Capítulo 10

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Todavía me resultaba difícil asimilarlo.

Realmente se había ido. Jen se había ido. 

Ni siquiera le había importado lo que dejaba aquí o lo que podía sentir al respecto. Solo... se había ido.

Ya habían pasado dos semanas y seguía sin responder a mis llamadas o a mis mensajes. Ni siquiera estaba muy seguro de por qué seguía insistiendo. Estaba claro que no iba a responder. 

Y tampoco tenía claro que quisiera que me respondiera. Cada vez que la llamaba, mi mayor temor era que respondiera una Jen que no podía reconocer diciéndome que me olvidara de una vez de ella.

Miré mi móvil. Estaba sobre la cama. Seguía sin iluminarse la pantalla por un mensaje suyo. 

No lo haría, ¿verdad? Por mucho que lo intentara, no lo haría.

Me pasé las manos por la cara. Esto era insoportable. Lo único que quería era una explicación. Un motivo. Algo que no hiciera que me preguntara una y otra vez qué coño había pasado para que quisiera irse de esa forma con otro.

No levanté la cabeza cuando la puerta de nuestra habitación se abrió. Escuché los pasos de Will acercándose a mí después de cerrarla de nuevo. Se detuvo a mi lado y se sentó en la cama, suspirando.

—Ross...

—Déjame en paz —murmuré, quitándome las manos de la cara—. Ya sé lo que quieres decir.

—Lo dudo. No lo sé ni yo.

Me dedicó media sonrisa, pero la borró en cuanto vio mi expresión.

—¿Sigue sin responder?

Esta vez casi me reí yo, pero no me apetecía reír. No me apetecía nada.

—¿Tú qué crees? —aparté la mirada—. Esto es una mierda.

—Lo sé.

—No, no lo sabes. Naya nunca se ha ido sin darte explicaciones, sin siquiera decirte qué ha pasado para poder olvidarse de ti tan... tan fácilmente...

Me detuve cuando me di cuenta de que estaba empezando a perder el control de la situación. Respiré hondo y Will me observó sin decir nada.

—Si solo supiera... al menos... —negué con la cabeza, con un nudo en la garganta—. Ni siquiera quiso decirme... ¿qué he hecho tan malo como para que alguien como el otro fuera mejor que yo?

—No es cuestión de que el otro fuera mejor —me aseguró Will en voz baja.

—¿Y tú qué sabes? Me dijo que había estado enamorada de él todo este tiempo. Todo. Este. Tiempo. ¿De verdad he estado tan ciego?

Will no me miró ni dijo nada. Tampoco necesitaba que lo hiciera. Ya sabía que había sido un imbécil sin necesidad de que lo confirmara.

—No me puedo creer que esto me haya pasado a mí —murmuré, con el nudo en la garganta aumentando—. Todos estos años riéndome de las películas en las que le rompían el corazón a alguien, pensando en cómo se puede ser tan idiota como para abrirse de esa forma a alguien que no te quiere... y ahora me lo han hecho a mí.

—Jenna sí te quería, Ross.

—¿Que me quería? —me puse de pie bruscamente—. No. No lo hacía. Ella misma lo dijo. Nunca he dicho que te quisiera. Y tenía razón. Nunca lo hizo. ¿Cuántas veces crees que se lo ha dicho al otro?

—Ross...

—Mi padre tenía razón —murmuré, mirando el armario jodidamente vacío y abierto—. Él me lo dijo mil veces. Dijo que algún día me dejaría. Es un manipulador de mierda, pero al menos se dio cuenta antes que todos los demás e intentó avisarme. Y no le hice caso.

Tres mesesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora