Todos me miran, todos me juzgan, crean chismes y rumores; pero la gran mayoría tiene miedo, pero no de mí, de lo que puedo hacer.

- ¡Está loca!

- ¿Qué le pasa?

- ¿Por qué se comporta así?

- ¡Es un monstruo!

Todos a mí alrededor hablaban, yo podía escuchar cada una de sus palabras, mirar sus rostros llenos de miedo, sus cuerpos temblar. Pero lo peor no era eso, era la expresión de la chica como entre sollozos rogaba que no la lastimara, que no le hiciera daño, sus ojos reflejaban miedo, tal vez uno que nunca había sentido, este se juntaba con el frío de aquella arma blanca, podía escuchar su respiración; tal vez tenía la culpa pero no tenía por qué hacerle eso, no se lo merecía

Mis ojos estaban clavados en ella sacando toda la furia de mí, todo lo que alguna vez me había hecho, todos los chistes, todas las bromas, todo desapareció por un momento y debo de admitirlo se sentía bien. Todo rastró de bondad de mí desapareció por un momento, ya no sabía quién era y menos en lo que me estaba convirtiendo, tal vez tengan razón ¡Soy un monstruo!

Mis manos temblaron un poco pero pronto puede calmarlas, el coraje entró en mí y por un minuto pensé que lo haría, pensé que era capaz de tomar el cuchillo y hacerle un daño irreparable. La tenía acorralada, nadie se acercaba a ayudarla pues me tenían miedo, sabían que lo haría; raspé un poco su piel blanca e perfectamente humectada sin machas de ningún tipo; que lástima que se desperdiciara en una completa inútil.

Nadie comprendía que pasaba, menos yo, me estaba convirtiendo en algo que no controlaba, que pronto se saldría de control y que haría daño a más de uno, aunque en ese momento no importaba, se sentía bien, se sentía maravilloso poder ser temida por todos, que todos me tengan miedo en vez de lástima, que podía controlar la situación a mi antojo, porque yo sí lo haría, algo que creo que ninguno ni la rubia hueca que tenía en mi poder era capaz de hacer y yo sí, ¡Yo sí aplastaría el gatillo! Lo haría y creo que no tenía remordimiento. La chica aplicada, sobresaliente que había en mí, se fue, murió ese día, ese día en que las cosas cambiaron para bien o para mal.

- Tus últimas palabras - dije con un tono seco y cambiado completamente mi voz, sonreí ligeramente al verla sudar por el miedo - He dicho algo ¡Quiero que me respondas! - Las sostuve con más fuerza por el cabello mientras mantenía el arma más cerca su cara - Sabía que eras bruta pero no pensé que era para tanto ¡Quiero escucharte! Escuchar tus lamentos, quiero escuchar tus lamentos, ¡Pídeme perdón!

- Lo... lo lamento - dejó salir con un gran esfuerzo esas palabras, las lágrima empapaban su cara haciendo correr su maquillaje.

- ¡Más fuerte!

- ¡Lo lamento! - gritó con las últimas fuerzas que le quedaban

- Así me gusta - sonreí

- ¿Qué te han hecho? ¿En qué te has convertido? - su respiración era entrecortada

- No, te equivocas, ¿En qué me has convertido? ¿Qué me has hecho tú?

Por un minuto miré mi reflejo en la afilada hoja, esa era yo, una sicópata con la mirada llena de odio, no, no podía ser yo, quién creería que de la noche a la mañana esa inocente niña se convertiría en un monstruo, en una asesina; ya no tenía sentimientos, remordimiento, miedo, ni compasión.

Yo cambié ese día, me convertí en algo que no se podría llamar persona y no, no fue por decisión propia, no fue por propia voluntad, eso me estaba controlando, yo era un títere para él, solo era un juguete de pelea y con lo que sabía que me podía hacer sufrir.

¡Un juguete! Un maldito juguete, al que le decía que hacer y cómo actuar, tenían el control de todo lo que me pasaba y no puedo cambiarlo ¡No puedo! Porque... ese libro me arruinó la vida, ¡Fue el libro!

Pero las cosas no empezaron aquí, no se equivoquen, no siempre fui un monstruo, algún día fui una persona normal con una vida normal y todo tuvo que cambiar.

MI historia empieza, mejor dicho la historia del libro que contaba mi vida y al que yo llamo "EL LIBRO DE MI VIDA"


El Libro de mi vida¡Lee esta historia GRATIS!