No sé cuanto tiempo permanezco abrazada a Nico. El tiempo pasa a un segundo plano, no me es importante.
Estoy abrazada a Él, el resto de las cosas no son importantes. No para mi. No ahora.
- Vamos - me dice separándose de mi.
Le miro, intentando que mis ojos no reflejen la tristeza que siento en mi interior por no poder estar más tiempo con él en agua. La decepción por no poder alargar este momento tan... Único.
Asiento con la cabeza gacha. Nico se acerca a mí y me levanta el rostro por la barbilla con manos delicadas.
- ¿Que te ocurre? - me pregunta.
- Nada - le miento esbozando una débil sonrisa - Nada.
Me mira fijamente.
- Puedes contarmelo - me insta con voz ronca.
Niego con la cabeza al tiempo que mis mejillas se tornan rojas. Me mira confundido.
Acaricia con suavidad mi mejilla e inclina la cabeza levemente hacia un lado. El pelo negro le cae largo sobre la frente, y yo, siguiendo un misterioso y poderoso impulso se lo aparto de la frente, demorándome un momento en acariciarle el rostro.
Cierra los ojos, mientras una sonrisa se extiende lentamente por su rostro, haciendo que mi respiración se entrecorte y los latidos de mi corazón de aceleren.
- Debemos volver - me dice agarrándome de la mano.
El sol ya se ha puesto y el cielo se a teñido de colores, con las nubes en lo alto tapando al sol, que ya esta a punto de ocultarse en la superficie del mar.
El agua se encuentra en calma exceptuando las pequeñas ondas que forman nuestros cuerpos al moverse.
Empiezo a andar, intentando que las olas que van hacia la arena no me mojen mucho la ropa al impactar contra mi cuerpo en su camino a la orilla.
Piso con cuidado cuando de repente, en medio de la arena que está sumergida en el mar, hay un objeto puntiagudo, con el cuál me doy en pie y caigo hacia adelante; poniendo las manos delante de mi cuerpo para amortiguar mi caída.
Mi cuerpo queda sumergido en su mayoría, y la ropa que llevo se me adhiere desagradablemente a la piel.
Nico se me acerca riéndose por la escena que acabo de montar. Me tiende la mano para ayudarme a incorporarme, pero en vez de apoyarme en ella para ponerme en pie; tiro con todas mis fuerzas a Nico al agua.
Cae al lado mio, mojándose entero él también. Abre los ojos sorprendido y luego me mira a mi entrecerrando los ojos.
Oh oh.
Me incorporo como puedo, es decir, penosamente. Intento correr por el agua, pero la corriente marina y el hecho de mi pantalón largo esté rebosante de agua y pese como un muerto no ayudan.
Siento unas manos tirarme suavemente hacia atrás, y yo, con el mal equilibrio que tengo normalmente, añadido al hecho de tener la ropa mojada, caigo con estrépito al agua, de nuevo.
Observo a Nico retorcerse de la risa en el agua. Se ríe de mi, pero no me importa.
No es como en el colegio, él no lo hace para hacerme daño.
No se ríe de mi, se ríe conmigo.
Le sonrió con timidez y le salpico juguetonamente un poco de agua.
Una sonrisa se extiende lentamente por su rostro. Niega con la cabeza amenazador y se acerca muy lentamente, como un depredador acechando a su presa.
Retrocedo, chapoteando levemente al intentar huir de Él, quien se sigue acercando, ahora con una sonrisa traviesa la cara.
Finalmente me alcanza, aún demasiado lejos de la orilla, que esta desierta.
Me sonríe. Yo quedo deslumbrada por su sonrisa, hipnotizada, atontada. Y justo por eso, no soy capaz de apartarme cuando me salpica una gran cantidad de agua.
Le saco la lengua como una niña pequeña y hago un adorable puchero, a la vez que pongo ojitos se cordero, consciente de que estoy mojada y chorreando agua.
- Estás adorable cuando haces eso - comenta Él.
Mis mejillas se tornan rojas al instante y él se ríe. De nuevo.
Le salpico todo el agua que puedo, aprovechando que tiene la boca abierta riéndose.
Me mira traviesamente y seguidamente se abalanza sobre mí, tumbandome boca arriba en el mar, con su cuerpo encima del mío.
Alinea sus piernas con las mías y posiciona su rostro a la altura del mío, provocando así que sus pies queden unos centímetros mas abajo que los míos.
Pone cada mano a un lado de mí cabeza y se apoya en ellas para no aplastarme con su peso, a pesar de que no me molesta para nada.
Me mira a los ojos. Mi respiración se entrecorta, sumergiendome en sus profundos ojos negros. Esos ojos que tanto me gustan, que tantas cosas me provocan, que muchas cosas son capaces de hacerme sentir.
Nico acerca su rostro al mío y cierra los ojos, interrumpiendo así el contacto visual.
Yo también los cierro. Su cercanía me desorienta, me aturde de manera sin igual.
No me ha tocado si quiera y ya me cuesta respirar con normalidad. Él tiene un efecto demasiado perturbador sobre mí.
Noto en la cabeza las ondas que provocan sus brazos al tensarse, descendiendo lentamente, acercando su rostro al mío.
Se lo que va a pasar, y no lo pienso impedir.
Los collares de Nico se me clavan placenteramente en la piel del cuello y suspiro, esperando un beso que no llega.
Abro los ojos y el me sonríe. Se inclina hacia mí...
Y se ve interrumpido por una gran ola que nos pasa por encima a los dos, ahogándonos.
Nico me estrecha entre sus brazos y me incorpora, sacándome a la superficie a la vez que bufo y escupo agua.
Nos reímos juntos, sin preocuparnos la posible hipotermia que vamos a coger por estar sumergidos en el agua, sin importarnos nada.
En un momento dado, ambos paramos de reírnos, y Nico se incorpora, levantándome a mi en brazos.
- Ehh - grito pataleando.
- Shh - dice intentando no esbozar una sonrisa que finalmente aparece en su rostro - agárrate a mí.
Paso un brazo por su cuello y me acomodo en sus brazos.
Le observo; observo cada movimiento suyo, cada expresión, cada emoción que cruza su atractivo rostro.
Me pilla mirándolo y yo le sonrío tímidamente, bajando el rostro al tiempo que las mejillas se vuelven a poner rojas.
Empiezo a patalear divertida y veo como pone los ojos en blanco, exasperado.
- No tienes porque llevarme - le digo llena de remordimientos por que él me esté cargando.
Nico alza la barbilla obstinado y aprieta los labios hasta convertirlos en una fina línea.
- Puedo caminar sola ¿sabes? - le digo alzando una ceja.
- No, no puedes - insiste él reacio a soltarme.
- Nico... - digo exasperada.
- Ese es tu problema - suelta de repente - todas las chicas tienen problemas, y van corriendo a decírselos a sus novios, para que ellos les ayuden - no se a donde pretende ir a parar con esto - pero tú no, tú nunca tienes problemas, nunca buscas ayuda. No tienes porque hacerlo todo tú sola.
Me pregunto como sabe Él tanto, dado que solo le conozco desde hace unas horas, y recuerdo lo que me había dicho en el bosque al llegar: que llevaba observándome desde hacia cosa de un mes.
- No quiero molestarte - le contesto avergonzada.
- ¿No lo entiendes verdad? - replica riendo y mirándome con los ojos llenos de cariño - Tú nunca podrás hacer nada para molestarme.
Me quedo en silencio asimilando lo que me acaba de decir. Él, dándose cuenta de lo que ha revelado, se agacha y me pone las piernas con cuidado en el mar, pero yo no quito mis manos de su cuello, si no que giro y le miro a los ojos. Suelto mis brazos y los bajo por su espalda, para luego separarme de él, e indicarle con un gesto de cabeza que me siga. Sonríe y noto su presencia detrás mio.
- Si me caigo ¿me cogerás? - le pregunto.
- Por supuesto - me susurra con su aliento haciendome cosquillas en la nuca. - Ni lo dudes.
Este capitulo es demasiado cursi pero bueno...