Día XXX (Aunque mejor le quedaba al anterior... o no)

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Hola! Bueno, no sé si me tardé mucho o no, pero estaba metida en toda la movida de fin de año. Espero que todos hayan empezado muy bien el 2015 y de no ser así, recuerden que tienen más de trecientos días para ir mejorándolo. Les dejo un beso a todos, gracias por estar siempre del otro lado ^^

Capítulo XVII:

                                                             Día XXX

                                  (Aunque mejor le quedaba al anterior… o no)

En un día más nos marcharíamos de Puerto Rico, esto no me habría causado ningún tipo de ansiedad si tan sólo supiera hacia dónde iríamos. Pero no lo hacía.

Entonces, así estaban las cosas: luego de aquel fenomenal asalto contra la puerta (las cosas hay que llamarlas por su nombre), todo se tornó algo confuso para los dos. Por supuesto que no esperaba que él estuviese haciendo bromas o riendo con la situación que estaba viviendo, ni siquiera yo soy así de obtusa. Pero de ser posible, a mí parecer, Cameron se retrajo aún más en sus pensamientos. Nos fuimos esa noche a la cama en silencio y al amanecer él ya no estaba allí. El primer día se mantuvo pegado al teléfono tratando de obtener información de una reticente Grace, el segundo día apuntó sus cañones a Marc y no lo dejó en paz hasta que logró que viajara a la casa de su hermana, un día antes de lo previsto. Tanto Grace como Marc, le dijeron que la situación de su madre era estable y que no era necesario que regresara. Cameron parecía dividido entre la necesidad de correr y la de confiar en la palabra de dos personas muy importantes para él.

Tuve la oportunidad de cruzar unas palabras con Grace, ella me hizo prometer que lo obligaría a seguir adelante con su viaje. Estaba acongojada, sonaba como una niña dolida, pero de todos modos no quería recurrir a Cameron. La razón de que no lo hubiese llamado en el momento, era exactamente porque no quería fastidiar su viaje. Como ella había dicho: no seré la responsable de arruinar la primera cosa que hace por él mismo. Pero no es como si eso aplacara el heroísmo latente de Cameron, me daba la impresión que permaneciendo donde estábamos se sentía inútil. Aun cuando sería de poca utilidad para su madre de regreso en casa, es decir, él no era médico… ¿qué bien haría allí? Por supuesto que yo lo veía desde mi posición de hija no querida, lo cual tal vez no me proporcionaba una opinión muy imparcial; si alguien me telefoneaba diciendo que Paige había sufrido un paro cardíaco, muy probablemente comenzaría a hacer averiguaciones para las funerarias y quizá incluso tratando de desconectarla de lo que fuera estuviese manteniéndola en este mundo. Por cierto que aún le seguía buscando el botón de autodestrucción, porque sin duda Dios no la habría mandando a la tierra sin uno, ¿verdad?

Pero no, para mi desgracia y la de supongo muchas otras personas, por alguna razón totalmente inexplicable, los paros cardíacos, accidentes y apoplejías sólo le pasan a personas que no lo merecen. Y mientras yo me encontraba cruzando los dedos para que Paige muriera de forma repentina (si puede ser dolorosa, no me quejaré), no podía terminar de entender por qué Cameron quería correr a su casa a ver a su madre. Bueno, sí lo entendía pero al mismo tiempo una parte de mí decía “al demonio, hombre, te están diciendo que está bien”. Quería decírselo, quería tomarlo del rostro, forzar su mirada a enfrentar a la mía y que me escuchara decirle que no podía estar presente para todo el mundo todo el tiempo. A veces el mundo debe quedar en segundo plano, a veces tú tienes que ser el maldito mundo y el resto debe ser puesto en espera. ¿Por qué era tan difícil para él aceptar que lo demás seguiría su curso sin que lo supervisara?

                                                                 ***

Lo que aprendí de Cameron Brüner. (Bitácora 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora