Parte sin título 30 y 31

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30 - Volverse a ver.

Una semana fue el tiempo que transcurrió desde aquella ocasión. El simple hecho de que Santiago pensara por un momento que Dylan intentó suicidarse, fue suficiente para llegar a este punto.

El castaño se encontraba ahora mismo en su oficina, donde citó a los tres amigos del pequeño.

Mientras tanto, Dylan descansaba en casa con Enrique y Dana, quienes vigilaban sus movimientos, pues en ese tiempo Santiago no lo había dejado solo.

Ricardo, el psicólogo, fue a verlo dos días atrás y dijo que estaba mejor de lo esperado, igualmente tendrían que ayudarlo un poco, necesitaban que tomara confianza y para ello llevarían a sus amigos, al parecer, los únicos que Dylan quería cerca, pues al sugerirle algo al respecto, su rostro se iluminó bastante.

Respecto a su convivencia con Santiago, el menor se mostraba bastante evasivo y era de esperarse. No entrarían en ello de inmediato, primero le darían más confianza al rodearlo con personas cercanas.

Tres jóvenes de edad similar llegaron finalmente a un enorme edificio y subieron al piso determinado. No iban de muy buenos ánimos al saber que verían al infeliz aquel que tenía a su pequeño amigo, y menos después de lo que Dana les había contado.

Precisamente fue Dana la intermediaria para poder contactarse entre Santiago y los muchachos. Ella les dejó muy clara la situación, pidiéndoles que no intentaran nada, de eso dependía que Dylan recibiera la ayuda necesaria, ya era mucho que Santiago aceptara dejar que ellos vieran al menor.

Por ello no tenían otra opción. Deseaban tanto ver a Dylan y ayudarlo, que estaban dispuestos a tragarse su enfado hasta encontrar una pequeña posibilidad de sacarlo del sitio donde Santiago lo tenía.

Se imaginaban lo peor, algún cuartucho feo y húmedo, sin ventanas, en un edificio abandonado. Eso pensaban cuando Dana les comentó acerca del departamento donde supuestamente el azabache se encontraba.

Al llegar al piso correcto salieron a una recepción de lujo, donde una bella mujer; que rondaba los treinta años; los recibió con una sonrisa ensayada y sugirió que la siguieran. Los tres chicos no dudaron.

Pasaron varias oficinas enormes hasta dar con la indicada, era la oficina central y triplicaba el tamaño del resto. La mujer les hizo pasar.

En cuanto Santiago vio a su secretaria, se percató de los muchachos con malas fachas que recién llegaban. Suspiró rodando los ojos por enésima vez en el día y les miró un momento en total silencio mientras la mujer se marchaba.

- ¿Dónde está Dylan? Esperábamos verlo aquí. -dijo uno de los chicos, su tono fue bajo, pero denotaba enfado.

-En mi departamento, y no lo verán si siguen creyendo que voy a tolerarlos. No voy a admitir ninguna estupidez de su parte. -advirtió Santiago.

- ¡¿Qué dices?! -exclamó Rayan. - ¡Te voy a romper la cara! ¡Hijo de puta!

Larren alcanzó a detenerlo y Gustavo reaccionó cuando vio que Santiago estaba molesto, no podían dejar que las cosas siguieran así o perderían la oportunidad de ver a su pequeño amigo.

-Te odiamos, y queremos arrancarte la cabeza a como dé lugar. -murmuró Gustavo plantándose frente al mayor. -Pero según Dana, estás ayudando a Dylan. Es lo menos que puedes hacer por él. Nosotros vamos a ayudar, siempre y cuando él esté bien.

-Ya veo, al menos si saben dialogar. -se burló el hombre mirándolos divertido. Larren lo miró con rencor.

-Solo dialogaremos por el bienestar de Dylan, pero si él empeora por tu culpa, no vamos a contenernos más.

dyonisusWhere stories live. Discover now