Capítulo 62

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                                       { Julia }

-No puedes estar hablando en serio.

Mi padre esbozó una media sonrisa que, por unos instantes, le hizo parecer mucho más joven. Era esa sonrisa de: “Pobrecilla, se cree que tiene alguna oportunidad de hacerme cambiar de opinión”.

-Hablo totalmente en serio, hija. – Dijo, sin ningún tipo de entonación en la voz, como si dijese: “Vas a hacer lo que yo te digo, no merece la pena cabrearme contigo”.

Mi padre era la persona que más quería en el mundo, pero en momentos así me ponía de los nervios.

-¿Justamente hoy tengo que hacer de niñera? – Me quejé, con cierta desesperación. Sinceramente, en esos momentos prefería que me volviesen a poner los brakets y al mismo tiempo me sacasen las muelas del juicio antes que hacer de niñera.

-Para una vez que tus tíos vienen a Londres, creo que no te costará nada cuidar a tus primos. Además, a ti se te dan bien los niños y, de todas formas, no ibas a salir de casa.

Dando por zanjada la conversación, mi padre salió de su habitación y se dirigió al piso de abajo, para esperar la llegada de mis tíos. Genial. Mientras ellos tres se iban de turismo por Londres, me dejaban a mí en casa con mis primos, que eran unos diablos en versión mini.

<< Este es el sueño de cualquier adolescente para la tarde un sábado. ¿Fiestas, sexo, alcohol y rock & roll? ¡Moríos de envidia, adolescentes topicalizados dados a los excesos! ¡Voy a pasar una loca tarde de sábado cuidando a mis incontrolables primos pequeños! >>

Me quedé petrificada unos instantes, aún en la habitación de mi padre, intentando asumir la situación. De un momento a otro, los planes que tenía para aquella tarde se habían desmoronado sin apenas explicaciones, con un simple: “Tus tíos vienen a hacernos una inesperada visita. Se van a quedar el fin de semana. Esta tarde vas a tener que cuidar de tus primos”.

Me mordí el labio y reprimí mis casi irrefrenables ganas de darle una patada a la puerta. Aquello era muy injusto.

Al cabo de unos segundos, cuando decidí que podría ser capaz de volver a intentar rogar a mi padre, bajé las escaleras a trompicones, haciendo más ruido que un elefante en una cacharrería. Encontré a mi padre poniéndose la chaqueta y, desde fuera, me vino el ruido del motor de un coche al apagarse. Mis tíos habían llegado ya. Genial.

-Por favor, papá, yo… tenía planes. – Insistí.

-Puedes decirle a Niall que venga a casa. – Dijo, mirándome a través del reflejo del espejo, volviendo a esbozar una sonrisa.

Automáticamente, me puse roja como un tomate. No sabía cómo lo hacía, pero mi padre parecía un adivino. Muchas veces, antes de contarle las cosas, él siempre lo descubría. No estaba segura de si era porque tenía una cara muy expresiva o porque diecisiete años conviviendo juntos habían sido suficientes para que mi padre me conociese a la perfección, más que nadie en el mundo.

De esa forma, una vez más había descubierto lo que rondaba por mi mente. Y había acertado. Sí, Niall me había llamado para quedar aquel día. Oh, justamente ese día…

-No pongas esa cara, hija, ya sabes que no me puedes ocultar nada. – Su sonrisa triunfal se ensanchó aún más, iluminando su rostro.

-Creo que eres el primer padre que le dice a su hija: “Tráete a un chico a casa”. – Fruncí el ceño. – Eres una figura paterna muy cuestionable. – Bromeé.

Mi padre rió y se giró para encararme. Me puso una mano en el hombro y me miró de esa forma protectora que caracterizaba a los padres.

-Mira, Julia, no sé muy bien qué… se supone que sois ahora mismo… - Comenzó, azorado. Inevitablemente, yo también me sonrojé. Ambos aún nos sentíamos un poco incómodos hablando de este tipo de temas. Tal para cual…

A chance to be happy | n. h. |Donde viven las historias. Descúbrelo ahora