El regreso de Blue

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Escuché por ahí que tenían ganas de leer otro cap... ¿qué? ¿No fueron ustedes? Uf... que situación más incómoda... en fin, tengo cap así que tendrán que tolerarlo xDDD Espero les guste, y espero que estén pasando un lindo fin de semana. Acá llueve sin parar, lo cual siempre hace cosas raras en mi cabeza XD

Capítulos III:

                                                   El regreso de Blue

Es demasiado pronto para un “resumiendo” ¿verdad? Aunque para ser honesta con ustedes, debo confesar que carezco por completo del don de la síntesis (como si no lo hubiesen notado ya). Algunos nacen para ir al punto y otros nacemos para dilatar el tema, hasta que el punto se vuelve algo tan abstracto que es difícil identificarlo. En fin, aun cuando fuera demasiado pronto me sentía con la obligación moral de saltarme los días más aburridos de hospital.

Como el parto fue por cesárea, Audrey tuvo que pasar algunos días ingresada para darle tiempo a su cuerpo a sanar un poco. Creo. La verdad es que no tengo mucha idea del tema, jamás fui de las que investigan mucho sobre los partos y mi limitado conocimiento de los bebés se extendía hasta Daniel. Por lo que estuvimos cuatro largos días yendo y viniendo del hospital, sonriéndole a los familiares de Audrey que llegaban, despidiendo a otros e intentando convencer a Clarisa que Marc era un hombre decente. Cuando vimos que eso último era inútil, nos dedicamos pura y exclusivamente a hacer la estadía de Audrey lo más amena posible.

Al regresar a su casa todos estábamos deseando la comodidad del hogar, y yo intenté por todos los medios, no convertirme en un incordio. Me gustaba ver a mi amiga interactuar con su nuevo hijo, el modo en que le hablaba y lo hacía responderle a hurtadillas cuando creía que nadie la observaba, la manera en que lo miraba reconociendo con velocidad cada una de sus quejas y esa forma tan única de calmarlo con el sonido de su voz. Audrey podría ser una mujer particular para cualquier observador externo, pero tenía metido a flor de piel el papel de madre y por extraño que sonase, para mí le sentaba perfecto. Y Marc compartía esa idea también.

Si bien había sacado varias conclusiones sobre ellos dos, los sentimientos de Marc aún representaban un misterio para mí. Cuando caí en la tentación de preguntarle por el beso, él se encogió de hombros dándome una de sus sonrisas inocentes. Lo hacía parecer como nada, como algo que uno hace porque tuvo la oportunidad. Aunque yo me negaba de plano a creer algo así de Marc, sólo no me cuadraba. Su comportamiento con los niños era impecable, todas las enfermeras estaban como locas con él y pensaban que era el padre más adorable de la sala. Pero en lo que respectaba a Audrey, él continuaba manteniendo esa cortés distancia que a veces me exasperaba.  

¿Es que acaso les costaba tanto admitir que se gustaban? Audrey le ladraba, él se reía y la ayudaba en lo que fuese, como si no escuchara sus críticas o regaños. Sólo seguía siendo el amable Marc, ese que en contadas ocasiones mordía el anzuelo y se enfrascaba en una querella absurda con la que no llegaban a nada.

Pues básicamente ese jueguito extraño continuó cuando el escenario se traslado a la casa, por lo que tras dos días de escucharlos reñirse sobre tonterías decidí coger mi carro y salir a pasear.

No tenía un destino, sólo necesitaba apartarme de la tensión sexual de esos dos e intentar enfriar mi cabeza. Tanta charla sobre bebés y futuros comenzaba a afectar mi racionalidad. Y por mucho que Marc y Audrey discutieran o se burlaran mutuamente del otro, se veía que ese era su modo de demostrarse interés. Cuando Marc tomaba a Daniel en brazos, Audrey se apagaba y entonces parecía que sólo fuesen Marc y Daniel en su lunático mundo. Y cuando Audrey se ponía toda sentimental porque el niño lloraba sin consuelo, Marc se enfundaba en su traje de bombero (no literalmente, diablos) y la calmaba diciéndole que el bebé podía sentir sus emociones; la ayudaba a pasar el pequeño trauma de madre que acaba de dar a luz y luego se miraban de ese modo. Ustedes saben a qué modo me refiero, ese modo en que se miran las personas que se quieren. Aun cuando esas personas sean lo suficientemente tozudas como para admitirlo.

Lo que aprendí de Cameron Brüner. (Bitácora 2)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora