Cap. 38 (Cap. 19/Penúltimo Temp. 2) Solución.

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The Ice Is Broken
Cap. 19 (Penúltimo capítulo).
*Narra ______*
Desengancho mis dedos del corazón de Damon y saco mi mano de su pecho. Éste suelta un ligero grito y se toca la herida con delicadeza.
Me tiro junto al cadáver de Thomas, y siento que mis lágrimas caen por mis mejillas. Una de éstas aterriza en su labio inferior, y acerco el pulgar para secarla.
Cuando le rozo el dedo en el labio, puedo sentir la calidez de su aliento.
-Thomas, por favor, di algo -le suplico, sollozando.
Siento como el soplo de aire fresco se junta hasta crear un sonido.
-Adiós.
Empiezo a llorar más fuertemente.
-Thomas -lo llamo, y no me responde-. Thomas. ¡Tommy! -aun no hay respuesta-. Lo lamento. Lo lamento -balbuceo-. No te vallas, por favor.
Siento el soplo de aire de nuevo, y pego mi oído a su boca, sintiendo el roce de sus labios.
-Sólo te quedan cinco.
Y se va.

Me levanto del frío suelo, desconcertada. No sé cuanto tengo aquí, pero Stefan y Klaus han desaparecido, al igual que el cadáver de Thomas. No hay manchas en el suelo, pero el recuerdo sigue demasiado... vívido.
Levanto la vista, y siento cómo la circulación regresa a mi mejilla.
Veo a Damon recargado en la pared de enfrente, viéndome.
No tengo el instinto de aniquilarlo, pero sí estoy enfadada. Más bien decepcionada.
-¿Y Thomas? -alcanzo a pronunciar por lo bajo-. ¿Cuánto llevo aquí? -mis palabras son casi indescifrables; no tengo la fuerza ni el ánimo suficiente como para articular algo más fuerte.
Damon levanta las cejas.
-Ya no está, ______. Hace cinco horas que se fue.
No comprendo. Lo sentí hace segundos.
-No, no es verdad. Estaba aquí hace... un par de minutos -le digo, bajando el tono.
-Se ha ido, ______. Acéptalo.
Ahora sí que me molesto.
-¡Damon! ¡Damon! ¿¡Porqué hiciste eso!? ¿Porqué... ?
Damon agacha el cuello.
Suspiro y me encamino hacia la salida. Damon me intenta decir algo, pero me voy aún así.
Proceso todo; cinco muertes gracias a mí. Seis muertes gracias a mí. Siete muertes gracias a mí... así hasta llegar al trece. Así hasta llegar a Thomas.
¿Qué he hecho? ¿Y planeaba más muertes?
Me siento mareada, y me doblo a medio bosque.
Alto... ¿desde cuándo estoy en el bosque?
Como sea, me caigo de rodillas junto a un árbol, y me acurruco a esperar que pase el tiempo.
Me desmayo.

-_______...
La voz femenina que me llama es suave y aterciopelada. Hace que me baje de la nube que estaba, y también que pueda sentir la desnutrición; no se hace cuánto no he comido.
Levanto mi mejilla de las hojas secas en las que caí.
-Ya era hora -trato de identificar la voz, pero estoy demasiado abrumada como para hacerlo-. Levántate.
Una mano me toma del brazo y, de un tirón, hace que me pare.
Casi me caigo, pero alcanzo a enganchar mis dedos en el tronco de un árbol.
Una cabellera rubia ilumina mi visión. Después identifico el cuerpo: algo desarrollado, viste unos vaqueros y una blusa demasiado linda sin mangas.
Caroline.
-¿Qué pasó? Llevas una semana desaparecida, amor -respondió, desinteresada-. Damon y los demás te han buscado como locos.
Frunzo el ceño, aún no estoy lista para volver a mi antigua vida.
-Caroline -la llamo.
Ella se sale de su distracción y me voltea a ver.
-¿Sí?
Sin pensarlo dos veces, la tomo de la cabeza y la giro. Ella cae en el suelo, con los ojos abiertos.
-Lo siento, la necesito más que tú -le digo mientras le paso por los hombros la blusa y le desabrocho el pantalón. Tengo algunas dificultades con los zapatos, así que también se los quité. Me quito la camiseta de Damon y la pongo encima del cuerpo de Caroline. La cubro con la camiseta que me quité y me voy del lugar.
En vez de caminar hacia mi casa, me voy a un motel. El lugar es pequeño y humilde, con un estilo ranchero. Entro en el vestíbulo, el cual es pequeño, humilde y antiguo, pero acomodado.
Me encamino al escritorio, que tiene detrás a un hombre encorvado, con la vista en un papel que sostiene en su mano izquierda, una pluma azul en la derecha y el tapón en la boca, entre los dientes superiores e inferiores.
-Una habitación, de preferencia con su propia sala, por favor -le digo mirando sus ojos cafés, que siguen clavados en el papel, por lo cual dudo en que la hipnosis haga efecto.
Carraspea y levanta la vista.
Se gira en el silla y se voltea hacia una computadora que tiene detrás y que parece de los años 90.
Vuelve a girarse conmigo y me sonríe fingidamente.
-Claro. 60 dólares la noche.
Frunzo el ceño.
-No, no se cobra. Soy Kelly. Recuerda; a Kelly no se cobra -le respondo mirándolo a los ojos, de nuevo, y negando con la cabeza, como si se tratara de un niño de tres años.
El empleado me da una llave color crema, con un llavero que dice "565".
-El motel es pequeño. Encontrará de inmediato su habitación. Disfrute su estancia, Kelly.
Sonrío y me voy por un pasillo. Está oscuro, y con la tenue luz de una bombilla que pasa cada cinco metros, se pueden apreciar las puertas con números.
555, 556, 557, 558, 559... 565.
Abro la puerta y logro apreciar lo que antes sería la moda del momento: una cama en la que caben cinco yo, con sábanas llenas de florecitas moradas y blancas, una televisión estilo 1999, un ropero viejísimo, y unas lámparas que cuelgan del techo, como candelabros.
Hay una gran cortina color tinta, que bloquea la entrada de la luz a la antigua habitación.
Me metí dentro de la habitación y cerré la puerta detrás mía, dejando todo oscuro.
Me saqué la blusa de Caroline y me quedé en pantalón y sostén. Camino hacia la cama y me acurruco entre las sábanas. Paso así lo que podrían ser segundos, minutos u horas, con la habitación en silencio. La primera lágrima se desliza sigilosamente hasta llegar a la almohada. Un nudo de depresión y tristeza por la pérdida de va creando en mi garganta, y se hace más grande cada segundo.
No puedo dormir por horas, pensando en que todo lo que le sucedió a Thomas fue mi culpa.
Al rato de pensar, tengo una solución en la mente: dormir y pensar mañana.

Colder than the iceDonde viven las historias. Descúbrelo ahora