Capítulo 11

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La mañana de San Valentín Nabil se colocó una playera negra hasta la cintura, el estampado eran cuadros de vivos colores que simulaba la caída de las piezas del tetris y sobre ella una sudadera blanca que se cerraba hasta por encima de su cabeza s...

La mañana de San Valentín Nabil se colocó una playera negra hasta la cintura, el estampado eran cuadros de vivos colores que simulaba la caída de las piezas del tetris y sobre ella una sudadera blanca que se cerraba hasta por encima de su cabeza simulando la parte el casco de un Storm Trooper. Llevaba sus gafas rojas y el cabello algo alborotado, unos jeans desgastados y sus botines de piel y agujetas favoritos. Estaba desanimado, no es que comer con Adele y Bill no le agradara; era sólo que Theo no lo había llamado, él tampoco lo había hecho, no quería abrumarlo con todo aquel asunto de San Valentín dando vueltas. Pero muy en el fondo, muy, muy en el fondo había esperado que quizá Theo le llamara, que lo invitara a salir. Pero Theo jamás lo llamaba... era siempre él quién lo buscaba.

-¿Me estoy volviendo demasiado exigente?- se preguntó al espejo.

Lo que él recibía de sus amantes de paso era una o dos jodidas y bonitas palabras

Lo que él recibía de sus amantes de paso era una o dos jodidas y bonitas palabras. Theo era diferente, llevaban ya casi tres meses viéndose y Theo era tan encantador, actuaba como si fuesen una pareja de verdad. Quizá se había dejado llevar, debía recordar que él y Theo no eran una pareja de enamorados, ellos eran sólo un par de hombres con una relación de interés mutuo. A Theo le gustaban sus regalos y a él... a él le gustaba Theo. Si tan solo fuera más guapo, si tan solo fuera un poco más divertido, un poco más normal, quizá... quizá entonces Theo lo habría invitado a salir.

El timbre del intercomunicador sonó y Nabil abrió la puerta después de ver a través de la pantalla de intercomunicación que era Bill.

-¡Estoy listo! disculpa por hacerte venir a buscarme, iré por mi cartera- le sonrió.

Bill no entró al departamento, le habló desde afuera, su jefe era un genio pero de verdad aún era un niño adicto a los juguetes, tenía tantas cosas en ese departamento.

-No se preocupe, yo fui quien insistió en venir por usted, luce bien ¿es una sudadera nueva?- preguntó cuando Nabil volvió a la puerta.

-Acaba de llegarme esta semana ¿no es genial?- preguntó.

A Bill el diseño le pareció vagamente familiar pero no logró ubicarlo y solamente asintió.

-Es muy bonita- respondió preguntándose si no debería haberlo engañado para hacerle creer que era algo un poco más formal. Lo había visto salir con ese muchacho que le gustaba tanto, siempre usaba esa ropa tan elegante pero como creía que estaría con ellos había elegido prendas que le gustaban más. En realidad quizá era mejor así, ése era el Nabil de verdad, si ese muchacho Theo hablaba con sinceridad, estaría contento de verlo también así.

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