Capítulo 1

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Qué dolor de cabeza.

Me froté los ojos en cuanto me desperté, mirando a mi alrededor. Estaba en mi habitación. ¿Cómo demonios había llegado? Apenas recordaba nada de anoche. Solo una chica. Ah, sí... había llegado a casa con ella. Esperaba que ya se hubiera marchado.

Al mirar a mi izquierda, puse una mueca al ver que seguía en mi cama, durmiendo boca abajo. Mierda. Tenía que irse.

Me puse incorporé sin mucho cuidado y ella no tardó en despertarse al notar que me estaba moviendo por la habitación. Me subí unos pantalones de algodón y noté que me miraba, desnuda, sonriendo un poco mientras bostezaba.

—¿Ya te vistes? —preguntó, mirándome de arriba abajo con una sonrisa que dejaba claro lo que pensaba.

La miré fijamente unos segundos, intentando acordarme. ¿Cómo se llamaba?

—Sí, —murmuré al final, mirando la hora en mi móvil—. Tengo cosas que hacer.

No era cierto, pero ella no tenía por qué saberlo. Solo quería que se fuera para poder seguir durmiendo.

La chica —su nombre seguía siendo un misterio— dejó de sonreír.

—¿Eh?

—Tengo cosas que hacer —repetí—. Puedo llamar a un taxi, si quieres.

—Vinimos en mi coche —me recordó.

—Ah. Pues te acompañaré a la puerta.

Ella tardó unos segundos, pero al final se incorporó mirándome con aire confuso.

—¿No quieres echar un polvo mañanero o...?

—Odio las mañanas —enarqué una ceja.

Otra mentira. Pero mi cabeza estaba a punto de explotar.

—Como quieras —masculló, ofendida.

Vi que agarraba su ropa interior, su vestido y sus tacones y se los ponía sin prisa. Me dedicó unas cuantas miradas de soslayo, como si esperara que me lo pensara mejor. No iba a hacerlo. Odiaba compartir mi cama.

Cuando terminó, se estiró y me siguió por el pasillo. Will y Sue, mis dos compañeros de piso, estaban en el salón cuando llegamos. Hice un gesto a la chica hacia la puerta. No nos prestaron demasiada atención.

—Llámame esta noche —sonrió la chica, inclinándose para darme un beso en la mejilla.

—¿Tengo tu número?

La miré un momento. Escuché una risa ahogada y mal disimulada de Sue.

Ella, por su parte, me levantó la mano y vi que lo tenía ahí apuntado. Después de lo que pareció una eternidad, por fin se marchó. Suspiré, aliviado.

Resoplé y me dejé caer en uno de los sofás. Sue leía un libro mientras que Will parecía demasiado centrado en algo de su móvil como para hacer caso a mi mirada acusadora.

—Buenos días, ¿eh? —protesté—. Gracias por preguntarme cómo he dormido.

—Sabemos cómo dormiste —Sue me dedicó una mirada mordaz—. ¿Es que tienes un radar para detectar a las más ruidosas o qué?

—Me gustan ruidosas —la irrité—. Podrías decir buenos días, al menos.

—Son las doce —remarcó, mirándome de reojo.

—Pero acabo de despertarme, ¿no?

Ella optó por ignorarme.

—Oye —Will levantó la cabeza hacia mí—. Necesito que me hagas un favor.

Tres mesesDonde viven las historias. Descúbrelo ahora