresión.

―Lo lamento ―dijo en una frecuencia que solo los altos y Tiempo escucharon.

Desapareciendo su voz y presencia, Amor volvió a respirar con tranquilidad, al igual que los demás.

―Lo siento ¿Estás bien? ―preguntó gentilmente a lo que la chica volteo a verlo con una sonrisa y pequeño sonrojo. Su amigo, sí que estaba lleno de sorpresas.

Una de las razones por la cual Muerte nunca usaba su voz de mando, era la fuerte esencia que dejaba salir. Esta no afectaba en lo más mínimo a los pecados, es más los relajaba y les daba seguridad, excepto por los que él quería doblegar. Pero, en el caso de los dioses era muy diferente. Los dioses lo sentían como un potente afrodisiaco, que los dejaba mareados y desconcertados. En pequeñas cantidades su energía tenía la facultad de tranquilizarlos y relajarlos de la misma manera que a los pecados, pero en una mayor cantidad tenía el efecto que tenía ahora.

Una Juguetona MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora