Chaeyoung siempre había sido la sombra de Mina. Donde una iba, la otra seguía, como dos mitades de un mismo latido. Mina era la hermana mayor, dos años más alta, de cabello oscuro y largo que caía como seda sobre los hombros, y esa constelación de lunares esparcidos por su rostro y brazos que la menor aprendió a nombrar antes que las estrellas del cielo. Chaeyoung, en cambio, era pequeña, de labios gruesos y ojos grandes que parecían atigrados bajo el sol, con ese lunar redondo justo debajo del labio inferior que Mina, sin saber por qué, había empezado a mirar demasiado.
Todo comenzó una tarde de lluvia. Estaban acostadas en la cama de Mina, escuchando cómo el agua golpeaba la ventana. Chaeyoung dormitaba con la cabeza apoyada en el hombro de su hermana, y Mina, sin querer, comenzó a trazar con la mirada el contorno de su rostro. Sus dedos recorrieron el aire invisible que las separaba hasta detenerse en ese lunar. Un lunar pequeño, oscuro, perfectamente colocado como una nota al pie de la sonrisa de su hermana.
La mayor sintió un nudo caliente en el pecho. No era la primera vez que le ocurría, pero esa tarde la negación se le rompió en las manos. Quería besar ese lunar. No como un gesto fraternal, sino como quien se acerca a un secreto prohibido. Quería presionar sus labios justo allí, sentir la textura de la piel de su hermana, aspirar su olor a jabón de avena y algo más, algo que Mina no sabía nombrar pero que la aterraba.
De repente, la pequeña abrió los ojos. Sus miradas se encontraron. Chaeyoung, con esa forma suya de leer a su hermana como un libro abierto, sonrió con lentitud.
—Minari… —dijo en un susurro—. ¿Por qué me miras así?
La pelinegra quiso negarlo, quiso reírse y girar la cabeza hacia la lluvia. Pero no pudo. Sus dedos temblaron. Y entonces, sin articular palabra, la mas joven tomó su mano y la guió hasta su propio rostro, hasta ese lunar.
—Bésalo —dijo Chaeyoung, y en su voz no había juego, sino una certeza que a Mina le heló la sangre.
Porque en el fondo, Mina supo que su hermana también lo había estado esperando. Y ese saber fue más devastador que cualquier deseo.
La lluvia siguió cayendo afuera, y adentro, el mundo de las dos hermanas se abrió en dos: lo que siempre fueron y lo que nunca podrían volver a ser.
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Hermana, mamá no sabe que te bese | Michaeng
Teen FictionMina no sabe si lo que pasó esa noche fue real o solo un sueño. Pero Chaeyoung sí lo sabe. Porque fue ella quien, al amparo de la tormenta y el silencio, besó cada lunar del rostro de su hermana mayor. Y luego, también sus labios. Ahora tienen que d...
