Furia

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Esperaba encontrarse con una escena devastada, no obstante, nada lo preparo para lo que se encontró al llegar a aquel lugar. Todo estaba teñido se sangre. Los escombros de lo que fue una pequeña ciudad cubrían el suelo en toda su extensión. Así mismo, había cuerpos podridos por doquier, quemados y destazados. Apretó sus labios para no dejar salir un grito teñido con dolor y resignación.

―Nos encontraste.

Escuchó a sus espaldas. Al voltear, observó como Lujuria veía la escena junto a él con aire desinteresado.

―Hola Lu .

Saludo tristemente, sintiendo como la morena lo abrazaba buscando aligerar el malestar que comenzaba a formarse en el pecho del dios juez.

―¿Por qué? ―preguntó, dirigiendo su vista de nuevo a la escena frente suyo.

―No es tan malo como aparenta. Pudimos salvar a todos los niños y a la mayoría de personas con almas puras. Sin embargo, muchos de ellos ya estaban teñidos de maldad y corrupción. Esas emociones atraen a las plagas como el polen a las abejas. Muerte, los ataques de esas cosas son increíblemente precisos y rápidos, además de que son demasiados. Ni siquiera nosotros siete pudimos llegar a tiempo para salvarlos a todos. No pudimos hacer nada más por ellos que acabar con su sufrimiento ―explicó ella dulcemente, al verlo dirigirse donde se encontraba el cadáver semi-carbonizado de un joven de apenas catorce años.

Lujuria guardó silencio mientras lo veía acariciar el inerte cuerpo sobre el suelo. Aunque ambos supieran que esa acción era inútil, pues el alma ya había sido consumida por las plagas, ella solo lo dejó hacer. Sabía tan bien como el resto, que Muerte se entristecía y culpaba cada vez que algo como aquello ocurría.

―Lo sé, Lu. Pero, aun así...

―Entiéndelo ¡Esto no es tu culpa! El humano causo este desequilibrio desde el último enfrentamiento que tuvieron. Entiéndelo ¡No es tu culpa que las plagas evolucionaran de esta forma!

Apenas pudo terminar de hablar, cuando un objeto contundente atravesó su estómago.

Al observar como la sangre manchaba las prendas de su amada Lujuria, no tuvo control de sus actos. Sujetando el cuerpo del pecado antes de que tocara el piso, la cubrió con su poder para evitar que saliera más lastimada. Durante ese momento de distracción por parte del dios de la Muerte, el mismo ser corrompido trató de atacarlo por la espalda. No obstante, el juez no estaba de humor para mostrar su usual paciencia y consideración. En el aire atravesó a la plaga con sus sombras, provocando que esta soltara un rugido desesperado, al ser descuartizada desde su parte inferior hasta su cabeza, muy lentamente.

Cuando, al fin, reino el silencio. Afinando aún más sus sentidos, advirtió como a la distancia sonidos de una batalla llegaban a sus oídos.

―Resiste ¡Lujuria, resiste! ―murmuro para desfragmentarse a donde el conflicto transcurría.

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Sin descanso, los pecados se encontraban batallando contra más de mil plagas.

―Si salimos de esta, recuérdenme patear al benefactor y a guerritas locas muy fuerte en las bolas.

Ira estaba más que colérico, esas cosas los tenían rodeados y para colmo sus garras envenenadas corrompían o descomponían todo lo que tocaban. En otra circunstancia las plagas no serían más que un calentamiento para ellos seis. No obstante, luego del último intento de Guerra por destruir a la raza humana en venganza por ser encerrado. Los seres corrompidos habían adquirido más capacidades para la caza, no solo de almas sino también de humanos.

Una Juguetona MuerteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora