Capítulo 1

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Nabil firmó un cheque por un par de miles de dólares y lo extendió al amante con el que había jodido hacia menos de diez minutos. El apuesto modelo estaba ya vestido ¡sí que era rápido!

-Gracias Nabil, te lo pagaré- le prometió y Nabil le sonrió, algunos prometían pagar, otros no hacían mención al respecto, aunque finalmente ninguno devolvía el dinero.

-No te preocupes por ello- apreciaba que al menos intentara disimular el interés por su fortuna.

-Tengo que irme pero te llamaré ¿está bien?- Nabil se quitó las gafas redondas y las colocó en el buró junto a su chequera.

No recordaba cuando había comenzado a dejarla ahí, en algún punto extender cheques después del sexo había comenzado a ser normal para él.

-Estaré esperando- Sonrió aunque sabía que el chico no llamaría, era fácil saberlo porque Henry, el modelo con el que se acababa de acostar, jamás le había pedido su número. Suspiró cuando lo vio salir. Bueno ¿qué más daba? había sido buen sexo con un hombre muy sexy, no es que tuviese mucho que hacer con su dinero.

Se levantó y se dio un baño, luego se vistió. Aquel departamento era solo una fachada, no vivía ahí, pero jamás podría llevar a ninguno de los sujetos que lo abordaba a su departamento o su casa, imposible.

Nabil bajó perezosamente hasta el estacionamiento donde su chófer, el viejo Bill, lo esperaba.

-Gracias por esperar, Bill- el hombre le vio mal.

-Usted, Señor, debería dejar de salir con esos rufianes, no hacen más que aprovecharse- Nabil sonrió subiendo a la parte trasera del auto cuando Bill le abrió la puerta.

-Vamos, no me regañes y llévame a casa, Adele debe estar esperándote- Adele, la muy amada esposa de Bill, era el ama de llaves de su casa. Aunque él pasaba la mayor parte del tiempo en su departamento Bill y Adele se encargaban de que su casa estuviese siempre perfecta, ellos siempre lo esperaban aunque él apenas pasaba allí una o dos veces al mes. Era una casa demasiado grande para una sola persona, se sentía más cómodo en su departamento.

El departamento de Nabil era completamente diferente al elegante penthouse al que llevaba a sus amantes, era más pequeño, moderno, de impecables paredes blancas y artículos de colección por todos lados. Ya en la entrada te recibía un Darth Vader tamaño real con el casco usado en la última película, desgraciadamente no había podido conseguir el original o el chaleco de Han Solo de las primeras películas, pero sí que había conseguido uno de los sables de utilería utilizados en la cinta, sonrió emocionado como cada vez que entraba a su hogar y se sacó la chaqueta. Fue por un vaso de agua a la cocina y se observó en el metal pulido del refrigerador, un hombre entrado en los treinta, con el rojizo cabello alborotado y las gafas redondeadas, un rostro sin nada especial y un cuerpo delgado sin mucho chiste. Suspiró, debía ser muy imbécil para creer que alguno de los impresionantes hombres que lo llevaban a la cama estaban interesados en algo más que su chequera. Él ni siquiera usaba una chequera en primer lugar, todas sus transacciones eran electrónicas. El tenía la chequera exclusivamente para estar en el buró junto a la cama de su penthouse.

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