Capítulo 9

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—No me creo que estemos yendo a casa de mis padres —me dijo en voz baja.

No pude evitar sonreír al ver a la pequeña y temblorosa Jen apretujándome la mano con fuerza. ¿Por qué estaba tan nerviosa?

—Esto va a ser interesante —murmuré.

No dijo nada más en lo que quedaba de trayecto. Solo se mordía las uñas y se colocaba compulsivamente el mechón de pelo de siempre. Era divertido verla, la verdad.

Estábamos yendo a casa de sus padres para Navidad. Mis padres —había hecho una tregua con mi padre, por cierto—, mi abuela Agnes y Mike vendrían al día siguiente para que cenáramos todos juntos. Jen había querido presentarme por separado. 

Qué raro era todo eso de conocer a... bueno, la familia de otra persona. Realmente nunca había conocido a los padres de ninguna de mis parejas. No me había interesado demasiado. De hecho, más bien  me había aburrido solo la idea de tener que caerle bien a unos cuantos desconocidos solo porque eran la familia de mi novia.

Eso no me pasaba con Jen. Con ella... bueno, realmente quería no decepcionarla y caerle bien a toda su familia. Porque, si todo iba bien, iban a tener que aguantarme muuuucho tiempo como yerno. 

Si a Jen no le daba un infarto antes de que llegáramos a conocerlos, claro.

—¿No se supone que yo debería ser el nervioso? —pregunté cuando ella resopló, temblando.

Para mi sorpresa, me enganchó del brazo justo antes de cruzar la puerta de salidas. Por su cara de espanto, cualquiera habría dicho que iba a presentarme a unos asesinos en serie.

—¿Qué pasa? —pregunté.

—Antes de que vayamos ahí... tengo que advertirte de algo.

Creo que debería haber estado centrado en tomármela en serio, pero es que se había puesto mis pantalones favoritos y mi atención se desviaba continuamente.

—Muy bien, ¿qué pasa? —pregunté igualmente.

—Mi hermano mayor se cree que tiene la necesidad de espantar a cualquier chico que se me acerca porque se cree que eso le hace un mejor hermano.

¿Hermano mayor sobreprotector? Podría lidiar con ello.

—Vale.

—Mis otros dos hermanos son horribles, ¿vale? Son como dos monos peleándose por una banana.

—Jen, ¿qué...?

—Y mi hermana mayor va a interrogarte —me sujetó los hombros, mortalmente seria—. Va a empezar a bombardearte con preguntas hasta que respondas sin siquiera pensar.

—Vale...

—Por favor, no te creas que soy como ellos. Es decir, ellos están bien, pero... ya me entiendes.

Esta vez no pude ocultar la sonrisa divertida.

—No lo creeré.

—Y mi madre te va a empezar a acosar y achuchar. Es muy pesada. Como... MUY pesada. Pero... ¡no lo hace para molestar! Es su forma de ser, ¿sabes?

Ya podrías haber heredado un poco más de eso, mi querida Jen.

—Podré vivir con ello.

—Y quizá te haga muchas preguntas. Muchas. Se pone muy intensa cuando quiere.

—Jen...

—Y mi padre es muy...

—Jen —esta vez tuve que sujetarle la cara con una mano para cortarla—, relájate, ¿vale? Son tus padres, no los Addams.

Tres mesesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora