Jesús

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  Bueno, Sofía. Supongo que me sigues todavía. Las palabras clave son«Mesías», «Hijo de Dios», «salvación» y «reino de Dios». Al principio todo estose interpretó en un sentido político. También en la época de Jesús había muchagente que se imaginaba que llegaría un nuevo «Mesías» en forma de líder político,militar y religioso, del mismo calibre que el rey David. Este «salvador» se concebíacomo un liberador nacional que acabaría con los sufrimientos de los judíos bajoel dominio romano. 

Pues sí, muchos pensaban así, pero también había gente con un horizonte unpoco más amplio. Durante varios siglos antes de Cristo habían ido surgiendoprofetas que pensaban que el «Mesías» prometido sería el salvador del mundoentero. 

No sólo salvaría del yugo a los israelitas, sino que además salvaría a todos loshombres del pecado, de la culpa y de la muerte. La esperanza de una «salvación»,en este sentido de la palabra, se había extendido ya por toda la región helenística.Y llega Jesús. No fue el único que se presentó como el Mesías prometido. 

También Jesús utiliza las palabras «Hijo de Dios», «reino de Dios», «Mesías» y«salvación». De esta manera conectaba siempre con las antiguas profecías. Entraen Jerusalén montado en un asno y se deja vitorear por las masas como elsalvador del pueblo.De esta manera alude directamente al modo en que fueron instaurados en eltrono los antiguos reyes, mediante un típico rito de «subida al trono». También sedeja ungir por el pueblo. «Ha llegado la hora», dice. «El reino de Dios estápróximo. »Todo esto es muy importante. Ahora debes seguirme muy de cerca: Jesús sedistinguía de otros mesías en el sentido de que dejó muy claro que no era ningúnrebelde militar o político. Su misión era mucho más importante. 

Predicó lasalvación y el perdón de Dios para todos los hombres. Y decía a las gentes conlas que se encontraba: «Te absuelvo de tus pecados»Resultaba bastante inaudito en aquellos tiempos repartir la absolución de esamanera. Más escandaloso aún era que llamara «padre» (abba) a Dios. Esto eraalgo totalmente nuevo entre los judíos en la época de Jesús. 

Por eso tampoco tardaron mucho en levantarse entre los letrados protestas contra él. Al cabo dealgún tiempo iniciaron los preparativos para que fuera ejecutado.Precisando más: mucha gente en la época de Jesús esperaba la llegada congran ostentación (es decir, con espadas y lanzas) de un Mesías que reinstauraríael «reino de Dios». La expresión «reino de Dios» también se repite en toda lapredicación de Jesús, aunque en un sentido muy amplio. Jesús dijo que el «reinode Dios» es amor al prójimo, preocupación por los débiles y los pobres y perdónpara los que han ido por mal camino. 

Se trata de un importante cambio del significado de una expresión vieja ymedio militar. El pueblo andaba esperando a un general que pronto proclamaría un«reino de Dios». Y llega Jesús, vestido con túnica y sandalias, diciendo que el«reino de Dios», o el «nuevo pacto», significa que debes amar al prójimo como ati mismo. Y hay más, Sofía: dijo además que debemos amar a nuestrosenemigos. 

Cuando nos golpean, no debemos devolver el golpe, qué va, debemos«poner la otra mejilla». «Y debemos perdonar, no siete veces, sino setenta vecessiete».Con su propio ejemplo Jesús demostró que no se debía dar la espalda aprostitutas, aduaneros corruptos y enemigos políticos del pueblo. Y fue aún máslejos: dijo que un sinvergüenza que ha despilfarrado toda la herencia paterna, o undudoso aduanero que ha cometido fraude, es justo ante Dios si se dirige a él y lepide perdón; tan generoso es Dios en su misericordia. 

Pero, ¿sabes?, aún fue un poco más lejos, aunque no te lo vayas a creer:Jesús dijo que esos «pecadores» son más justos ante Dios, y por ello másmerecedores del perdón de Dios que los irreprochables fariseos y «ciudadanos deseda» que andaban por la vida tan orgullosos de su irreprochabilidad.Jesús subrayó que ningún hombre puede hacerse merecedor de la misericordiade Dios por sí mismo.

 No podemos salvarnos a nosotros mismos. (¡Muchosgriegos pensaban que eso era posible!) Cuando Jesús predica las severasexigencias éticas en el Sermón de la Montaña, no lo hace sólo para mostrar loque es la voluntad de Dios, sino también para mostrarnos que ningún hombre esjusto ante Dios. La misericordia de Dios no tiene límites, pero es preciso que nosdirijamos a Dios suplicando su perdón.Dejo a tu profesor de religión profundizar en el personaje de Jesús y en suspalabras. Tu profesor tiene una enorme tarea. 

Espero que logre haceroscomprender qué persona tan especial era Jesús. Utiliza genialmente el lenguajede la época, llenando a la vez de nuevo y más amplio contenido las viejasconsignas. No es de extrañar que acabara en la cruz. Su mensaje radical desalvación rompía con tantos intereses y posiciones de poder que fue necesarioquitarlo de en medio.Al hablar de Sócrates vimos lo peligroso que puede resultar apelar a lasensatez de las personas.

 En Jesús vemos lo peligroso que puede resultar exigirun incondicional amor al prójimo y un igualmente incondicional perdón. Incluso enwww.inicia.es/de/diego_reina132nuestros días vemos cómo tiemblan los cimientos de ciertos Estados poderososcuando se encuentran ante sencillas exigencias de paz, amor, alimento para lospobres y perdón para los enemigos del Estado.Acuérdate de lo indignado que estaba Platón por que el hombre más justo deAtenas tuviera que pagar con su vida. Según el cristianismo, Jesús era la personamás justa que jamás había existido. 

Según el cristianismo murió por los hombres.Es lo que se suele llamar la «muerte redentora» de Jesús. Él fue el «servidor quepadeció», que asumió la culpa de todos los hombres para que pudiéramosreconciliarnos con Dios y salvarnos de su castigo.

 

El mundo de Sofía-Jostein GaarderDonde viven las historias. Descúbrelo ahora